Garabatos sabinianos

Joaquín Sabina publica un libro con sus dibujos, una actividad ocasional, forzosa y feliz para el músico

«No me siento ni dibujante ni pintor, me da vergüenza llamarme así», dice Sabina
«No me siento ni dibujante ni pintor, me da vergüenza llamarme así», dice Sabina

Primero posó con una amplia sonrisa y desplegó para los fotógrafos el dedo corazón. Incluso cambió de mano para la «peineta», de forma que todo el mundo tuviera su plano desafiante, con un anillo distinto en cada caso. Y luego Sabina, maestro de la contradicción, mostró su lado humilde y pidió clemencia. «Espero que sean piadosos», dijo como arranque a la presentación de su libro «Muy personal» (Planeta), un volumen de dibujo surgido de un cambio de costumbres: el canalla reformado que se muerde la lengua para no maltratar su voz y escribe con colores. Se muerde la lengua, menos en una sala llena de periodistas.

«Toda la vida me ha gustado emborronar papeles de versos y relatos», contó el músico, que aseguró que trata de no hablar cuando termina de cantar para estar preparado en las giras estajanovistas a que se somete. «Me di cuenta de que, por respeto al público que paga la entrada y para poder seguir cantando, hay que aparcar ciertos excesos», comentó al respecto de las nuevas costumbres que ya le impusieron los médicos, pero para las que encuentra mejores razones ahora. «Estar callado es la peor tortura nazi para alguien como yo, que si no hablo no soy nada», dijo el de Úbeda, que es «garabateador» a tiempo parcial. «No me siento ni dibujante ni pintor, me da vergüenza sólo de pensar en llamarme así», aseguró sobre una actividad que tiene cosas buenas: «Lo bueno es que se parece mucho al onanismo, lo cual a mi edad es mejor que el sexo entre dos, porque ahí no haces nunca el ridículo», dijo con su mordacidad habitual.

Retratos de mamarrachos

También existe otra ventaja para el ilustrador: los cuadernos que llena con sus colores están, a diferencia de las canciones que escribe en uno solo, «inspirados en momentos de felicidad y alegría». «Dibujar es una actividad más feliz que escribir canciones o poesía, que nacen más del desamor y la desesperación. No se me ocurre ponerme a escribir cuando estoy feliz, paseando con mi novia, pero sí cuando me ha dejado, me han dicho que tengo cáncer de pulmón, o he perdido la fortuna de los Sabina en el póquer», explicó. Sin embargo, a pesar de que sea una actividad más feliz, los temas son los mismos: «Peces, culos, mujeres, gallos y toreros», enumeró. Los dibujos del libro, que se miran en viñetistas como El Roto, observan la realidad, comentan los titulares de la prensa o fantasean con la política y la religión. De los políticos, dijo que le inspiran «un ''puaf'', un pero, un Wert, un Montoro». Y se siguió emborronando Sabina: «Cada día se despierta uno con una noticia nueva a cual más apestosa. Con este clima de desesperación, cruzar el mar da mucho gusto, aunque también gusta volver a casa y encontrarse a estos cabrones dictando leyes», dijo embalado. Un ejemplo de esas noticias que le irritan son los «castings» que algunas ciudades han puesto en marcha para dar licencias a los músicos callejeros. «Si en la época en la que yo y otros muchos tocábamos en la calle nos hubieran dicho que teníamos que hacer un examen, no habríamos ido. Yo no hubiera pasado el casting, ni el de ''Operación Triunfo'', ni el de ''La Voz''. Tampoco Leonard Cohen, ni Lou Reed ni, por supuesto, Bob Dylan», afirmó. En este sentido, también se mostró crítico con el IVA cultural y defendió que la cultura no esté gravada por ninguno: «Que sea absolutamente libre, gratuita y universal, como la sanidad y la educación», pidió.

Los dibujos son, según explicó, muy recientes, y casi parecen un diario de viajes o una crónica de las perezas y desidias del músico. «Me siento como un recién parido, no tengo distancia para opinar sobre ellos y, por tanto, empezar a comprar libros para quemarlos, como, por cierto, hice con mi primer disco», confesó el cantante, cambiando otra vez la piel por la de cordero. «Son retratos de mamarrachos», afirmó Sabina, trazos que plasma más de mañana que de noche, pero fiel a la plaza de Tirso de Molina en Madrid. Un billete de ida al universo sabiniano a golpe de rotulador más elocuente que un psicoanálisis. La obra es una sucesión de dibujos, poemas empezados y letras de canciones que pudieron haber sido y no fueron. También crónicas a vuela pluma de sus conciertos, viajes y ensoñaciones. Dibujos con versos sueltos que decidió entregar a la editorial como una especie de recompensa ante su incapacidad para redactar las memorias que un día prometió pero no sabe si será capaz de escribir.

Ilusión con el número 17

El último disco de Sabina con material nuevo fue «Vinagre y rosas» y data de 2009. Después de aquel trabajo, el número 16, se embarcó en «La orquesta del Titanic», la gira junto a Joan Manuel Serrat en la que recuperaban sus temas más conocidos para cantarlos a dúo e incorporaban algún tema nuevo. Con el próximo, que, según adelantó el músico, podría ver la luz en marzo o abril, Sabina, que está «desatascando» el proceso creativo del álbum, dijo sentirse «muy ilusionado» con el trabajo, más que con cualquiera de «los últimos cuatro o cinco álbumes».