Llega un nuevo capítulo para el folletín

Santiago Roncagliolo publica su nueva novela por entregas en internet, una tendencia que crece gracias a la red y que entronca con el siglo XIX

La cinematografía del siglo XIX era un capítulo escrito en papel. La imágenes iban y venían envueltas en hojas de diario y los lectores esperaban aquellas entregas periódicas con una ansiedad algo burguesa, acomodada, de mucho sillón y pipa reposada. El entretenimiento de esa centuria pasada fue un serial, unos «Soprano» del momento, pero de la mano de Dickens, Dumas, Stevenson, Balzac, Victor Hugo, Flaubert o Salgari. Ellos aportaban imaginación a esa revolución industrial, que fue un futurismo temprano de fábricas y clases indigentes. Sus narraciones daban a los lectores las grandes esperanzas que faltaban en una vida de enormes opulencias y miserias; los espadachines, lobos de mar, infancias urbanas y Richelieu de diverso calado moral que se necesitan para romper los corsés que anclan el alma al día a día y sacan la imaginación del salón.

El arte del suspense

La única manera que existía de conocer la Luna, el centro de la Tierra o viajar hasta el fondo del mar era encadenándose a las fantasías de estos amanuenses de sus propias aventuras. Sus historias sacaban a la población del enclaustramiento rutinario del té con pastas y del tedioso paseo dominical en familia. Internet ha recuperado esta forma de consumo literario. Esta manera de enganchar al lector al suspense del «qué sucederá en la próxima entrega», porque es en estos puntos suspensivos, en el «continuará», es donde asoma nuestra curiosidad ancestral, donde todavía se atisba la fascinación infantil que siempre han despertado en los hombres el cuento y la leyenda.

Santiago Roncagliolo ha lanzado el primer capítulo de su nueva novela, «Óscar y las mujeres» (Alfaguara), recobrando esta forma de consumo literario. Desde ayer, y a partir de ahora cada miércoles y viernes, quien lo desee puede descargarse el comienzo de su nuevo libro. «Será una experiencia diferente, más estimulante, para los que se acerquen a ella. Podrán tener la novela, que saldrá completa el 20 de febrero, antes de que llegue. Pero sobre todo se trata de jugar. Y ésta, además, es una obra juguetona, divertida. Yo he tenido una experiencia anterior haciendo un blog. Me gusta el contacto con el lector que proporciona la red, esa interactividad», asegura el novelista.

Su iniciativa no ha sido la única. En los últimos meses, en diferentes puntos de España, ya han surgido editoriales y plataformas literarias que promocionan a escritores y distintas novelas de esta manera. La idea, para variar, es una influencia exterior, proveniente de Estados Unidos y Europa, donde comienza a funcionar este consumo serial de las obras literarias. El lanzamiento de Kindle Serials es una demostración. Se han puesto diversos títulos. Se bajan a 1,99 euros cada uno. Pero no es el único. En España, B de Books, el sello digital de Ediciones B, está editando de esta forma «Apocalipsis», de Mario Giordano, que tuvo 100.000 descargas en Alemania. «El e-book permite esta clase de publicación –explica Lucía Luengo, responsable de este sello editorial–, y, también, cierta experimentación de precios y creaciones literarias que el papel impreso no permitía. La publicación de ficción por entregas es una de estas iniciativas que se pueden recuperar ahora. Es una clase de publicación más ágil y rápida que el libro tradicional. Pensamos que el ebook le va a dar una oportunidad a la publicación por capítulos. Además, en el mercado digital, lo que más está triunfando es la ficción, el "thriller"y las novelas históricas. Este tipo de géneros se prestan muy bien a la publicación por entregas. Por eso, creo que el público va a estar interesado en este formato».

Contra el bloqueo

Roncagliolo ha aprovechado su experiencia profesional en la televisión para la redacción de este libro, que homenajea el folletín y que, casualmente, se edita, en un primer momento, como los folletines (aunque ya la tenía escrita con anterioridad y, al terminar de publicarse todos los capítulos, saldrá editado en papel, igual que cualquier libro tradicional). «Yo trabajé durante una temporada en telenovelas. Me encantaba subir al autobús –comenta el escritor– y escuchar lo que decía la gente de los personajes sobre los que escribía. Unos los criticaban, pero otros hablaban bien de ellos. Me gusta que internet me dé esta posibilidad. Las telenovelas me dieron oficio. Es difícil que tengas bloqueos creativos. Estas series no son grandes obras porque hay mucha presión, mucho dinero y mucha rapidez, y hay que escribir rápido. Eso cambia en un libro. Tienes más ventajas, pero gracias a las redes sociales ya no necesito ir en autobús para saber qué se piensa de mis libros».

Lucía Luengo insiste en un punto. Leer por entregas se extenderá en el futuro. Esto es debido, según explica, a la coyuntura tecnológica en la que todos estamos inmersos en este instante. «También viene acompañado con una política de precios especial ceñida a una clase de publicación. La primera entrega es gratuita, porque queremos que el lector se enganche. Las siguientes costarán 1,49 euros, que es un precio asequible. Una vez completa, te puedes bajar la novela por 9,99, aunque por entregas sale más barato», comenta. Para ella, «es una tendencia que se va a quedar por el tipo de sociedad que vivimos. La lectura en formato electrónico va a crecer. Le va ganando poco a poco terreno al papel, que continuará existiendo, estando ahí. No desaparecerá. Pero ya existe un lector que solamente lee en formato digital. Y lo hace porque le gusta, no por la crisis. Eso nos indica que hay un cambio de hábitos».

Una compañía esperada

Escribir por entregas puede influir en un autor. Tanto en la concepción de su obra como en la estructura. Algo que parece no preocupar, sin embargo, a Roncagliolo. «Lo mejor que puedes decir respecto a una novela es que los lectores siempre esperen más, y en eso da igual si la redactas de golpe o la divides por capítulos. Si le haces esperar, demoras las entregas, haces que esas personas se muerdan las uñas. Es igual que cuando esperas la visita de unos amigos. Quieres verlos y lo deseas. Las entregas convierten a los personajes en eso, en la compañía». Pero lo cierto es que sí existen influencias. La historia es la prueba. En el siglo XIX, los escritores alargaban las historias. Las prolongaban en el tiempo. En la actualidad, un medio como internet inclina la balanza hacia los textos breves, de rápida lectura. Eso nos devuelve a las narraciones y fábulas de corto aliento, pero hondura, que también se publicaban con anterioridad en los diarios, como «El escarabajo de oro», de Edgar Allan Poe. La tesis la respalda Claudio López de Lamadrid, director editorial de Random House Mondadori, quien sostiene un punto de vista diferente sobre los libros que ahora salen a la venta por entregas. «Internet sí fomenta el formato corto. La lectura en la red es mucho más fragmentada. Eso favorece unos determinados géneros, como el relato y la poesía, que también tiene ahora su oportunidad. Pero creo que publicar por entregas en la actualidad es más una herramienta de marketing que otra cosa. Antes, incluso, se daba más que ahora». López Lamadrid cita «Sin noticias de Gurb», de Eduardo Mendoza, y «La sombra del águila», de Arturo Pérez-Reverte, que salieron por capítulos en periódicos. «Había bastantes cosas –prosigue–, sobre todo enmarcadas en el periodo de vacaciones. Ahora, vuelve. Me parece bien. aunque ya veremos la repercusión que tendrán. Mi opinión es que no marcará tendencia. Es una forma de comercializar».

Sin embargo, él se muestra optimista con el futuro que les espera a los textos breves. Lo hace partiendo de su propia experiencia como editor. En Randon House Mondadori ha lanzado dos sellos digitales, Flash, dedicado a la literatura, y Endebate, una colección digital dedicada al ensayo y la actualidad a través de artículos con un límite de diez mil palabras. «La literatura breve es más fácil que continúe desarrollándose en el futuro. Pero tampoco debemos descuidarnos de lo que está ocurriendo en la actualidad. Hay que observar la literatura infantil. Es el mundo de los futuros lectores. Y devoran libros de cuatrocientas o quinientas páginas. Ahí están "Los juegos del hambre", de Suzanne Collins, Harry Potter o George R. R. Martin».