En pijama desde el sofá de casa

Pablo Heras-Casado
Pablo Heras-Casado

El día 30 se convirtió en el primer español que dirigió a la Filarmónica de Viena. Fue en el Mozarteum de Salzburgo, dentro de la Semana Mozart.

Forma parte de los recuerdos de su infancia. Lo dice así de claro y se le viene a la boca ese acento de Granada tan de Pablo Heras-Casado. “Lo recuerdo más como un acontecimiento sentimental de un momentos concretos, muy bonito. De mañanas en las que te parabas delante de la tele en pijama, sentado en el sofá, tan tranquilo. De escucharlo mientras me hacía un café, de los días de Navidad. Lo veía a retazos, nunca me he sentado a verlo de principio a fin. Ha sido mi banda sonora del día 1 de enero, de muchos primeros de año en mi vida, como en las de cientos de miles de personas”, dice.

El día 30 se convirtió en el primer español que dirigió a la Filarmónica de Viena. Fue en el Mozarteum de Salzburgo, dentro de la Semana Mozart, directamente elegido por Nikolaus Harnoncourt, una leyenda de la dirección. Salió redondo. Quién se lo iba a decir, pero ya lo ha hecho. Su carrera crece día a día.

Con el Concierto de Año Nuevo “parece que el año ya estaba listo, que empezaba, que era el verdadero pistoletazo de salida. Tiene esa magia que parece imposible de explicar y cumple perfectamente su papel. Creo que es fantástico que se siga manteniendo esa tradición maravillosa”, añade. Y habla, con pasión de director de orquesta, de Viena, de sus profesores. “Pero si convoca a más gente que la Champions”, y se ríe.


Hace dos años dirigió en Berlín a la Staatskapelle en Año Nuevo. Una experiencia que no olvidará, sobre todo porque fue Baremboim, su amigo Daniel, quien le señaló con el dedo para sustituirle en un podido que él había ocupado muchos años pero en el que no podía estar precisamente por dirigir en el Musikverein vienés. “Cuánto se lo agradecí. Yo estaba ocupando su lugar. Lo disfruté. Esa mañan estaba solo y desayuné mientras miraba la televisión. En soledad”. Le encantó cómo lo hizo Barenboim, alejado de cualquier tipo de rutina, “con un programa tan creativo e inteligente, me pareció impresionante su implicación y aprendí una cosa: cómo de un paquete que ya está cerrado y envuelto se puede volver a hacer nacer arte. Se veía que él estaba por y para la música, mucho más allá del espectáculo mediático”, comenta.

Heras-Casado está ahora en lo alto del podio. Dirige sin batuta, no la necesita. ¿Ha soñado con estar en Viena? “No, pero si algún día lo hago estaré encantado. Sería un orgullo formar parte de esta lista de grandes maestros y de un acontecimiento de alcance mundial, aunque hoy no es una prioridad para mí. Si llega, estupendo”.