Arteta, luces y sombras

XX Ciclo de LIED. Obras de Schumann, Strauss, Albéniz y Falla. Soprano: Ainhoa Arteta. Piano: M. Martineau. T. de la Zarzuela, Madrid.

La Razón
La RazónLa Razón

La soprano de Tolosa actuaba por primera vez en este ciclo. La voz, originalmente de soprano lírico-ligera, es ahora puramente lírica. El timbre, no específicamente bello, aparece dotado de cierta penetración y el color sigue siendo más bien claro, aunque se aprecia la madurez en la mayor anchura, no en graves, siempre débiles, sino en el centro y en un agudo quizá excesivamente metálico, dotado de un vibrato no muy atractivo, que por momentos puede llegar a ser levemente estridente y a romperse, lo que otorga al sonido una acritud no del todo agradable.

El fraseo es aplicado y la acentuación por lo común canónica. Las italianizantes seis «Baladas» de Albéniz fueron graciosamente dichas. No se evitaron pasajeras desafinaciones en cierres de periodo, un peligro que acecha a la soprano en ocasiones y que no desapareció del todo en las siete «Canciones populares españolas» de Falla, lo mejor de la velada por su parte. Observamos episódicos sonidos nasales, así en el cierre de «El paño moruno», escaso encanto en «Seguidilla murciana», estupenda elaboración en «Asturiana», adecuados melismas y discreto desgarro en «Jota», relativa delicadeza en «Nana», dicción mejorable en «Canción» y falta de amplitud, con graves escuálidos, en «Polo».

Hubo entendimiento del texto y una musicalidad innegable. Extrañó que Arteta, una intérprete ya consagrada, ofreciera un ciclo tan archifamoso como «Amor y vida de mujer» de Schumann sin apartar los ojos de la partitura. Escuchamos una versión plana, premiosa, relativamente efusiva. Con aciertos parciales, como la excelente ondulación de algunas frases o el intimismo logrado en ciertos pasajes del número 6, «Süsser Freund». Malcom Martineau estuvo atento, desgranando cada resquicio con el imprescindible toque poético.