La revolución poética está en Malasaña

Vinculado a un fenómeno de cantautores y a un movimiento espontáneo que ha ido creciendo gradualmente, la escena más joven de escritura de versos se articula en torno a algunos bares de los distritos más modernos de Madrid

Aunque constante, la lectura de libros de poesía en España –y por consiguiente la venta– siempre ha sido minoritaria. El lector de poesía es fiel pero reducido y los recitales poéticos han quedado reducidos a esporádicos cenáculos elitistas al margen de la mayoría de la sociedad. Es impensable que una tirada de poesía alcance las cifras de los «best-sellers» de novela, las de algún mediático televisivo que aprovecha el «tirón» para publicar o las ventas de alguna dieta milagrosa. En la última encuesta publicada en enero de 2013 por la Federación de Gremios de Editores de España sobre hábitos de lectura y compra de libros en 2012, entre los lectores habituales que compran libros, la materia que consume el 77,5 % es literatura. De estos, sólo el 0,5% compra poesía frente al 73,7 % de novela y relatos.

La comparación es concluyente. Sin embargo, frente a esta realidad nacional, en Madrid se viene produciendo en los últimos años un fenómeno poético emergente que rebasa todos los hábitos en materia de poesía. Una serie de poetas jóvenes comenzaron a reunirse hace unos años en un bar del barrio de Malasaña para hacer «jam sessions» de poesía. Algunos son ahora autores muy seguidos en las redes y ya cuentan con un bagaje de libros publicados, como es el caso del cantautor Marwan, uno de los más solicitados en la Feria del Libro de Madrid, con más de 23.000 ejemplares vendidos, algo totalmente inusual en poesía y que da idea de este emergente fenómeno poético, o Gsús Bonilla, finalista del Premio Nacional de Poesía.

La poetisa Isabel García Mellado y Marcus Versus, poeta y editor, son dos significativos representantes de este movimiento. Cuentan cómo y cuándo se produjo esta eclosión: «Todo comenzó en 2006 en el Bukowski Club, un bar de Malasaña liderado por Carlos Salem e Inés Pradilla, que empezaron a hacer algo nada usual hasta entonces: ‘‘jam sessions’’ de poesía», en palabras de Salem. «Ellos fueron los primeros en hacerlo», comenta García Mellado. Allí se montó un grupo de, digámoslo así, «inadaptados del mundo estandarizado» que buscaban respuestas diferentes, hacer algo nuevo, experimentar con la vida. «Cada uno tendría sus propios motivos, pero todos teníamos ilusión. La primera época del Bukowski estuvo repleta de chispazos, de ideas, de proyectos. Algunos cuajaron, otros no y, lo más importante, es que vivimos una etapa mágica. Éramos amigos con muchas ganas de aprender y de crear. A la gente se le despertaba el gusanillo por la poesía, porque empezaba a dar una imagen distinta. No algo aburrido y cubierto de telas de araña, sino como una creación viva, que se siente, que conecta con el ritmo de la ciudad, de los sentimientos del ahora, de la forma de vida del siglo en el que vivimos. Digamos que la gente empezó a sentir que la poesía se había actualizado, que de pronto les llegaba lo que oían, conectaban con ello. Ya no era algo de salones de naftalina, sino que estaba en los bares y en las calles, como las valientes y bellísimas pintadas poéticas que Batania neorrabioso dejaba por todo Madrid», añade García Mellado. Según Marcus Versus, «antes, los recitales poéticos eran algo cerrado y elitista y lo que hacen estas sesiones poéticas es abrir el micrófono a gente que llevaba tiempo escribiendo poesía desde el silencio. Dan pie a los anónimos que ven que de pronto puede leer sus trabajos. A ellas acude gente bastante heterogénea y dispar, tanto por la edad –aunque mayoritariamente jóvenes–, como por el contenido de su poesía, que es tan variado como el tipo de gente que participa».

Su éxito arrastró a otros bares de Malasaña y Madrid, sobre todo en Lavapiés. Diablos azules, El dinosaurio todavía estaba allí y algunos más se fueron sumando a la idea. Como El Aleatorio, donde se reúnen más de 40 personas para leer sus poemas todos los miércoles o Vergüenza ajena que lo hacen los jueves. Cada día hay una «jam session» distinta en Madrid. Parte del éxito fue el boca a boca, pero «lo fundamental para su difusión ha sido la red –comenta Marcus Versus–. Antes había muchos poetas, pero de forma testimonial, sin presencia social. Internet ha contribuido a su difusión. Primero fueron los blogs y estos han sido sustituidos por las redes sociales, que le han dado una gran difusión». García Mellado recuerda que «vídeos como ‘‘Co-razones’’, que la artista audiovisual Patty de Frutos hizo con un poema de Escandar Algeet, llevó a que, de pronto, chicas jóvenes de todas partes empezaron a colgarlo, a poner frases del poema, y a adorarlo. En poco tiempo tuvo muchísimas visitas y el nombre de Escandar empezó a sonar. O el documental de poesía sobre mujeres: ‘‘Se dice poeta’’, una mirada de género al panorama poético contemporáneo».

Lo importante es la poesía

«A mí lo que más me interesa de la poesía es la poesía –comenta Marcus Versus– y de este movimiento poético lo más interesante es la poesía. Es cierto que ahora mismo hay un auge que ni siquiera se podía soñar hace unos años que comenzó con poetas que llegaban a la gente porque las redes sociales han democratizado la comunicación, pero creo que la poesía debe tener como base fundamental el libro. Luego podrá ayudarse con otras herramientas o abrir otros canales que apoyen la difusión, pero la base ha de ser el libro. Aunque todo sea poesía, el talento se tiene o se tiene. A estos jóvenes que vienen a leer les falta experiencia, pero si tienen talento, acabarán siendo poetas. No sé si estamos ante un resurgir verdadero o ante un fogonazo en medio de la oscuridad, no soy sociólogo ni pitoniso. Me interesa la calle. Es lógico que despunten tres, cuatro o cinco que venden mucho, pero yo preferiría que el éxito estuviese más repartido, que destacaran muchos más. Eso sería más interesante y más justo con la poesía». Y concluye: «Como editor, para mí es más importante ir a la calidad que al número de ventas. Me interesa que se difunda la buena poesía. Cuanto más calidad, más me van a leer». De este fenómeno poético, además de libros, blogs, revistas, recitales o vídeos de poemas, también «surgieron editoriales como Ya lo dijo Casimiro Parker, creada por Marcus Versus, que publica a muchos de estos poetas, o La Vida Rima, regentada por José Naveiras y Eva Monogatari. Otras como El Gaviero, La Bella Varsovia o 4 de Agosto publican poemarios maravillosos, cuidan a los autores y a sus libros y están haciendo un trabajo literario impagable», comenta García Mellado.