Literatura

Gracián, un pensador del siglo XXI

El jesuita aragonés Baltasar Gracián (1601-1658) es uno de los mejores exponentes del conceptismo barroco español. Su obra ensayística, sentenciosa, crítica y perspicaz, demuestra un profundo conocimiento de la condición humana y establece una particular retórica del ingenio ocurrente y la sensata moral. Sus palabras mantienen la vigencia que dan el sentido común y la graciosa expresividad estilística. Recomendando una lacónica prudencia, escribe: «Hase de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos»; con irónica agudeza, matiza: «Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros»; clasifica así ciertas tipologías: «Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios»; sin olvidar la reflexión existencial: «La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto» o la acertada percepción cotidiana: «Saber olvidar, más es dicha que arte».

Aurora Egido, catedrática de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza y destacada especialista en la Edad de Oro, ha logrado una excelente actualización de la figura intelectual del autor de «El héroe», «El discreto» o la novela «El criticón», con «Bodas de arte e ingenio. Estudios sobre Baltasar Gracián». Este título remite a la pretensión conceptista de aunar la belleza formal del texto literario con la profundidad del pensamiento teórico, sintetizando hábilmente inteligencia crítica con juegos de palabras, oposición de ideas y ocurrentes planteamientos. A partir de aquí se estudian las singularidades literarias de quien, al redactar su «Agudeza y arte de ingenio», sabía que esta última palabra nos lleva etimológicamente a la significación de «ingeniar», es decir, «engendrar», dar vida al universo especulativo y teorizante propio del ensayo moderno. La profesora Egido pone de relieve esa deslumbrante actualidad gracianesca: «Sus lacónicos aforismos nos resguardan contra el frío de la necedad y el desacierto en estos tiempos oscuros de océanos grises y globales» (pág. 444).

Se destaca en estas páginas el carácter entre pesimista y rebelde de la obra estudiada, fruto del de-sengaño barroco; los referentes pedagógicos sobre la educación del príncipe o del gobernante, que tanto recuerdan a un Maquiavelo que obedeciera aquí a la ética natural; la visión desolada de una literatura en tiempo de crisis, como la del siglo XVII; la profunda formación humanista, grecolatina, de nuestro ensayista. Es éste un libro decisivo para la necesaria, y lograda, actualización del autor de la más célebre sentencia: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno.»