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Jörg Immendorff, ¿cómo ser un artista

El Museo Reina Sofía acoge la primera retrospectiva del artista alemán, uno de los grandes pintores de finales del siglo pasado

El Museo Reina Sofía acoge la primera retrospectiva del artista alemán, uno de los grandes pintores de las décadas de los 70, 80 y 90, una figura poderosa y de desbordante creatividad

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Jörg Immendorf (1945- 2007) trató durante su carrera de responder a unas cuantas preguntas trascendentes. Tanto, que no lo logró satisfactoriamente para ninguna de ellas. Muy comprometido con su época y con el destino de su país, Immendorf se preguntó Alemania en la etapa de pre-reunificación, y finalmente por el sentido de la pintura. Se esforzó, sin conseguirlo, por averiguar cómo se podía ser artista. Aunque, al final de su vida, aquejado de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), incapacitado para pintar por sí mismo, puede que llegara a alguna conclusión acerca de la esencia de su oficio. Antes de eso, Immendorff pintó una serie de trabajos impresionantes que pueden verse en el Museo Reina Sofía, que acoge la primera retrospectiva de su obra en España.

La historia de Immendorff es la de un hombre comprometido con la política y de planteamientos artísticos radicales. Su primera preocupación fue la de acercar el arte a la gente. De la combinación de la crítica política y la accesibilidad nacen las piezas en las que representa a bebés gordos y mofletudos y algunos trabajos de estética infantil realizados en tiza sobre pizarra oscura, todos con una lectura más profunda. En los años 60, el pintor estudiaba en la academia de arte de Düsseldorf, donde estableció un vínculo muy estrecho con Joseph Beuys. “Trata de llegar a la gente, de pintar interesándose en lo popular. Se aleja del expresionismo abstracto y del arte pop porque piensa que son parte del discurso hegemónico”, explicaba Manuel Borja Villel, director del Reina Sofía, que consideró que hay un vínculo de “extrañamiento y distanciamiento” de la realidad que lo conecta con Bertolt Brecht.

Sin embargo, debido la radicalización de su estética, que incluyó alguna performance por la que fue arrestado delante del Parlamento, y también de sus ideas políticas, en torno al comunismo maoísta, Immendorf será expulsado de la academia. La década de los 70 será la de su compromiso político alineándose con el pueblo vietnamita, y también denunciará la privación de la libertad individual en la RDA hasta que en los 80 comienza su preocupación por la división de Alemania. De esta época son algunas de sus mejores piezas, en particular, la espectacular serie de “Cafe Deutschland” en las que representa de forma crítica la situación alemana en la posguerra, ejemplificada en una obra en la que aparece una esvástica entre las garras del águila de la Alemania Federal.

Sin embargo, en este momento, también en la serie de “Café de Flore”, su estilo se vuelve más libre y más poderoso pero sigue retratando su época y todas sus reverberaciones, como describió Borja Villel. Para el comisario de la exposición, Ulrich Wilmes, “siempre fue una persona política y social. En los 60, protestaba porque parte de la antigua jerarquía nazi seguía teniendo puestos de responsabilidad en Alemania, y hubo protestas estudiantiles por ello. E Immendorff fue una persona controvertida en la escena artística y en la sociedad porque las narrativas que subyacen a su trabajo estaban relacionadas con lo que sucede a su alrededor, las calles y la política, aunque a lo largo de su vida irá cambiando a una reflexión más existencialista”. Pasó, en palabras de Wilmes, pasó “de ser parte de alguno de 35 grupos comunistas que había en cada universidad en Alemania y que se tomaban muy en serio a sí mismos”, a ocuparse de una reflexión sobre en qué consiste ser artista y en particular en qué consiste ser pintor, que es lo que terminará preocupándole al final de su vida.

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Algunas de las cosas que le ayudaron a cambiar de idea a Immendorff llegaron por la experiencia. Cuando nadie creía que la reunificación alemana fuera posible, él estaba convencido de que el arte es una manera de “superar la separación entre países y personas”. En una época en la que era un convencido comunista, Immendorff fue a visitar a su colega el artista A.R. Penck a Dresde en el momento en que comienza a haber protestas por las condiciones de vida. “La ironía es que Immendorff, que no vive en el lado comunista, va allí a convencerle a Penck, que sí vive allí, de las bondades del sistema”, explicaba el comisario de la exposición.

Sin embargo, en 1997 le fue diagnosticada una devastadora Esclerosis Lateral Amiotrófica que le va impidiendo pintar. Primero aprendió a pintar con la derecha (él era zurdo) pero al cabo de poco tiempo tuvo que confiar en los “pinceles vivos” de sus colaboradores para ejecutar sus ideas hasta que comenzó a utilizar el ordenador para realizar unos diseños en “collage”. Los temas de su obra se van reduciendo hasta centrarse en sí mismo. Entonces fue cuando se centró en temas como la fugacidad y la alterabilidad.

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