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Los Kepler, locos de atar

Vuelven los Kepler con la furia contenida de sus novelas de misterio y acción gore. En «El hombre de sal» regresan con un asesino en serie. Un recurso infalible para enganchar al lector desde el primer párrafo. Su aura tiene el prestigio criminal que otrora tuvo el malvado Moriarty, Némesis escurridiza de Sherlock Holmes, que sigue funcionando como un reloj suizo en la teleserie «Elementary». El nuevo asesino en serie, Jurek Walter, esconde en su maldad psicótica un misterio que ha movilizado al tozudo y perseverante Joona Linna, incapaz de quedarse quieto ante el terror que ha sembrado este frío asesino. ¿La razón? La pena que arrastra por la muerte de su mujer e hija, que aquí finalmente se explica, redondeando el universo de la saga policíaca.

La acción se desarrolla en dos frentes: el interior del módulo psiquiátrico de máxima seguridad donde está recluido el asesino y las pesquisas que se siguen para rescatar in extremis a una víctima cautiva, quién sabe si mantenida con vida por un cómplice. Según el perfil de los asesinos en serie del FBI, de los dos tipos de asesinos en éstos hay una probabilidad estadística de un 30% de que actúen con un cómplice. Éste pudiera ser el caso, según sospecha Joona, pero nadie le cree y carece de pruebas.

Si en «La sonámbula» Joona aprendía del criminólogo David Canter a analizar al asesinato en serie como ritual y a leer la escena del crimen como una metáfora de la personalidad del criminal, aquí se interna en la mente del asesino Jurek y su capacidad de manipular a quienes caen bajo el influjo de su retorcida mente. El plan urdido por la policía sueca de infiltrar a Saga Bauer, compañera de Joona, en el psiquiátrico para sonsacar el nombre del cómplice es tan arriesgado como similar al ideado por Thomas Harris en Hannibal Lecter, renovador de la literatura criminal, oponiendo a la prodigiosa mente criminal del caníbal la figura de una manipulable pero resistente Clarice Starling. Mientras tanto, los Kepler van introduciendo numerosas acciones paralelas con la exactitud que les caracteriza y crean una atmósfera oscura que afecta a la mayoría de los personajes que van configurando esta deslumbrante saga.

Twist final

La coincidencia del tiempo del relato con el de la acción merced a la utilización del presente de indicativo ralentiza la narración o la acelera según la necesidades diegéticas del narrador. Otro clásico de la novela de acción es el «salvamento en el último minuto». Los elementos dispersos, dispuestos con gran habilidad, van encadenándose hasta disparar todas las alarmas que los Kepler han ido sembrado como minas personales para mantener al lector fascinado por el relato y lograr el inesperado twist final. Una novela prodigiosa.