Un juicio con «coach» emocional

El subgénero popularmente conocido en España como de abogados y juicios podría inscribirse en el rublo de «intriga judicial». En la novela policiaca contemporánea es fundamental la serie del abogado Perry Mason, creado por Erle Stanley Gardner en 1933, donde se mezclaba lo policiaco con lo judicial. «Un abogado sin reputación, sin ética y sin escrúpulos», el peligroso antagonista del fiscal del Distrito, como define a Perry Mason su autor. Su fama se redobló con el éxito de la teleserie interpretada por Raymond Burr entre 1957 y 1966.

Pero qué duda cabe de que fue la novela corta de Agatha Christie «Testigo de cargo» (1957), llevada al cine por Billy Wilder, la que popularizó el «legal thriller»: la intriga de suspense protagonizado por el personaje del abogado criminalista. El esquema de la intriga judicial permaneció inalterable hasta la aparición de John Grisham y su más famosa «Tiempo de matar» (1989), en la que combinaba la investigación de la violación de una niña negra con el juicio a su padre, acusado de asesinar al culpable. Los ecos de la prestigiosa «Matar a un ruiseñor» (1960) son más que evidentes, como el influjo de ambas en «Infamia», de Thomas Erikson. Sobre el fondo siniestro de una sociedad sueca desalmada y reglamentista destacan la insensibilidad de la justicia ante el hecho criminal de la violación en grupo de una joven, sometida mediante el juicio y la presión mediática a un nuevo ultraje público, y el esfuerzo de una policía, una asistente social y un fiscal por lograr una sentencia condenatoria de los violadores.

Un nuevo enfoque

La novedad que introduce el escritor es el personaje protagonista, Alex King, un psicólogo conductista especializado en lenguaje corporal y análisis de tipos de personas que ayudará a la víctima y al fiscal a replantearse el enfoque en su estrategia ante el juez y los abogados de la defensa para conseguir la condena de los violadores. Dicho punto de vista es ciertamente inédito. No es que Erikson se haya especializado en novelas de intriga legal, pero en «Infamia», segundo título de la serie de King, ha jugado con el subgénero y conseguido renovarlo al introducir un elemento muy original: un asesor o «coach» en emocionalidad y toma de decisiones. King es, como el autor, un prestigioso analista que decide asesorar a la víctima de una violación a controlar sus emociones y aplicar la interpretación de patrones de comportamiento frente a las argucias jurídicas en un juicio en el que se mezclan los hechos con la manipulación de los sentimientos. El objetivo del autor, muy bien argumentado y mejor tramado, es –según sus palabras finales–novelar «cómo se percibe a una mujer violada, cómo se la sigue culpabilizando, y cómo tendemos a cerrar los ojos ante la realidad. Y, además, cómo podemos llegar incluso a aplaudir al culpable por extraños motivos». Prima, como en toda intriga, el suspense, la indagación policial y el juicio en donde se resuelve el caso, pero analizando las relaciones de poder en el sistema y el corsé de su normativa. Que lo haga con la pericia de Erikson, introduciendo este novedoso personaje del analista, es meritorio, y aunque la trama adolezca de un exceso de sentimentalidad, «Infamia» resulta muy interesante.