Guirao, el ministro que vende tiempo

Patrono de la Fundación El Instante, que acaba de poner en marcha la primera subasta para compartir minutos con una personalidad, ayer prometió su cargo y ya tiene en la agenda reunirse poco a poco con todos los sectores de la Cultura

Màxim Huerta (izda.) completó el traspaso de la cartera ministerial con el regalo de «Paraíso inhabitado», de Ana María Matute, a José Guirao / Javier Fdez. Largo
Màxim Huerta (izda.) completó el traspaso de la cartera ministerial con el regalo de «Paraíso inhabitado», de Ana María Matute, a José Guirao / Javier Fdez. Largo

Patrono de la Fundación El Instante, que acaba de poner en marcha la primera subasta para compartir minutos con una personalidad, ayer prometió su cargo y ya tiene en la agenda reunirse poco a poco con todos los sectores de la Cultura.

Un lienzo inmenso le cubría ayer la espalda a José Guirao en la sala de Columnas del Ministerio de Cultura. Era el «Paisaje» de Juan Navarro Baldeweg de 1993. Siempre rodeado de arte, de vanguardia, un terreno en el que sabe moverse. La propuesta para que se convirtiera en ministro de Cultura en sustitución de Màxim Huerta, que ha durado apenas seis días en el cargo, le pilló de sorpresa y reaccionó con un «sí». El mundo de la cultura, nada más conocerlo, se lo agradeció. De manera unánime. Quién le iba a decir a Guirao Cabrera, nacido en Pulpí (Almería), que después de subastar tiempo (es uno de los tres patronos de la Fundación El Instante) iba a coger una cartera ministerial. El proyecto de vender tiempo le llevó a Oliva Arauna, una de las grandes mujeres del mundo del arte, durante un año y medio de preparación. Y conseguir tener a Guirao en sus filas significaba «contar con quien mejor lo iba a hacer. Tiene tablas, conoce el medio y nos conoce a todos. El recibimiento ha sido fantástico», comenta con orgullo mientras sus nietos se desgañitan jugando.

Le avala una interesante carrera, completa y sólida, y su paso por el Museo Reina Sofía ha sido definitivo para que no solamente desde mundo del arte, sino desde casi todos los segmentos, aunque reticencias también las hay, se haya alabado el paso dado por Pedro Sánchez. Muy cerca de la tribuna, Carmen Alborch, la ministra que le trajo a Madrid y le confió el buque insignia que un día fue un hospital maldito; César Antonio Molina, que también ocupó la cartera de Cultura, y el actual director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, que voló desde Alemania de madrugada para no perderse la toma de posesión «porque Guirao es un hombre de la casa».

Conoce el terreno que pisa, por eso se felicitó también otro ex director de la casa, Juan Manuel Bonet, al frente ahora del Instituto Cervantes, y dijo que su llegada «es una buena noticia para el mundo de la cultura». Desde el Museo del Prado, Miguel Falomir también se mostró satisfecho. Y no faltó tampoco Daniel Bianco, al frente del Teatro de la Zarzuela, a pesar de que abajo, a la entrada del Ministerio, le estuvieran esperando al nuevo y recién estrenado ministro las protestas de una fusión que ha soliviantado los ánimos de la lírica. A ellos tendrá que escuchar. Y tratar el tema de la bajada del IVA cultural, ponerlo sobre la mesa para que se reduzca de una vez. Y atender, dice, a las enseñanzas humanitarias. Punto a su favor para quien estudió Filología Hispánica en la rama de Literatura Española. En lontananza está el bicentenario del Prado, la prórroga (o el arreglo definitivo) de la cesión de la colección Carmen Thyssen, la Ley de Mecenazgo, el Estatuto del Artista... Y los deportes. Una lástima que le haya pillado a contrapié el nombramiento y no pueda poner rumbo a Sochi, en Rusia, para apoyar a la Selección Española. No llega por tiempo (qué paradoja para él, que lo subasta).

Cuadrar la agenda

Aunque aún tiene tiempo para cuadrar la agenda. Entre sus prioridades quedan «las cosas que siempre han dado resultados», dijo ayer durante sus primeras palabras en el cargo –escoltado por las ministras de Hacienda, María Jesús Montero, y Educación, Isabel Celaá, menudo gesto el del ministro reunirlas–: «Trabajar, trabajar y trabajar». Sin olvidarse de «la prudencia y la valentía». Pero Guirao entiende la cultura como el total de dos vertientes, «aparte de las esencias de nuestra historia». Una, «la identidad, importante siempre que no la manoseemos mucho y seamos respetuosos con todo»; y, luego, «porque genera dinero, evolución, industria e investigación. Forma una gran parte del PIB del turismo por el patrimonio histórico de ciudades como Madrid, Córdoba, Granada o Sevilla, que, sin costa, tienen museos, centros de arte contemporáneo, teatros, gastronomía...», continuaba.

A pesar de haberse dado a conocer en el arte contemporáneo y la innovación, es un hombre que se define como «un poco de la vieja guardia», pero «también soy de los que creen que la cultura se forma por estratos. Vamos sumando y sobre las cenizas no se construye nada sólido». Momento que aprovechó el nuevo ministro para señalar a las Humanidades: «La Historia, la Filosofía, el Latín, el Griego...», enumeró a la vez que pidió que nadie se asustara ante lo dicho por inusual. Porque según Guirao son territorios «importantes para generar gente con formación y conciencia». Personas «de peso» que no sucumban ante las nuevas tecnologías, «también fundamentales hoy. Pero es que la tecnología sin alma ni corazón nos puede llevar a lugares que no queremos. Creo en el equilibrio y en mantener la cultura con los pies bien asentados en la tierra». Llega al frente del Ministerio un José Guirao heredero de las preguntas de antaño. Las mismas que se hacían los griegos y que todavía hoy «estamos intentado responder. Muchas de ellas procedentes ya de los persas, de la India, de China o Dios sabe de dónde».

Pero no todo es cultura en la nueva cartera y el ministro lo sabe. La otra mitad es el deporte y por eso el que fuera director del Reina Sofía pide paciencia hasta que se sitúe. Al menos, «durante un rato, una semana, no más». Un deporte español que sirve de ejemplo en las élites y la alta competición, «como la unión que se logró cuando la Roja ganó el Mundial»; también a un nivel más «amateur», «el que yo practico», confesaba Guirao. El de la gente que sale a correr o a andar, el de los ejercicios de los mayores, el que se hace en el parque... Sin embargo, quiso resaltar «el de las personas con discapacidad, un doble reto y un esfuerzo de integración».

Se cierra así una semana muy larga en el Ministerio que, sobre todo, ha logrado consenso uniendo a los pesos pesados que acompañaron a Guirao durante su puesta de largo en el Salón de Columnas de la plaza del Rey, diminuto para la expectación surgida. El mismo consenso que destacó de los cuatro grupos parlamentarios –también presentes en el acto–, unidos en el Estatuto del Artista que llevan preparando desde hace un año y que ya ve la luz final.