Historia

El turismo de guerra de Joseph Kennedy en España

La John F. Kennedy Library da a conocer las hasta ahora inéditas imágenes que captó la cámara del hermano mayor del presidente de Estados Unidos en los primeros días de la posguerra en España

Antonio Garrigues y Pepín Bello posan sonrientes ante la cámara de Joseph Kennedy en el Alcázar de Toledo a los pocos días del final de la guerra
Antonio Garrigues y Pepín Bello posan sonrientes ante la cámara de Joseph Kennedy en el Alcázar de Toledo a los pocos días del final de la guerra

La John F. Kennedy Library da a conocer las hasta ahora inéditas imágenes que captó la cámara del hermano mayor del presidente de Estados Unidos en los primeros días de la posguerra en España, un viaje que se detuvo también en varias localidades de Francia.

Un día de 1939, cuando la Guerra Civil ya había llegado a su fin, José Bello Lasierra, más conocido como Pepín, el que fuera camarada de Buñuel, Lorca y Dalí en la Residencia de Estudiantes, recibió una llamada curiosa. Su amigo Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate tenía un invitado en casa que pensaba que le gustaría conocer al simpático Pepín. «Me dijo que estaba en su casa Joseph Kennedy, de la familia de los Kennedy, y nos fuimos de viaje al Escorial a pasar unos días», recordaría muchas décadas después este testigo de excepción a David Castillo y Marc Sardà. De esa visita de Joseph, el hermano mayor de John, Robert y Ted Kennedy, hasta ahora solamente teníamos algunos testimonios, pero ningún documento gráfico. Desde hace poco, la John F. Kennedy Library, en Boston, ha dado a conocer un conjunto de fotografías que documentan esa visita y que nos proporcionan nuevos datos sobre los pasos que dio Joseph, acompañado de su hermana Katheleen y Hugh Fraser, un amigo de la familia. El archivo que protege el legado de los Kennedy apunta que las imágenes fueron realizadas en España y el sur de Francia entre el 24 de julio y el 8 de agosto de 1939, aunque hay pruebas de que al menos Joseph habría llegado a Madrid poco antes del 1 de abril de ese año, cuando Franco dio por concluido el conflicto bélico. Pero para comprender ese viaje debemos saber antes algo más sobre quien lo protagonizó. Joseph Patrick Kennedy Jr. nació el 25 de julio de 1915 en Hull (Massachusetts), siendo el primero de los hijos del matrimonio formado por el rico banquero y productor de cine Joseph P. Kennedy Sr., un hombre con no pocas aspiraciones políticas, y Rose Fitzgerald Kennedy, hija de John Francis «Honey Fitz» Fitzgerald, alcalde de Boston. Fue el mayor de nueve hermanos y el primero destinado, por voluntad de sus padres, a alcanzar la Casa Blanca, algo para lo que fue educado desde su infancia. En 1939, el patriarca del clan era embajador de su país en Gran Bretaña y provocándole más de un dolor de cabeza al presidente Franklin D. Rooselvelt por sus teorías sobre cómo frenarle los pies a un Hitler que ya ambicionaba ocupar Europa sembrando el terror. Es en ese tiempo cuando Joe decidió ir a España para conocer de primera mano lo que estaba siendo el final de una guerra cruel y asesina. En un telegrama a su hermano John en Londres y de mediados de febrero le explicó: «SIENTO NO ESTAR A TU LLEGADA. BUEN VIAJE HASTA VALENCIA. SALGO ESTA NOCHE PARA MADRID».

En la capital de España, apunto de caer en manos de Franco, lo esperaba Antonio Garrigues, casado con una estadounidense y que había convertido su domicilio en una especie de embajada porque, como explicaría en sus memorias «Diálogo conmigo mismo», «ostentando en la puerta la bandera de la embajada americana y un certificado de la misma, que no decía otra cosa sino que la mitad de los muebles eran propiedad de un súbdito americano, pero que redactado en inglés era indescifrable para los milicianos». Fue en ese momento cuando Joseph Kennedy llamó a la puerta de Antonio Garrigues. Este último, mucho tiempo después, especulaba que Kennedy se presenté en su domicilio porque «mi mujer era el único ciudadano norteamericano que vivía en una ciudad como Madrid, que era una ciudad sitiada, de difícil acceso y penetración, abandonada por todos los extranjeros y especialmente por los americanos». Cabe señalar que este viaje a un país en guerra no hacía ninguna gracia al padre de los Kennedy. Tras saber de aquella excursión a España, Joe padre comentaría que «espero que no se meta en líos. Su madre va a sufrir cuando sepa que está en Madrid». Pese a todo, el patriarca hablaría del valor de su hijo viajando tan lejos definiéndolo como un «joven a la caza de crisis».

El joven Kennedy no viajaba solo. A su lado estaba su hermana Katheleen, llamada «Kick» en la familia. De su presencia sabemos gracias a las fotografías conservadas y que acaban de darse a conocer. Son un puñado de imágenes que nos permiten conocer algo más del paso de los Kennedy por aquí. Es muy difícil identificar los escenarios por los que pasan, pero uno de ellos es indudablemente el alcázar de Toledo o, mejor dicho, lo que queda de él en 1939. Hasta allí se trasladaron Joe y Katheleen acompañados de Antonio Garrigues y Pepín Bello, algo de lo que da cuenta una imagen hasta ahora desconocida con estos dos últimos como improvisados modelos. Ante la cámara de Joseph Patrick Kennedy Jr., Garrigues y Bello se nos aparecen sonrientes flanqueando la escultura de Leone Leoni llamada «El emperador Carlos V y el Furor», con las ruinas del alcázar como telón de fondo. En otra fotografía, probablemente realizada por Katheleen aparece Joe paseando por el mismo decorado bélico en compañía de Helen Anne Walker, esposa de Garrigues. ¿Qué le pareció Kennedy a Pepín Bello? En la citada entrevista, el incansable integrante de la Generación del 27 aseguraba que «eran gente muy simpática. Siempre estaban en medio de todos los grandes acontecimientos mundiales. Liberales, abiertos, con una visión moderna del mundo». En el álbum rescatado también podemos ver a Joe Kennedy en lo que parecen las afueras de Madrid, probablemente la ciudad universitaria, acompañado de una mujer vestida de falangista y del británico Hugh Fraser, un político inglés buen amigo del clan. A Fraser lo encontramos en otras instantáneas de esos días, vestido con elegancia y con gafas de sol, casi como si confundiera la estancia en España con unos días de soleado turismo. En otras fotografías, un personaje desconocido posa con una maleta sonriendo rodeado de soldados que miran con curiosidad el objetivo de Kennedy.

Como ir a un safari

Andrés Trapiello dice en «Las armas y las letras» que Ernest Hemingway vino a España durante la guerra como el que se iba a un safari. ¿Es parecido el caso de Joe Kennedy? Peter Collier y David Horowitz, biógrafos de la familia Kennedy, sospechan que Joe se metió en esos días en líos que podrían haberle costado la vida «más por deseo de aventura que por compromiso político». A los madrileños les sorprendía encontrarse en los días del final de la contienda con aquel extranjero vestido elegantemente con pantalones grises de franela y jersey de cuello en pico. Desde luego que no pasaba desapercibido con tal indumentaria y eso le provocó ser motivo de sospechas, tal y como rememoró Garrigues en sus memorias. En los últimos días previos a la caída de Madrid, quien luego sería embajador español en Estados Unidos estaba inmerso en varias acciones, en muchas ocasiones con el joven Kennedy como testigo de excepción. Fue en ese momento, en la desaparecida calle de la Ese, de la Castellana a Serrano, cuando el vehículo de Garrigues fue interceptado por un grupo de hombres armados que les cerró el paso. «Nos hizo bajar del coche, nos puso junto a la pared y nos pidió la documentación. Nosotros llevábamos, como es corriente en ese tipo de actividad, documentación de toda clase, y en ese caso les enseñamos la comunista porque vimos que uno de los milicianos llevaba en la mano “Mundo Obrero”». Pese a ello, el jefe del grupo empezó a desconfiar de aquellos detenidos. Garrigues temió que aquello acabara con todos detenidos o muertos. Sin embargo, hubo un milagro y este vino gracias a Kennedy, concretamente su pasaporte diplomático. «Les explicamos –Joe Kennedy no hablaba nada de español– la personalidad de nuestro acompañante, su condición de periodista norteamericano», escribió Garrigues. Finalmente les dejaron marchar. A su vuelta, Joe escribió sobre aquellos días de intrigas para la publicación «Atlantic» donde narraba que «la entrada de las tropas nacionales en Madrid fue espectacular. La ciudad estaba tomada de antemano por los simpatizantes franquistas clandestinos. Algunos circulaban audazmente en coche por las calles, haciendo flanquear la bandera española». Joe también se llevó con él un trozo de granada que aseguraba «me cayó en el abrigo cuando estaba en el tejado de la embajada».Esa vez tuvo suerte. No la tendría el 12 de agosto de 1944 cuando desapareció su avión durante una misión especial en la recta final de la Segunda Guerra Mundial. Su amor por el riesgo acabó costándole la vida.

JFK con la República

Antes del viaje de Joe, su hermano John trató de informarse por su cuenta de lo que ocurrió en España. En 1937, él y su amigo Lem Billings se entrevistaron con muchos de los refugiados que pasaban a la frontera francesa, especialmente en San Juan de Luz. «Nos impresionó bastante en ese momento», diría Lem tras saber de la represión de Franco. JFK nunca pasó la frontera.