De «Los soprano» a un libro con clichés

Sí, el autor es el creador de «Los soprano» y «Mad Men». Sí, también en ambas series –multipremiadas con nominaciones a los Emmy– aparece un escritor frustrado. En la primera es Moltisanti, un mafioso que quiere trascender a su vida de rompehuesos y logra concluir un guión cinematográfico que es estrenado en la gran pantalla. En la segunda, se trata de Ken Cosgrove, un cordial ejecutivo de la agencia de publicidad cuyo sueño es convertirse en novelista hasta que logra publicar un cuento. ¿Cuánto hay de ellos en el autor de «Absolutamente Heather»? ¿Cuánto hay de Weiner hasta empujarle a editar su primera ficción? Se percibe que mucho y el titular es claro: autor responsable de éxitos que otros firman crea su propia obra.

El resultado es un «thriller» sobre nuestros miedos más profundos. El peligro que acecha a nuestras familias y lo que estamos dispuestos a hacer para evitarlo. Cierto que no es un punto de partida original, pero todo puede resultar fresco según el enfoque que se le dé. Como se podría esperar, el autor se mueve en lo literario tal como lo haría para un guión: escenas dinámicas plagadas de agilidad y sin excesivas descripciones que nos sumerjan en la trama. Heather es una niña empática y modélica fruto del amor entre una pareja cargada de problemas, miedos y frustraciones. Desde su nacimiento, ella es lo único que parece unirlos y ha sido criada en medio de comodidades y atención. Pero llega la adolescencia y sus pasos se cruzarán con los de Bobby, un ex convicto hijo de una yonki con antecedentes por conducta violenta. El lector sabe que esconde un intento de violación en su precoz historial. Su error en aquella ocasión fue dejarla viva, así que ahora sabe cómo actuar si la situación se repite. ¿Cómo podrán juntarse ambos jóvenes, cuando ella parece estar siempre tan vigilada? Bobby la desea de una forma animal puesto que su mente enferma no tiene límites y coincide con el hecho de que sus padres atraviesan su propia crisis, aunque Marck ya ha sido testigo de las miradas lascivas con las que el chico acecha a su hija.

Una niña modelo

¿Debe preocuparse por este comportamiento o es algo normal a la edad de ambos? ¿La vigilancia a la que está sometida será precisamente la que le haga sentir curiosidad por el primer joven que parece desearla? ¿Dónde termina el límite de la prudencia y comienza la obsesión por proteger a los nuestros? Es un historia de corto aliento construida sin diálogo alguno que alude a un mundo en el que no termina de profundizar, pese a estar bien construida. Está lejos de recordarnos a Edgar Allan Poe, Henry James o Gustave Flaubert –como se aventura a decir la crítica sajona–, pero se trata de una narración sencilla y llena de clichés, que está más cerca del lector de lo que se pueda pensar a priori. Desconcertante a ratos y con cierto aire retro, discordante en numerosos tramos, pero con la que resulta fácil empatizar porque se bebe de un suspiro gracias a su gramática visual.