A la manera de Roberto Bolaño

Con el paso de los años (y mientras no se publique su biografia) sabremos más sobre la vida y la obra de Roberto Bolaño por lo que los lectores (y algunos escritores, que lo han tomado como bandera) han imaginado y fabulado sobre él y no, en cambio, por lo que han dicho las personas que lo conocieron o aquellos que leyeron su obra sin reparar, necesariamente, en su biografía o en su figura. Una figura, por otro lado, que a medida que se vacía su cajón de manuscritos inéditos no para de crecer y de hacerse, cada vez más, legendaria. Es ese Bolaño imaginado, sobre el que se apoya el escritor navarro Javier Serena para despuntar la figura de Ricardo Funes, un escritor peruano, radicado en la Costa Brava, y cuya vida de éxitos y fracasos atraviesa las páginas de «Últimas palabras en la tierra», una novela que, más allá de la virtud de su estilo o de su esquema narrativo, no puede dejar de leerse sin pensar, a cada rato, en Roberto Bolaño, en el real de carne y hueso, donde la imagen de Ricardo Funes intenta quedar reflejada.

Así, contada a tres voces (que se corresponden con las de Fernando Vallés, escritor y crítico literario, de Guadalupe Mora, esposa de Funes, y del propio Funes) y sostenida por el resplandor de una doble leyenda (la de Bolaño, pero también la de Funes) la novela reconstruye la biografía de éste y lo hace, previsiblemente, desde una perspectiva también legendaria, pues se trata de un escritor, Funes (su nombre, se dice, no es su nombre verdadero) que vivió totalmente a la sombra del fracaso, amenazado por la enfermedad y la melancolía aunque, en sus últimos años pudo disfrutar, finalmente, del reconocimiento de la crítica y tabién del de los lectores. Una historia con final feliz pero que, tal vez, el mismísimo Bolaño habría sido incapaz de imaginar.