Esta exposición quiere que salgamos a jugar

La agencia Magnum y la Fundación Telefónica presentan una muestra que ofrece el lado más desconocido y lúdico de la agencia de fotografía más famosa del mundo.

Una de las múltiples opciones de juego que se muestran en la exposición, de más de 200 imágenes
Una de las múltiples opciones de juego que se muestran en la exposición, de más de 200 imágenes

La agencia Magnum y la Fundación Telefónica presentan una muestra que ofrece el lado más desconocido y lúdico de la agencia de fotografía más famosa del mundo.

A la agencia de fotografía Magnum se la conoce por imágenes de la guerra, del hambre, del horror cometido por el hombre contra el hombre. No en vano fue fundada hace 70 años por el primer fotoperiodista de la historia, Robert Capa, y los también como él reporteros de guerra David Seymour, Henri Cartier-Bresson, George Rodger. También es un club al que no pertenece cualquiera, en el que se ingresa tras el escrutinio de los pares del aspirante, es decir, otros fotógrafos. Solo 92 personas en siete décadas han sido parte de la agencia Magnum por reunir una serie de cualidades infrecuentes. Por eso, en el imaginario colectivo, quizá las palabras que vienen a la mente al pensar en ella son seriedad, historia, arte y sus respectivos campos semánticos. Para romper con esta percepción, la Fundación Telefónica de Madrid alberga la exposición «Players», co-comisariada por Martin Parr (ilustre miembro de Magnum) y Cristina de Middel (española aspirante a ingresar en tan selecto club) y que ofrece de los millones de negativos de la colección los más juguetones.

Polisemia «play»

Lo primero a tener en cuenta es que, entre los millones de piezas de archivo de Magnum «no hay ni una sola foto floja o mala», según comentaba De Middel en la presentación a la Prensa. Lo segundo es que el tema de las imágenes, no por no contener latrocinios dejan de ser relevantes. «Hay otros aspectos de la realidad que vale la pena documentar», añadió sobre una muestra cuya disposición apuesta por confundir al público. «Es una invitación al juego y al diálogo, y nuestra intención es que el espectador se pierda».

En las imágenes seleccionadas puede verse todo un universo de acepciones de la palabra «play» en inglés, entre las que están jugar y tocar un instrumento musical, por ejemplo. Pero que en la realidad se adaptan a muchas situaciones. Tales como ser un jugón, poner cara de pillín o de sinvergüenza. Derrapar en la carretera, disfrutar como un niño en la nieve, vacilar ante el espejo, revolcarse en el barro detrás de un balón ovalado, tocar la trompeta con el alma, luchar con una espada láser imaginaria, acompañar a tu madre a la compra con un balón, salir de farra con tus amigos, ir a tu clase de «crossfit» o al partido de baloncesto de los martes por la noche. Hacerle el juego del escondite a tu pareja, o bailar un claqué en un paso de cebra. Hacerse el muerto en el río, posturas ante un escaparate o un bailando bajo la lluvia. Jugar al «Pokemon Go» (si es que sigue existiendo), al mus o al ajedrez en el parque. Deslizarse por un tobogán larguísimo o arrodillarse con un camión de juguete. Salir de fiesta con tu pandilla de Coney Island. De casi todo lo anterior hay una muestra en la exposición, que ahonda en la faceta lúdica y desenfadada del mundo, una reflexión también sobre el espacio público. «El concepto es volver a las motivaciones de los fotógrafos. Al divertimento, a explorar ese primer impulso que habitualmente más tarde pierdes. Pero hay que recuperarlo. Uno empieza a hacer fotos para divertirse», comentó De Middel

Así, pues, reconocidos fotógrafos de la agencia como Elliot Erwitt, Jim Goldberg o Susan Meiselas vuelven a sus orígenes. También Guy Le Querrec, la española Cristina García Rodero, Alex Webb, Bruce Davidson o Thomas Dworzak se zambullen en el mundo de la noche, el jazz o las diversas maneras de jugar, una especie de «perspectiva amable» que escapa a los debates que atenazan permanentemente a la fotografía como técnica. «hay algo intrínseco a ella. Existe una discusión permanente en torno a lo artístico y lo periodístico. En la agencia nunca hemos privilegiado una cosa sobre la otra: lo importante siempre ha sido tener una mirada propia, poseer una forma de ver el mundo. Para nosotros la frontera es la individualidad, no pertenecer a uno de los dos extremos», señalaba Martin Parr, miembro de Magnum desde 1994. Preguntado por la frontera de las nuevas tecnologías que transforman cualquier teléfono en cámara, Parr descartó que eso pueda suponer una amenaza para la fotografía. «Ha habido un enorme aumento del interés debido a esa circunstancia y eso es bueno. En nuestro caso, se han aumentado exponencialmente las consultas y la curiosidad por nuestro archivo. Otra cosa es que el mercado editorial de la fotografía ha desaparecido. Pero nosotros impartimos más talleres educativos y seminarios que nunca y eso solo puede ser positivo», comentó el británico.