Aquel corto siglo XX

Tony Judt fue, en mi opinión, el otro gran historiador del mundo contemporáneo junto a Eric Hobsbawn. Londinense, profesor en NYU, y autor de una importante e influyente obra histórica, es conocido su interés por la historia francesa y europea en general, su dedicación al holocausto y a otros temas clave de la historia contemporánea. Historiador filósofo, nacido en Londres en 1948, Judt era un judío de familia paneuropea, sionista en principio y luego crítico con la deriva israelí desde la Guerra de los Seis Días, que realizó una brillante y polémica carrera académica. Fue autor de libros imprescindibles para comprender la historia del siglo XX europeo, como «Postguerra: una historia de Europa desde 1945» (finalista del Pulitzer en 2006), «Algo va mal», «Pensar en el siglo XX» o «¿Una gran ilusión?: un ensayo sobre Europa». Pero el profesor de la New York University, tristemente fallecido en 2010, también desarrolló una intensa labor como articulista y crítico literario en la modalidad de ensayo. Escribió con preferencia para revistas como la prestigiosa «New York Review of Books» o periódicos como el «New York Times». Tal vez sus artículos sean sus obras menores, pero en número de páginas, no en densidad y agudeza. Ahora se reúnen estos ensayos dispersos –reseñas de libros, artículos de opinión e incluso obituarios– en un volumen conjunto bajo el título «Cuando los hechos cambian». Editado por su viuda, la también historiadora Jennifer Homans, el libro aglutina temáticamente escritos variados de Judt en cinco secciones: en primer lugar, se centra en el mundo después del año 1989 cuando, según afirma, realmente acabó el «corto siglo XX», según el concepto trabajado por Hobsbawn, con el derrumbe del Bloque del Este. Destaca en esta parte una demoledora reseña de la historia de Europa de Norman Davies. Una segunda parte se dedica a Israel, el Holocausto y los judíos, con algunas páginas brillantes sobre el problema del mal, tras la senda de Hannah Arendt. La tercera se dedica al escenario mundial post11-S, con un ensayo sobre el antiamericanismo que da que pensar sobre el actual orden de (aparentemente) una sola superpotencia, tal vez de pies de barro.

La cuarta parte analiza algunos aspectos del mundo actual, con una interesante y provocadora oda al ferrocarril, a su historia y sus perspectivas. Finalmente, la quinta incluye algunos obituarios de grandes intelectuales bajo el título «A la larga todos estamos muertos». No puedo evitar pensar en el triste final del propio historiador, desaparecido tras una cruel enfermedad degenerativa, y en la banalidad de todo afán: sin embargo, su figura sobrevivirá gracias a su inmensa obra. Pequeño consuelo, pero, como decía el poeta latino: non omnis moriar.