Obituario

Muere Raúl del Pozo, en lo más alto de la columna

El articulista ha fallecido a los 89 años

Raúl del Pozo sucedió en el trono como articulista a Francisco Umbral. Subidos a la columna del periódico, fueron los más grandes de su generación. Como periodista, Raúl del Pozo, que acaba de morir, ocupa más terreno que el autor de “Mortal y rosa”, un escritor irrepetible. Los dos son deslumbrantes, con una prosa encendida. Entre ellos se echaron flores, pero también hubo sus más y sus menos. De Raúl dijo Umbral: “Está muy clara la vocación de contar, de mirar y ver y escribir. Lo que más tiene del escritor es la pupila, y luego la frase infame que se queda como un relámpago en la noche de Madrid”. Como escritor su papel es menos relevante que como periodista, aunque tiene su mérito. Su cosecha es abundante. Arrancó con “Hay gorriones en la tumba de Judas”, destacó después con “Noche de tahúres” y terminó con “La primera Manhattan”.

El periodismo fue la primera vocación de Del Pozo, que ha ejercido durante más de cincuenta años, desde que, de muy joven, envió su primer original al “Diario de Cuenca”. Empezó de maestro de escuela en su tierra y ha acabado de maestro de periodistas. Era de pueblo, pero local sin paredes; o sea universal, abierto al mundo. Ha trabajado en la prensa, en la radio y en la televisión. Además de columnista, ha sido reportero, tertuliano, editorialista, corresponsal y enviado especial a acontecimientos especiales en medio mundo. Empezó en “Pueblo” y ha terminado en “El Mundo”, como un curioso reflejo de su vida: de pueblo al mundo, de su pueblo, Mariana, en Cuenca, al mundo: Moscú, Londres, Lisboa, Buenos Aires... un largo recorrido como corresponsal.

Presiones del gobierno socialista

Coincidí con él en “El Independiente”, como directores adjuntos, los dos, de Pablo Sebastián, hasta que la ONCE se cargó el periódico por presiones del Gobierno socialista el mismo día que yo enterraba a mi madre en Soria. Por eso no me olvido nunca. En ese tiempo comprobé de cerca que Raúl del Pozo llevaba el periodismo en la sangre y que era más inclinado a la camaradería que a la amistad. Siempre me pareció un hombre hermético en contra de lo que aparentaba. No era feo, ni católico, ni sentimental. La prematura muerte de su madre cuando era un niño pudo afectar, quizás, a su carácter.

Ha muerto coronado de premios, entre los que destacan el “González Ruano” y el “Mariano de Cavia”, y con el reconocimiento general. Le ha faltado poco para alcanzar la cresta de los 90 años. Nació el día de Nochebuena de 1936 con los españoles en guerra, matándose en el frente bajo la nieve, y se muere cuando hay insensatos que vuelven a promover un Frente Popular y a alzar muros entre las dos Españas. Raúl del Pozo, más amigo de las timbas que de las catedrales, perteneció al Partido Comunista de Santiago Carrillo, que no se portó bien con él y acabaron tarifando. También ejerció una crítica muy acerada contra Felipe González en la última etapa de éste como gobernante. Del Pozo se desenganchó a tiempo del comunismo y, a juzgar por sus columnas en “El Mundo”, ha muerto desengañado de la izquierda y preocupado por el rumbo de España en manos del sanchismo. Como buen periodista, ha defendido con uñas y dientes hasta el final su libertad e independencia. Espero que le haya acogido el cielo compasivo, en el que no creía.