Teatro

Manuel Galiana: «Me encanta poder descansar de mí mismo»

Ha recibido un emotivo homenaje por sus 50 años en los escenarios coincidiendo con el estreno de «Nostalgia del agua», de Ernesto Caballero, que representa en la Sala Arapiles 16 de Madrid.

Manuel Galiana
Manuel Galiana

Ha recibido un emotivo homenaje por sus 50 años en los escenarios coincidiendo con el estreno de «Nostalgia del agua», de Ernesto Caballero, que representa en la Sala Arapiles 16 de Madrid.

Se formó en la Escuela de Cine, pero fue el teatro y aquel mítico «Estudio 1» de Televisión Española lo que impulsó su ya larga trayectoria como actor. Manuel Galiana lleva 50 años sobre los escenarios, motivo por el que en octubre la universidad de La Rioja –UNIR– quiso rendirle un emotivo tributo en el estreno de la obra que ahora representa «Nostalgia del agua», de Ernesto Caballero, que protagoniza junto a Marta Belaustegui en la Sala Arapiles 16 –hasta el 3 de diciembre–. Una obra que durmió veinte años en un cajón, hasta que Jesús García Salgado –director– la rescató. Un teatro simbólico poco frecuente. En un merendero a la orilla de un pantano se encuentran una mujer y un hombre de vidas casi agotadas. Él, orgulloso pescador, huraño. Ella, misteriosa, no le gusta el silencio e inventa historias. Los une el rechazo a su realidad.

–En esencia, ¿qué es «Nostalgia del agua»?

–Una historia de amor. La de un hombre que no se atrevió a seguir con el amor y eso le ha traído encerrarse en la soledad. No quiso continuar con ella y se encerró cada vez más en sí mismo. Posiblemente tenía mucho cariño, pero le faltó valentía.

–¿Qué sepulta el agua?

–Los recuerdos, el pasado, como el pueblo bajo el pantano. Lo simbólico es el agua. Todos tenemos sepultadas muchas cosas, la vida va dejando un poso de recuerdos que, al removerlos, emergen como el cieno del pantano a la superficie. Eso le ocurre a este hombre, las historias, frustraciones, deseos... que ha ido echando al fondo, afloran ese día en su mente.

–¿Qué papel juega la música?

–Se alude mucho al ruido del agua, al viento ¿pero cómo transmitirlo? Con ese violín que suena... se traduce ese sonido de forma plástica y poética.

–¿Es complicada de interpretar?

–Difícil, por los diálogos, por cómo bucear y extraer lo emotivo para hacer surgir en el espectador sus emociones, que suban las aguas en el pantano de su memoria y se remuevan sus recuerdos. Cuando tienes un texto misterioso, poético, surrealista y bellísimo como éste, la dificultad es transmitirlo como fácil, con apariencia de verdad. Aunque la ficción debe de ser auténtica para que fascine.

–¿El público se siente afectado?

–Es importante que remueva sus recuerdos y sentimientos. Hay quien sale muy emocionado y nos espera para contarlo. Al teatro vamos a ver algo nuestro, esa es su función, poner al ciudadano frente a un espejo para que se reconozca en sus defectos y virtudes.

–¿La realidad es dura sin amor?

–Sin amor y sin compañía, la vida solo trae soledad y hay que tener una pasta especial para poder soportarlo, para saber llevarla, para poder vivir con ella y en ella. La obra habla de esa soledad. Hay mucha gente sola.

–¿El pasado siempre vuelve?

–El pasado lo escondemos, pero no desaparece y condiciona nuestra vida, nuestro presente.

–Hablando de recuerdos, 50 años de escenario dan para mucho.

–Muchos, cuando me comentan el tiempo que llevo me pregunto ¿De verdad han pasado 50 años? No me he dado ni cuenta.

–En octubre se le hizo un homenaje.

–Tuvieron a bien hacérmelo por mi trayectoria artística, que quise trasladar a mi origen en el Instituto San Isidro, donde empecé a estudiar teatro gracias a mi profesor de literatura, don Antonio Ayora. Allí me picó el gusanillo de ser actor.

–Ahora tiene su propia sala, Estudio 2. ¿Le gusta enseñar?

–Estudié Magisterio, aunque no ejercí. Me gusta bastante enseñar, transmitir mis conocimientos. No basta con querer ser actor, hay que tener cualidades, practicarlas y mejorarlas. Yo sigo aprendiendo como un principiante, como si estuviera empezando continuamente, no me ha abandonado la ilusión y sigo con ganas y fuerza.

–¿Fue un regalo?

–Me han dado premios, pero esta salita de teatro es de los mejores regalos de mi vida. Era un grupo que estudiaba conmigo y sin decirme nada, la encontraron, la prepararon y me dieron las llaves. Un día me encontré «Estudio 2 Manuel Galiana» un regalo para hacer teatro toda mi vida.

–¿Habría que introducir el teatro en los planes de enseñanza?

–Estoy convencido, soy un defensor a ultranza. No únicamente para ser actores, sino como formación para su vida. A nuestra sala vienen muchos colegios y es increíble su interés. Esa labor de los colegios es importantísima.

–¿Y en televisión?

–Creo que no, y mira que yo lo he hecho. Quizá de vez en cuando, pero el lenguaje televisivo ha cambiado y no todos los textos se adaptan. Todo va más rápido y el tiempo es otro.

–¿Qué es interpretar para usted?

–Ha sido y es mi pasión. Yo quería ser actor y vivir otras vidas. De pequeño quería ser muchas cosas y siendo actor puedo ser todo.

–¿Qué es lo que más valora de esta profesión?

–Que por unas horas dejo de ser yo. Me encanta (risas), es un descanso de mí mismo. El teatro es mi vida, el escenario, mi casa, por eso actúo con naturalidad, estoy en mi casa.

–¿Se imagina una vida fuera de los escenarios?

–No mientras el cuerpo aguante, ya que disfruto mucho. La experiencia es un grado y no hay que desaprovecharla.