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Lisbeth, una despedida menos punki

Lagercrantz guía al lector entre un caos que incluye espionaje, mafia y escándalos políticos

El autor que ha dado continuidad a la trilogía «Millenium» de Stieg Larsson se despide con su tercera entrega: un techno-thriller repleto de intriga y acción. Es la marca de la casa del excelente autor de «El enigma Turing», David Lagercrantz, que ha continuado con fidelidad, a veces con afectación, el estilo de esta saga que tiene como protagonistas al periodista Mikael Blomkvist y al oscuro personaje, con resonancias góticas, Lisbeth Salander. La relación del tándem ha evolucionado a lo largo de la serie. Ha ganado en importancia el violento y excéntrico personaje de Lisbeth, al que se le han añadido capas de sufrimiento y dolor en consonancia con su origen melodramático. Y se mantiene la relación del dúo protagonista con la clásica división del trabajo policíaco entre el personaje analítico y el de acción, pero invertida, pues corresponde a la mujer el papel de heroína de acción, históricamente reservado a los personajes masculinos, y al hombre el papel reflexivo y de víctima propiciatoria.

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Sin embargo, lo que ayer era una novedad ha mutado en estereotipo: es cierto que Lisbeth Salander lleva la voz cantante en la parte más intelectual de la manipulación informática y científica, incluida la acción violenta, pero quien dirige, organiza y resuelve el caso sigue siendo Blomkvist. El tópico feminista nace de este equívoco: la equiparación de la mujer con el hombre adoptando el rol agresivo. Una friqui que, además de protagonizar las escenas de salvamento en el último minuto, es una «pirata» informática superferolítica y contumaz vengadora de mujeres maltratadas. La inversión de roles es otra de las fantasías masculinas que los autores utilizan para demostrar su compromiso feminista, aunque manteniendo la primacía intelectual del varón.

En este último capítulo de la saga, Lagercrantz ha hecho de Salander una lesbiana tan seductora como Mata Hari, despojándola de los signos externos punkis que la caracterizaban. Su humanización la hace más vulnerable y dependiente. Rasgos que comparte con la mayoría de los personajes femeninos de «La chica que vivió dos veces». Bruscas, fuertes e impertinentes, con un carácter endiablado, pero con heridas profundas que revelan su procedencia gótica. Siempre en competencia con el protagonista, al que se rinden al descubrir su atractivo sensible y seductor.

Enfrentada a la mafia rusa

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En «La chica que vivió dos veces», Blomkvist vuelve a ocupar la parte central del relato policiaco. Mientras, Lisbeth sigue con su venganza, mientras lo protege y ayuda en el caso del «sherpa» psicótico y se enfrenta ella sola a la mafia rusa. Como acostumbra Lagercrantz, la trama es un tanto dispersa. Con numerosas subtramas y personajes que proliferan y se enredan hasta que el lector acepta este caos delirante que entrelaza escaladas suicidas al Everest, espionaje y servicios secretos. El relato, a veces discursivo, anuda escándalos políticos con odio, venganzas ciegas y amores violentos con la pericia literaria de este autor.

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Sobre el autor

Lagercrantz es un excelente escritor sueco, autor de un libro sobre el aventurero Göran Kropp y su conquista del Everest y de «El enigma Turing»

Ideal para...

los fans de la saga «Millennium», que con esta sexta entrega llega al capítulo final

Un defecto

El problema del autor es la falta de concisión y la discursividad de sus relatos

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Una virtud

La capacidad para entretener con un «techno-thirller» tan vertiginoso como una montaña rusa

Puntuación

8