El shérif detective más veloz del Oeste

Que un vaquero del lejano Oeste sea el shérif encargado de resolver un caso criminal pudiera parecer algo exótico, pero a estas alturas el actual lector aficionado a la novela negra rural se ha acostumbrado a verlo como algo cotidiano en este tipo de género de misterio. Sin ir más lejos, exponentes del policiaco rural pueden encontrarse en la Italia meridional, los países nórdicos y España, siempre acompañada de cierto costumbrismo local, en especial la gastronomía. Tres títulos españoles son suficientes para centrar el subgrupo: la trilogía del Baztán de Dolores Redondo, «Mistralia» de Eugenio Fuentes y «Los cuerpos extraños» de Lorenzo Silva, sin necesidad de recordar el precedente más conocido: la tetralogía del «Cuarteto de Öland» de Johan Theorin.

Un puebloo diminuto

El espacio geográfico que le toca vigilar al shérif Walter Longmire es el ficticio pueblo de Absaroka, el más diminuto de todo Estados Unidos, situado a las faldas de las montañas Big Horn, el reseco y mítico lugar donde el general Custer murió con las botas puestas contra los cheyennes. Longmire en un personaje tranquilo, tocado con un sombrero de vaquero, de casi dos metros de altura y con un Colt de 1911. Con «Los mocasines de otro hombre», cuarto título de la saga de Craig Johnson, se ha convertido en un personaje reconocible por el lector: honesto, pausado, con un soterrado sentido del humor y una paciencia de hombre de campo acostumbrado a no dar crédito a las historias de los escasos extraños que se acercan al pueblo. A su lado, los indios de las praderas, cheyennes y lobos, comparten minoría con los vascos emigrados a finales del siglo XIX como pastores, telón de fondo étnico sobre el que el metódico y socarrón shérif tiene que investigar el asesinato de una joven vietnamita conectado con una pariente asesinada cuarenta años atrás en Vietnam. Como la prosa de Craig Johnson, todo en estas novelas es reposado y caudaloso, como narrado desde un lugar sin tiempo.

La mezcla de dos historias paralelas y dos asesinatos ocurridos, uno durante la guerra del Vietnam y otro en la actualidad, es motivo de reflexión sobre la relación criminal entre pasado y presente. Más que la investigación en sí, a Johnson le interesa el entorno social de sus personajes, la memoria y el abuso criminal de los desprotegidos, nexo de unión de estas dos historias paralelas. Lástima que la historia, bien contada y mejor escrita, sea de escaso recorrido y tenga un final un tanto previsible, lo que no impide deleitarse con la prosa sosegada y encantadora de Craig Johnson, un prodigio literario que llega a hipnotizar como una serpiente de cascabel.