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Las profecías del Padre Pío

Vaticinó que el cardenal Juan Bautista Montini se convertiría en el futuro papa Pablo VI.

Vaticinó que el cardenal Juan Bautista Montini se convertiría en el futuro papa Pablo VI.

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Canonizado por Juan Pablo II, el Padre Pío no solo predijo que el propio Karol Wojtyla sería Papa. Recordemos que, en mayo de 1987, Juan Pablo II visitó la tumba del Padre Pío con motivo del primer centenario de su nacimiento. Ante más de 50.000 personas, Su Santidad proclamó: «Quiero agradecer con vosotros al Señor por habernos dado al querido Padre Pío, por habérnoslo dado en este siglo tan atormentado».

No era la primera vez que Karol Wojtyla visitaba el convento del Padre Pío en San Giovanni Rotondo. Estuvo también allí recién ordenado sacerdote, en 1948; y regresó veintiséis años después, en noviembre de 1974, siendo ya cardenal. El mismo fraile que vaticinó el futuro papado de Juan Pablo II, como decimos, fue elevado por éste a los altares el 16 de junio de 2002. Durante la homilía de su canonización, Juan Pablo II quintaesenció así la espiritualidad del nuevo santo:

«La imagen evangélica del “yugo” evoca las numerosas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán suave es el “yugo” de Cristo y cuán ligera es realmente su carga cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del Padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor que sólo el Señor conoce... ¿No es precisamente el “gloriarse en la cruz” lo que más resplandece en el Padre Pío? ¡Cuán actual es la espiritualidad de la cruz que vivió el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza».

Años antes, escudándose en el crucial testimonio del abogado Carmelo Mario Scarpa, amigo íntimo del comendador Alberto Galletti, el también letrado Francisco Sánchez-Ventura daba fe de cómo el Padre Pío vaticinó que el cardenal Juan Bautista Montini se convertiría en Pablo VI. A comienzos de 1959, mientras el futuro Papa era aún arzobispo de Milán, el comendador Alberto Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, visitó al sacerdote Benedicto Galbiani, ingresado en la llamada Casa de la Providencia fundada por don Orione.

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Irrumpe en la habitación

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Mientras Galletti distraía al enfermo, narrándole anécdotas de San Giovanni Rotondo, irrumpió en la habitación el arzobispo de Milán. El cura Galbiani los presentó, pues no se conocían. Interesado en la vida de los místicos, el arzobispo recabó detalles y circunstancias del fraile de los estigmas. Al terminar la visita, pidió al comendador que transmitiese al Padre Pío su saludo cariñoso y el deseo de contar con su bendición para él y su archidiócesis.

Días después, el comendador cumplió diligente el encargo. El Padre Pío le contestó: «Mil gracias por el saludo y dile que cuente no con mi bendición, sino con una riada de bendiciones y de mis indignas oraciones». Tras una breve pausa, añadió: «Escucha atentamente, Galletti: dile también a su excelencia que, cuando muera este Papa [Juan XXIII], él será su sucesor. ¿Te has enterado?». El comendador asintió, perplejo.

«¿Has entendido que debes decirle que él será el próximo Papa?», insistió el fraile. «Perfectamente, padre», contestó Galletti. A lo que el Padre Pío reiteró de nuevo: «Se lo advierto, porque debe prepararse», concluyó.

Alberto Galletti guardó celosamente el secreto hasta la elección de Pablo VI, en junio de 1963. Tres años antes, el entonces arzobispo de Milán había enviado esta cariñosa carta al Padre Pío: «Veneradísimo Padre: oigo decir que Vuestra Paternidad celebrará próximamente el quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. Y, por lo tanto, también yo deseo expresarle, en el Señor, mis felicitaciones por las gracias inmensas que le ha conferido y que usted ha distribuido».

Otro Papa, Benedicto XV, había proclamado ya al Padre Pío como «un hombre extraordinario enviado por Dios para convertir a las almas». Y Pablo VI tampoco se quedó corto, el 20 de febrero del año 1971, al comentar sobre él: «Mirad la fama que ha alcanzado el Padre Pío, los seguidores del mundo entero que ha congregado en torno a sí. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque disponía de medios? Nada de eso: porque decía la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, es difícil decirlo, un representante sellado con las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento».

Incluso el postulador general de los Pasionistas, Padre Besi, admitió que el capuchino de los estigmas «era un privilegiado de Dios, como Gemma Galgani, o todavía más».

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Uno de vosotros morirá

Como tantos otros conocedores y devotos del fraile de Pietrelcina, su primer hijo espiritual, el francés Emanuele Brunatto, acreditaba ese mismo don de profecía que le permitía averiguar de vez en cuando lo que iba a suceder. «Es Jesús –explicaba el Padre Pío– quien me deja leer a veces su cuaderno personal...». Y así era. Cierta noche, durante una fiesta celebrada en la misma plaza del hermoso convento de San Giovanni Rotondo, rodeado de un numeroso grupo de jóvenes, el Padre Pío rompió a llorar de forma inesperada. Los presentes miraron al fraile desconcertados, sin entender aquella reacción tan fulminante. Cuando le preguntaron poco después con gran preocupación qué le sucedía, él respondió consternado y sin miramiento alguno: «Parece que uno de vosotros morirá dentro de dos días...». Al cabo de cuarenta y ocho horas, en efecto, una enfermedad letal se llevó por delante a uno de aquellos infortunados jóvenes.