Música

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Dylan es «la Voz»

Sinatra decía de la voz de Bob que se asemejaba al sonido de un chelo. Se conocieron en 1995 y conectaron rápidamente. Ahora el abuelo del country ha decidido tributarle un sentido homenaje, «Shadows in the night», un álbum con diez temas que reúne canciones antiguas del maestro, el «crooner» por excelencia, que escuchaba Dylan de pequeño. Las que le marcaron.

¿Bob Dylan cantando a Frank Sinatra? La aleación más improbable es un hecho. «Shadows in the night», que sale a la venta el martes, es el nuevo disco de Dylan
¿Bob Dylan cantando a Frank Sinatra? La aleación más improbable es un hecho. «Shadows in the night», que sale a la venta el martes, es el nuevo disco de Dylan larazon

¿Bob Dylan cantando a Frank Sinatra? La aleación más improbable es un hecho. «Shadows in the night», que sale a la venta el martes, es el nuevo disco de Dylan, quien vuelve a confirmar su naturaleza imprevisible con un álbum en el que rinde recuerdos al mejor «crooner» de la historia, y en el que interpreta varias canciones sentimentales con las que recordar los días en los que los sonidos de la radio llenaban la infancia del genio de Minnesota. Pero quien haya seguido la carrera de Dylan no debe extrañarse lo más mínimo de esta nueva vuelta de tuerca. Siempre mostró devoción por los cantantes melódicos y por los grandes compositores de la época clásica de la canción, tipos como los Gershwin, Irving Berlin, Rodgers & Hart, Cole Porter y demás genios. Durante su carrera, y ya fuera en disco o en directo, siempre ofreció recuerdos a aquellas viejas melodías. Aunque, naturalmente, siempre aportó su sello. Acertada o equivocadamente.

Como hace ahora también. Lejos de ajustarse a las reglas del género, Dylan prescinde de arreglos orquestales y vientos para refugiarse en la desnudez y calidez de su básica banda de seis elementos. No sólo eso, sino que graba a la antigua usanza, con apenas unos pocos micros, con el grupo reunido en un pequeño rincón y sin apenas «overdubs». A sus 73 años muy vividos, cuando se le compara con Frank, él responde con una pregunta: «¿Estás bromeando? Es todo un cumplido que me incluyan en la misma categoría que él», aseguraba días atrás a una publicación.

«Sólo había una manera de grabar estas canciones: en directo, en el suelo, con muy pocos micrófonos. Sin cascos, sin “overdubs”, ni cabina para grabar la voz, ni ‘‘tracking’’ por separado. Sé que es ‘‘a la antigua’’, pero para mí es la única manera posible de grabar canciones como éstas. A nivel vocal, canté a una distancia de seis pulgadas del micrófono», explicó Dylan a «AARP The Magazine».

Dylan y Sinatra se conocieron en 1995. La anécdota es memorable. Por entonces, la mujer de Sinatra, Barbara, se encontraba organizando un especial de televisión para el ochenta cumpleaños de su marido. Sinatra no tenía ninguna gana de hacerlo y mostraba su peor humor. No le iban estos agasajos comerciales. A Sinatra lo que le apetecía era pasar su cumpleaños con algunos de sus viejos amigos, beber unos cuantos vasos de whisky y retirarse en cuanto decayeran sus fuerzas, fuera pronto o tarde. A Barbara se le ocurrió que invitar a cenar a Bruce Springsteen y Bob Dylan podría poner de buen humor a Sinatra y, de paso, alejar a su marido de los vapores etílicos. Él aceptó a regañadientes. Los «rockers» se presentaron en la mansión de Sinatra y la temperatura se la reunión fue subiendo. Entre bromas, recuerdos y anécdotas, los tres músicos acabaron borrachos como cubas sentados junto al piano y cantando hasta el amanecer. «Son unos tipos geniales. Deberíamos invitarles más a menudo. Una vez al mes», le dijo Sinatra a su abnegada esposa. «Por encima de mi cadáver», gruñó Barbara para sus adentros.

Dos días después se celebró el insípido homenaje, que dio la razón a los presagios del interesado. Sinatra se aburrió como una ostra presenciando las actuaciones estúpidas de una nómina de artistas pésimamente elegida. Sólo pareció despertar de su letargo al escuchar la actuación de Dylan. Fue el único artista que interpretó una canción de su cosecha. Por expreso deseo de Sinatra, Dylan cantó «Restless Farewell», compuesta en 1963, una preciosa oda a la amistad y la lealtad, valores tan pegados al lomo de Sinatra a lo largo de toda su vida. La interpretación de Dylan fue de una delicadeza extraordinaria. «Me impresiona su tono de voz. Es como un chelo», diría «La Voz» del artista.

La mejor pieza del disco

En «Shadows in the night», Dylan se da el capricho de recordar estándares de la canción americana como «I’m a fool to want you», «Autum Leaves», «Where are you» o «The night we called a day». El peso musical lo llevan el contrabajo de Tony Garnier y el pedal-steel de Donny Herron, espectacular en los arreglos y llenando cada canción con sus golpes de viento. «Deja que la gente se haga preguntas / Deja que se rían / Deja que lo desa-prueben / Tú sabes que te amaré hasta que la luna caiga / ¿No te acuerdas que siempre fui tu payaso? / ¿Por qué tratar de cambiarme ahora?». Es lo que canta Dylan en «Why try to change me now», probablemente la mejor pieza del disco. «Soy sentimental / Por eso camino bajo la lluvia / Tengo algunos hábitos / Que ni siquiera puedo explicar». Es otro de los versos de la misma canción, palabras que vuelven a sonar sinceras en la gastada garganta de un hombre que durante más de cinco décadas ha mostrado mil facetas de su indescifrable carácter. Se puede decir que en cada disco hay un Dylan diferente, pero al final siempre es él mismo. Él ha elegido para este disco no sólo piezas que su agotada garganta todavía puede cantar, sino también textos que signifiquen algo para él. Es fácil identificar ciertas palabras con el estilo global de sus creaciones.

Arreglos de viento

No sólo eso, sino que a lo largo de los 35 minutos que dura el álbum, que contiene diez tema, aparecen otras referencias que van más allá de Sinatra. Por ejemplo, cómo no acordarse de Billie Holiday en «The night we call it a day». O de Dinah Washington cuando se escuchan los versos de «Where are you?»: «¿Dónde está mi corazón? / ¿Dónde está el sueño que empezamos? / No me puedo creer que nos hayamos separado / ¿Dónde estás?».

El disco sólo varía ligeramente de registro en su última canción, «Lucky old sun». Se trata de uno de los clásicos favoritos de Dylan, un tema que ya interpretó en directo en 1986 en la época en la que giraba con Tom Petty & The Heartbreakers. También hay versiones posteriores suyas en directo, ya dentro de su famoso Never Ending Tour. En «Shadows in the night», Dylan propone una versión de «Lucky old sun» llena de épica gracias a unos medidos arreglos de viento. Pero él nunca se excede con la voz y hasta se contiene, elevando el resultado de la interpretación. Un gran broche para un álbum que por momentos se eleva mucho más de lo pensado antes de anunciarse el proyecto, cuando todo parecía invitar al desastre. Ahora lo que toca es el Dylan sentimental, el hombre que a través de su querido Sinatra evoca las canciones de su lejana infancia, aquellas que asimilaba con deleite con la oreja pegada a la radio. Se puede olvidar lo que escuchaste hace dos horas, pero aquellos temas que oíste cuando tenías nueve o diez años siempre permanecen en el recuerdo. Es lo que le sucede a este Dylan, tan devoto y deudor de sus viejas influencias. «Sinatra nunca se ha ido. Todas esas otras cosas que pensábamos que se quedarían ya no están aquí. Pero él ha permanecido», sentencia.

Un amplio catálogo de influencias

Es fácil encontrar las influencias de Dylan si se sigue la pista de las canciones que ha prestado para diferentes discos de homenaje. En 1996, dirigió «Jimmie Rodgers, A Tribute», un proyecto para reivindicar la obra de un pionero del country & western que contó con la participación de estrellas como Bono, Van Morrison, Steve Earle y el propio Dylan. Más recientemente, hace tres años, guió los pasos de «The Lost Notebooks of Hank Williams» (en la imagen, el CD), reivindicando al gran genio de la música vaquera. Mientras, Dylan ha prestado su voz para discos de homenaje a Doc Pomus, Woody Guthrie, Sun Records y más autores que él consideró básicos en su formación musical. El pasado año sorprendió a todos con su participación en el tributo a Paul McCartney, en el que cantó «Things we said today», también trufado de estrellas. Aunque nunca su homenaje fue más explícito que el que ahora ha hecho para Sinatra.

Aullidos a la luz de la luna

Dylan no es ni mucho menos una excepción. A lo largo de las últimas décadas son muchos los artistas de pop que han grabado viejos estándares de la música popular americana. Muy reciente es el disco de Lady Gaga (en el centro) junto a uno de sus ídolos de siempre, Tony Bennett, titulado «Cheek to cheek». Por su parte, Paul McCartney grabó hace dos años «Kisses on the Bottom», con las canciones que llenaron su niñez. El viejo «rocker» escocés Rod Stewart ya va por el quinto volumen de «The great american song book», dedicados exclusivamente a viejos estándares a la manera más tradicional. También es reciente el disco «The Jazz Age», en el que el dandy Bryan Ferry evocó un estilo de música que siempre le cautivó. Mientras, artistas como Van Morrison, Elvis Costello, (junto a estas líneas) Sting, Bono, Graham Parker o Eric Clapton (arriba) no pierden la oportunidad de salpicar conciertos y discos con canciones asociadas a los estándares o los musicales. Es una forma de rendir homenaje a canciones que un día despertaron su emoción por la música.