El teatro que nunca se vio de Fernán Gómez

Helena de Llanos y Manuel Barrera Benítez presentan un volumen que reúne por primera vez la obra para las tablas del artista como autor, e incluye tanto textos conocidos como varios inéditos e incluso desconocidos que, hasta ahora, permanecían guardados o en el olvido.

Helena de Llanos y Manuel Barrera Benítez presentan un volumen que reúne por primera vez la obra para las tablas del artista como autor, e incluye tanto textos conocidos como varios inéditos e incluso desconocidos que, hasta ahora, permanecían guardados o en el olvido.

Abrir el cajón personal de Fernando Fernán Gómez es lo más parecido a encontrarse de bruces con un gran universo artístico. Su genialidad y ocurrencia generaron una gran cantidad de obras en las que cada idea que convertía en palabras demostraba su fuerte personalidad y su incansable capacidad de creación. No fueron pocas sus aportaciones tanto al cine como al teatro, y, ahora, Helena de Llanos –nieta de Fernán Gómez y Emma Cohen, su pareja de pasión y de vida– presenta, junto a Manuel Barrera Benítez, aún más obras inéditas e, incluso, desconocidas. Así, «Teatro» (Galaxia Gutenberg) es un volumen que reúne por primera vez el teatro de Fernán Gómez como autor y que contiene, además de las obras dramáticas que publicó en vida, como «La coartada» o la célebre «Las bicicletas son para el verano», más de 20 textos que, o fueron llevados a escena permaneciendo inéditos, o, simplemente, no se conocían hasta ahora.

Todo comenzó, recuerda la nieta del artista, en 2007, cuando «encendí el último ordenador que usó mi abuelo con la misión de sacar todo lo que había allí». Entonces estaba con Cohen –falleció en 2016–, y juntas «encontramos un texto de 1938, del que ya había hallado el manuscrito», continúa De Llanos: «Era “El guiñol de Papá Dick”, una obra que en sus últimos años de vida estuvo reescribiendo sobre el original». Es decir, este texto, que comenzó a redactar Fernán Gómez con tan solo 17 años, lo recuperó al final de su vida con el fin de rescatar a aquel dramaturgo adolescente. Esto, sumado a un archivo ingente de «gran valor cultural, histórico y social», no hizo dudar lo más mínimo ni a ella ni a Barrera para crear una recopilación que reuniera todo un trabajo que, asegura Barrera, se trata de «su faceta quizá menos conocida».

Este trabajo de documentación y recopilación de tres años que ahora se publica en 1.104 páginas, pretende hacer comprender cómo trabajaba Fernán Gómez tanto a estudiosos como a lectores y seguidores. Escribe su nieta en el prólogo que, como escritor, «era espontáneo a la par que metódico», y añade que «a veces era capaz de suspender su trabajo, de no cumplir con la disciplina marcada, lo cual, según sus propias palabras, le producía un inmenso placer». Asimismo, para más ejemplos de su personalidad basada en contrastes y contradicciones, Barrera explica que «Fernando era un hombre pesimista, pero al final también tenía esperanzas: hablaba de la degradación de las costumbres de la sociedad de nuestros tiempos y, sin embargo, tenía una mirada amable, crcana y esperanzada sobre la vida».

Lucidez en la palabra

«Teatro» incluye su obra teatral con una interesante «disparidad de géneros, tonos y obras», indica Barrera. Así, con la ironía y el humor que el autor plasmaba en sus obras, así como también con su maestría en el manejo del lenguaje y su lúcido uso de la palabra, han salido a la luz por primera vez textos como «Relámpagos». Éste último, además, incluye cuatro textos inéditos y desconocidos: «Las grandes batallas navales», «Anuncios», «El lenguaje» y «Amor por metros cuadrados». Además, se recogen «El mundo de Arniches», escrito el mismo año de su muerte, y «Soldado». «Todo ello es un caldo de cultivo para quienes quieran investigar la obra de mi abuelo», resaltó De Llanos mientras mostraba, en la presentación del libro a la Prensa, una serie de imágenes, manuscritos y bocetos que se han incluido en la entrega. Ejemplo de ello es la primera página de «Pareja para la eternidad», «un texto manuscrito que contiene hasta una dedicatoria a su abuela», explica la también cineasta, «y que se representó pero nunca se llegó a publicar». Lo mismo ocurre con «Ojos de bosque» –también presente en el volumen–, que se estrenó en 1986 en la plaza de la Almudena de Madrid pero cuyo texto ha permanecido inédito hasta ahora, al igual que «Variaciones del Quijote».

Descubrir en sus libros

No sería adecuado hablar de la obra de Fernán Gómez y pasar por alto la figura de Cohen. «Era una pareja no solo amatoria, que también, sino muy profesional», recuerda su nieta. Tal era el equipo que formaban que en «La coartada», que se estrenó en el Centro Cultural de la Villa de Madrid en 1985 –diez años después de que el texto quedara como finalista en el Premio Lope de Vega–, «fue Cohen quien acabó produciendo la obra para subirla a escena». Esta es una prueba de la gran cantidad de actividades que realizaron en conjunto y que dieron como resultado, nada menos, una vida de conexión no solo en lo profesional, sino también en lo sentimental. Escribe De Llanos en el prólogo: «Cuando mi abuelo murió, le dije a Emma que me hubiera gustado hablar más con él, conocerlo más. “Lo tienes en sus libros”, fue su respuesta». Ahora, el lector que se acerque a este tomo también tendrá la oportunidad de descubrir a ese Fernán Gómez cómico pero pesimista, a ese escritor que volcó su pasión y su amor, ante todo, en la palabra.

«Fernán Gómez nos dejó un legado enorme en todos los ámbitos», herencia artística que se recoge en «Teatro» en numerosos textos y, como se ha mencionado, también en imágenes. Y es que en el pliego que cierra el volumen también se incluyen dibujos que el actor hizo con sus propias manos. Se trata de la obra «Los invasores de Palacio», que se estrenó en 2000 en el Arriaga de Bilbao, de la que se incluye «parte del “storyboard” dibujado a lápiz y ceras para la versión cinematográfica de este texto que nunca llegó a rodarse», explica De Llanos. Asimismo, contiene una serie de bocetos de «Morir cuerdo y vivir loco», el último espectáculo teatral de Fernán Gomez como director para cuya representación contó con Gabriel Carrascal como escenógrafo. Un conjunto de textos, garabatos y descubrimientos reunidos de tal manera que dan la sensación de que es el artista quien nos lo está contando a través del amor por el lenguaje que le caracterizó así como con aquella capacidad indiscutible que tenía –escribe Barrera en la introducción– de «hablar como si escribiera y escribir como si hablase».

Un boxeador «elegante» en el banco de un parque

El manuscrito de la primera página de «Pareja para la eternidad» contiene hasta una dedicatoria «a mi abuela, en cuyo constante envejecer aprendí la vida». En la hoja de la imagen bajo estas líneas, Fernando Fernán Gómez escribe la «Escena primera» de esta obra que se editó en 1948: «Lugar apartado y bonito de un parque. En un banco está sentado un boxeador, vestido con el escueto atuendo de sus peleas. Lleva calzados los guantes y suponemos que ya se ha despojado de la bata. Es alto, armoniosamente proporcionado, de músculos desarrollados y elegantes. Su piel tersa brilla a la luz de un sol agradable, de atardecida, y tiene tonalidades doradas. Su cabello, corto, es castaño y rizoso; luce en su pecho una revoltosa espumilla de vello, como la cabecita de un niño pequeño. Su cara no presenta características de brutalidad, la nariz no ha sido deformada y los ojos son claros y de mirada despierta». El dramaturgo continúa en las siguientes páginas describiendo la primera escena de esta obra que «Teatro» recoge ahora íntegramente.