Niños, piratas, barcos, guerra y Richard Hughes

Las editoriales recuperan la obra de uno de los grandes escritores ingleses del siglo XX

Richard hughes en un retrato de Augustus Edwin John de 1937
Richard hughes en un retrato de Augustus Edwin John de 1937

La figura de Richard Hughes no es atractiva, no tiene una terrible historia personal detrás, ni una personalidad rimbombante y alocada, tampoco una afición exagerada por las drogas, el sexo, la egomanía o el alcohol, ni un grupo literario, ni siquiera una minoría detrás que lo reivindique. Sólo es un escritor inglés, ni siquiera antillano, ni sudafricano, ni de un ghetto judío de Chicago. Lo que sí tiene es una obra descomunal, heterodoxa, polifacética, y una de las imaginaciones analíticas más apasionantes y apasionadas de la literatura del siglo XX. Reivindicarlo es tanto una obligación como un placer, y las obligaciones placenteras son el no va más de una vida normal.

Las editoriales lo han editado de forma irregular desde que publicase su primera novela, «Huracán en Jamaica», (Alba), una auténtica maravilla de 1929, adelantándose una década al más famoso y también excelente «El señor de las moscas», de William Golding. Preferir uno u otro es una estupidez, son dos libros tan brillantes como diferentes, pero hay que luchar contra la estupidez que prefiere el segundo al primero, eso seguro.

El libro nos presenta a los hijos de los Bas-Thornton y los criollos Fernández, que en su viaje a Londres para huír de los avatares de vivir en Jamaica acabarán presos en un barco pirata. Su reacción a este hecho y su adaptación a su nueva realidad convierten a la novela en un tratado de psicología infantil tan fascinante como divertido, con un final impactante, un juicio que pone los pelos de punta por su crueldad e inocencia a un tiempo.

Por supesto, esta es la obra maestra y el libro que nunca ha dejado de estar en nuestras librerías, pero ahora se han recuperado otros de sus clásicos hace años descatalogados. Ático de los Libros acaba de publicar «El zorro en el ático». En otras traducciones fue «en el desván» o «en la buhardilla», pero ático parece más exacto. La obra es la primera parte de una trilogía inconclusa que tenía que narrar el camino de Europa hacia la Segunda Guerra Mundial. Hughes murió sin poder acabarla, y por la ambición y recorrido de «El zorro en el ático» parece algo que los lectores pueden llorar desconsolados. En el zorro nos presenta a Augustine, muchacho galés que en 1923 se ve obligado a viajar a Munich y allí será testigo de la efervescencia política que empieza a levantarse. Podemos hablar de una novela histórica expresionista de aliento crepuscular.

Otro hito de Hughes que acaba de volver a las librerías es «En peligro», (Gatopardo ediciones), historia de un célebra naufragio real en el que Hughes vuelve a al mar, con la historia del Archimedes, barco mercante que tras cruzar el canal de Panamá y adentrarse en el Pacífico acabará encerrado en el huracán más feroz jamás documentado. Su crudeza y lirismo a la hora de contraponer el ansia de supervivencia humana con la crueldad de la naturaleza sigue siendo un clásico de la literatura marítima.

Aunque su faceta más extraordinaria son sus cuentos para niños. Ni siquiera están escritos al uso, sino que todos están inventados por él mismo como cuentos orales que después recordaba. Algunos de ellos incluso estaban basados en ideas que le lanzaban los niños. Le decían gatos y trenes y mazapán y él inventaba una historia con estos tres temas, tod un prodigio de la hoy tan estúpida como famosa improvisación teatral. Con un sentido del humor desbordante y una imaginación tan rayana en la pura locura es lla versión inglesa de «Los cuentos de Rutabanga», de Carl Sandburg. Tenga o no niños, léanlos.