Maravillosos dinosaurios

El Museu Blau acoge la reproducción a tamaño real del Spinosaurus, el carnívoro más grande que haya pisado la tierra, y vuelve a avivar la fiebre por estas criaturas

El libro «Todos mis amigos están muertos», de Jory John y Avery Monsen
El libro «Todos mis amigos están muertos», de Jory John y Avery Monsen

El Museu Blau acoge la reproducción a tamaño real del Spinosaurus, el carnívoro más grande que haya pisado la tierra, y vuelve a avivar la fiebre por estas criaturas

La semana pasada, descubríamos que los dinosaurios no rugían ni chillaban ni, por supuesto, hablaban con acento andaluz, sino que emitían sonidos sordos como las palomas, un «cu cu» con la boca cerrada, que no parece tan terrorífico como los alaridos del Tyranosaurius rex de «Jurassic Park». Que «cucurrasen» como las palomas, sin embargo, no los hace menos fascinantes, porque seguen midiendo 10 metros o más de largo. Y una paloma de diez metros da igual lo que diga, asusta igual.

Esta semana también se ponía en duda la razón última de su extinción y se hablaba que el asteroide que asoló la tierra hace 66 millones de años lo hizo, mira por donde, sobre una tierra rica en petróleo. Esto hizo que un hollín negro asesino acabase con estas criaturas, pero permitiera la supervivencia de memíforos y reptiles como los cocodrilos.

Esta teoría despierta las mismas dudas que la anterior, pero demuestra que la fascinación por estos gigantescos y prehistóricos monstruos no decrece. Por mucho que sepamos, sólo queremos saber más y más y más, aunque sólo sean teorías, o farsas directamente. Lo vital es que queremos que nos sigan contando historias, inventadas o no, sobre los saurios y nuestro pasado remoto.

El Museu Blau, por ejemplo, en el Fórum, acoge ahora una reproducción a tamaño real del Spinosaurus, el dinosaurio carnívoro más grande de la Tierra, que vivió hace 95 millones de años, medía 15 metros de largo y pesaba 6,8 toneladas, un bicho que seguía haciendo sólo «cumcum» con la boca cerrada para emitir sonidos, pero que daba más miedo que el mismísimo Tyrannosaurus rex, puesto que fue el primer gran dinosauri que se adaptó al medio acuático.

Esta gran reproducción del Spinosaurus, el gigante peridido del Cretáceo, es la pieza central de una fascinante exposición que se podrá visitar hasta el 26 de marzo de 2017. Organizada por la National Geographic Society, en colaboración con la Universidad de Chicago, la muestra incluye además fósiles de la colección propia del Museu de Ciències Naturals de Barcelona. El Spinosaurus, con un cráneo similar al de un cocodrilo, una inmensa cresta dorsal y patas posteriores cortas para desplazarse en el agua, vivía en el norte de África, zona donde se hallaron los restos, cuando el área era un inmenso delta fluvial.

Tras el mundo perdido

Este ansia de historias de dinosaurios se remonta al siglo XIX, con clásicos como «Viaje al centro de la tierra», de Julio Verne o «El mundo perdido», de Arthur Conan Doyle, que enfrentaban a los hombres por primera vez contra estas extraordinarias criaturas. En el siglo XX les cogió el relevo Edgar Rice Burroughs con la serie de Caspak y su «El país del tiempo olvidado». Luego vendría el cine con «King Kong» y no sería hasta el boom de la genética y la novela «Parque jurásico» de Michael Crichton, que se convertiría en fenómeno global con la película de Spielberg.

Aunque lo mejor de estas criaturas es cuando se humanizan, como en «Dimensión de milagros», de Robert Sheckley, en la que el protagonista regresa a una tierra en la que los dinosaurios hablan y cuando les dice que en el futuro se extinguirán, ellos se lo toman con mucha filosofía. O en el genial libro «Todos mis amigos están muertos», de Jory John y Avery Monsen, libro ilustrado donde todas las cosas extintas o en proceso de extinción lloran y nos hacen reir ante su destino. Aunque el mejor de todos, sin duda, siguen siendo los «Cuentos de dinosaurios», del añorado Ray Bradbury.