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¿Hablaremos español con acento Siri?

Los móviles nos hablan y los robots ya nos contestan. Hoy arranca el XVI Congreso de la ASALE con una tarea pendiente: el desafío que supone para nuestro idioma las tecnologías. Darío Villanueva, ex director de la RAE, y Mario Tascón, presidente de Fundeu, aportan las claves para comprender la inmensidad de este reto

El lenguaje ya no es una característica única de los hombres. También pertenece a las máquinas. Y la comunicación ha dejado de ser un atributo que permanecía restringido a los idiomas. Ahora las palabras convivirán con las imágenes, los vídeos y los emoticonos. Es el futuro, que antes parecía un argumento para las novelas de anticipación y hoy forma parte de nuestras vidas. Los móviles nos hablan, los contestadores nos responden y los robots interactúan con nosotros. ¿Cuáles son las consecuencias para el español de esta revolución? Este es el tema más relevante que se tratará en el XVI Congreso de la ASALE que hoy se inaugura en Sevilla y que durará hasta el próximo viernes. Nuestra lengua se enfrenta ahora a un reto de extraordinaria envergadura que requerirá el esfuerzo de las empresas privadas y la implicación de los gobiernos. Darío Villanueva, ex director de la Real Academia Española, aporta algunas de las claves y trata de ser optimista. «Las grandes tecnológicas que dominan la red son norteamericanas, aunque exista un crecimiento claro en China. Pero esas compañías se han dado cuenta del valor del español y son receptivas. No actúan como un instrumento de imposición del inglés. En esa pluralidad lingüística, el español sale ganando». Darío Villanueva reconoce los riesgos y apunta uno que le preocupa: «Las máquinas van a poseer un cierto grado de autonomía y uno de los peligros es que esa autonomía conduzca a la dispersión y destrucción de nuestro idioma. Las personas, que somos quienes las construimos, debemos ser conscientes de la importancia de la unidad y dotar a la tecnología de los elementos apropiados. No olvidemos “2001: una odisea en el espacio”: el ordenador se revela y toma decisiones por su cuenta. Esto sería grave y es lo que hay que evitar». Para Mario Tascón, presidente de Fundeu, no existe una sola amenaza, sino varias: «Lo primero es que el idioma circule con sus caracteres. Ya tuvimos problemas con eso. Solo hay que recordar cómo se luchó para que la “ñ” entrara en los dispositivos. Pero también para que tengan entrada todas las frases y palabras y hasta conceptos que van incorporados en una expresión. A la dificultad de las máquinas para escucharnos, comprender lo que decimos, reconocer las voces y los textos, se suma que también deben saber interpretar nuestros sentimientos o la intención que a veces damos al idioma. Eso debe estar en la comunicación más básica entre hombre y máquina para entendernos».

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¿Tono humano o de robot?

Otra de las preocupaciones son los acentos con los que se hablará el español. Los niños de 5a 8 están más de dos horas delante de las pantallas y los de 9 a 14 años, una media de tres. ¿Cómo influirá la voz de los dispositivos en el momento de hablar una lengua? Por ejemplo, las voces de los móviles, como Siri. Para Mario Tascón, el asunto esencial es el tono: «Es algo nuevo. Y excede lo lingüístico. Con la voz artificial tenemos una dificultad añadida: cómo se expresa esa voz, en qué tono, si debe ser la de un hombre, de una mujer o si tiene que ser amable». Mario Tascón avanza que «se están desarrollando voces neutrales y es imposible reconocer a qué género pertenecen». Y subraya un detalle: «Es un asunto que va más allá de una expresión correcta o adecuada o inteligente a la hora de contestar. La problemática está en la voz, que tiene que ver con la personalidad, aunque sea sintética, para que funcione bien. Pero si funcionara correctamente aparecería otra disyuntiva: hay quien asegura que debemos saber distinguir las voces humanas de las sintéticas. O, al menos, si es muy humana, se debería señalar». Uno de los ejemplos a los que acude fue una demostración que hizo Google. Un sistema de voz llamó a un restaurante para reservar mesa. La máquina desarrolló una conversación razonando y el dependiente que atendió no se dio cuenta en ningún momento de que hablaba con un programa. «Saltó la polémica y cada vez se critica más». Uno de los temas será cómo influirá ésto en el aprendizaje y la pronunciación de un idioma.

Villanueva es optimista respecto a los años venideros. Incluso con internet, donde el español parece estar en desventaja. «El español está bien situado. Está entre la segunda y la tercera lengua. Está llamada a crecer. No hemos llegado a tope de inter-nautas. Hay todavía un amplio margen de crecimiento por los países americanos. Hay que tener en cuenta que es la segunda lengua extranjera más estudiada del mundo. Los datos son positivos». Darío Villanueva aporta otra idea a su declaración: «El panorama todavía está abierto por el crecimiento demográfico y social de los hispanohablantes, por el interés que despierta el español en la población y las multinacionales».

Por su parte, Mario Tascón incide en otro punto de interés: el español escrito. «Falta modernizarse en la parte lingüística del software. Cuando la tecnología atiende en otros idiomas, como el inglés, va más rápida que con el nuestro. Esto tiene su reflejo al escribir en Word. Ni este programa ni Google contemplan todas nuestras palabras. Se calcula que del actual Diccionario de la Real Academia Española falta todavía un diez por ciento por incluir. Eso hace que existan palabras que aparezcan como error en Google y los correctores de texto cuando no lo son. Simplemente no están incorporadas. Hay que incluir el corpus entero de nuestro léxico y esa es una tarea que sobrepasa a la RAE. Es un asunto de todas las Academias».

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Las palabras de la IA

Y es que el vocabulario es otro de los caballos de batalla. Para Tascón no es suficiente con introducir los vocablos actuales. Hay que ir más lejos. Hay que «meter» también las del Diccionario Panhispánico para que se recojan todas las variantes posibles, que es, justamente, una de las fuentes de riqueza de nuestra lengua respecto al inglés. «La inteligencia artificial necesita un contexto, no solo para acercarse al presente, sino para entender el pasado, sobre todo porque es necesario para analizar. El DRAE, a las máquinas solamente les sirve para lo que sucede hoy. La última edición de la DRAE es heredero de un diccionario físico donde ya no están las palabras que no se usan. Este deslizamiento semántico no lo tienen las tecnologías. El diccionario mejorado no les sirve. Necesitan también los anteriores para poder estar completas».

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Tascón alude a una preocupación que explica con un ejemplo claro:«Una gran parte de la publicación de escritos, memorias y nuevos productos se produce en inglés, además, por supuesto, de la comunicación científica, que incluya la que se produce en nuestro país. Esto tiene una traducción clara en una herramienta tan común y extendida como Wikipedia: los contenidos en español, en relación con el número de hablantes que tiene, son muy bajos. Y más si estos se comparan con el inglés. La diferencia estriba en el desarrollo de la inteligencia artificial. Todos los avances en este campo se están llevando a cabo, en primer lugar, en la órbita anglosajona, en segundo lugar, en China, y en tercero, en la Unión Europea, pero con el batiburrillo de idiomas que tenemos aquí... eso influye. En esta cuestión no creo que estemos en una buena posición».

La preocupación por el futuro del español en el entorno de la tecnología está extendido. Quizá por eso mismo se presenta el próximo viernes un plan conjunto de la RAE, las academias asociadas y Telefónica. Es un intento de adelantar varios pasos en una carrera en la que aún estamos detrás de otras lenguas. Los expertos coinciden en que «este es uno de los desafíos más importantes que se le ha presentado al país y que todavía tiene por delante». Mario Tascón, en concreto, percibe este tema «con mucha inquietud» porque parece que los «gobiernos en el asunto de la inteligencia artificial únicamente piensan que hay que subirse al carro de la UE y poco más, pero si aquí no hay políticas públicas y activas... de momento falta sensibilidad». Para él los gestos de la administración en este sentido sobresalen por su ausencia. En la raíz de la cuestión radica que las empresas privadas, si depende exclusivamente de ellas, no van a poder resolver por sí mismas esta cuestión, aparte de que para ellas siempre resultará más cómodo el inglés, porque la mayor parte de sus productos los venden al extranjero. Así que se necesita una implicación pública y gubernamental que de momento es escasa.

Emojis: las nuevas palabras internacionales

La comunicación ya no se hace únicamente a través de palabras. También incluye otros signos y símbolos que, a pesar de las críticas, se han popularizado y que muestran, con un significativo ahorro de elementos, los distintos estados emocionales del hombre. Son los emoticonos y los emojis. «Es una visión antigua de la lengua pretender que únicamente se expresa a través del léxico –comenta Mario Tascón–. También existen signos visuales. Ahora ya es habitual que durante una conversación en el móvil mezclemos imágenes o vídeos. En este caso, el idioma ha cambiado. Los emojis y los emoticonos no dejan de ser una parte nueva del lenguaje y es ajeno a un idioma concreto. Es un léxico universal. No es chino ni español. Y cada vez se dan de alta nuevos emojis universales. El 95 por ciento de las personas que tienen redes sociales los emplean. Es una barbaridad. En Facebook se alcanza un 80 por ciento. En otras redes, el cien por cien de los usuarios». Para Mario Tascón este es un «léxico que está creciendo», sobre todo si se compara a lo que sucedía hace diez años, cuando apenas se utilizaban emoticonos. «Ahora se han sofisticado tanto que no son un símbolo, son dibujos profesionales. La gente recurre a ellos porque suponen una enorme economía lingüística. Son muy útiles en la parte emocional. Humanizan el lenguaje y la gente los percibe como algo positivo. En este sentido son herramientas que tienden más a enriquecer que a empobrecer». Para él,«el lenguaje cambia con el tiempo. Ahora existen muchos tuits que incluyen “gifts” animados. Incluso en ciertas obras literarias ya se mezcla este material visual».

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Una academia nueva

Hace unas semanas, el español cuenta con una nueva academia: la del judeoespañol. Era uno de los empeños personales de Darío Villanueva y él mismo cuenta por qué era importante que se sumara.«Con ella estamos introduciendo la dimensión del tiempo; el español que se hablaba en el siglo XV y que ellos se llevaron y han mantenido con una fidelidad asombrosa. Lo han enriquecido con todas las lenguas a los que les llevó la diáspora y por eso el judeoespañol posee una resonancia emocionante. Es la lengua de nuestros antepasados, pero con influencias del turco, ruso, francés, inglés o italiano. Con ella cerramos un círculo».