Los grandes escritores, en zapatillas

Savater y Sara Torres recorren las casas y los gustos de ocho de las mejores plumas

Además de ensayista, filósofo y novelista, Fernando Savater (San Sebastián, 1947) es también un eficaz divulgador cultural; recuérdense «La infancia recuperada» (1976) o «Misterio, emoción y riesgo» (2008). Como tal, ha transmitido con rigor y entusiasmo sus preferencias intelectuales, compartiendo esta admiración personal con un lector que se ve gratificado con lúcidas y divertidas sugerencias. En esta línea ha protagonizado recientemente una excelente serie documental, Lugares con genio, que combina la vida y obra de señeros escritores con los ambientes y ciudades que frecuentaron. Con idéntico criterio se publica ahora, en autoría compartida con Sara Torres, la compañera del alma, fallecida este mismo año, «Aquí viven leones. Viaje a las guaridas de los grandes escritores». Se recoge aquí una experiencia viajera a los entornos geográficos y peculiares circunstancias de escritores tan emblemáticos como Valle-Inclán, Shakespeare, Flaubert, Leopardi, Poe o Ágatha Christie. Sus espacios íntimos, desde casas natales a lápidas funerarias, habituales domicilios donde gestaron sus obras, paisajes que contemplaron o conservados objetos personales contribuyen decisivamente a una mejor interpretación de su literatura.

Estamos ante una dinámica revisitación de la semblanza como clásico género biográfico, donde se calibra el valor simbólico de un rico anecdotario, las pintorescas situaciones o sobrevenidos dramas personales de estos escritores. Con ironía, buen gusto y certero conocimiento de la condición humana, Savater reflexiona sobre cómo estas vidas se proyectan sobre las nuestras, protagonistas también de esas ficciones literarias; a propósito de Edgar Allan Poe, escribe: «No sólo está en las estanterías de las bibliotecas sino en ese rincón íntimo de nuestra imaginación al que nos retiramos a veces para disfrutar con escalofrío de cuanto somos y de cuanto vamos dejando de ser.» (pág. 99) Destaca la desmitificadora cercanía divulgativa que no desmiente el estricto carácter ensayístico de estos textos. Magistral este perfil de Valle-Inclán: «Fue poeta muy sui generis del grupo modernista, narrador de leyendas de raigambre popular, cronista de Indias y también de las guerras carlistas, inventor de un teatro entre épico y grotesco que aún ocupa la vanguardia de nuestros escenarios, místico y bohemio, quien mejor ha expresado sin clichés doctrinales la espontaneidad anarquista de raíz hispánica.» (pp. 48-49). Primorosamente editado con ilustraciones, dibujos de cómic y buen material fotográfico, este libro es una fiesta de los sentidos, la apología del goce de la literatura y una inaplazable ocasión para adentrarse en esa suerte de fetichismo cultural con el que también se construye la ficción. Recorriendo Las páginas se retorna ilusionado a los libros de los escritores abordados. No cabe mayor elogio.