El FIB recupera la gloria

Con las entradas agotadas para la jornada del sábado, Muse triunfa en el festival, que han visitado 170.000 personas

Matt Bellamy, voz cantante de Muse, durante la actuación de la banda el sábado
Matt Bellamy, voz cantante de Muse, durante la actuación de la banda el sábado

Con las entradas agotadas para la jornada del sábado, Muse triunfa en el festival, que han visitado 170.000 personas

Hacía tiempo que no se vivía una noche así en el Festival de Benicàssim. Más en concreto, desde 2011, la última vez que se agotaron las entradas en el FIB. La tercera noche, con Muse pletóricos y Disclosure lanzados, ya se veía que algo estaba sucediendo. Y ese algo eran 46.000 personas, la mejor cifra de asistentes en mucho tiempo. Melvin Benn, director general de Maraworld, la empresa propietaria del festival, resopló ayer en rueda de Prensa: «Es un día soleado y extremadamente feliz. Gracias a todos por tener fe en el festival y creer en él durante los tiempos difíciles».

Y es que desde ese año 2011 han pasado muchas cosas en el festival. Suspensión de pagos, problemas con proveedores, caída de la asistencia y programas mediocres. Sin embargo, la inyección de ánimo que ha recibido el FIB este año puede haber sido definitiva para su futuro. «No puedo esperar a ponerme a trabajar en la próxima edición», dijo Benn, que negó que la situación política de su país de origen, Reino Unido, pueda influir en el devenir del festival que celebrará su 23ª edición del 13 al 16 de julio de 2017 y para la que las entradas ya están a la venta. «Los ‘‘brexiters’’ (quienes votaron a favor de la salida de la UE) no saben lo que hacen. De todas maneras, en el corto plazo, no creo que el año que viene por estas fechas se haya aplicado la salida, y tampoco pienso que a largo vaya a tener efecto. Yo, por supuesto, lo desapruebo», dijo con cierto pesar.

- Fútbol y música

Benn es un hombre de consenso que mantiene unas excelentes relaciones con los políticos locales, que se ha ocupado de recuperar tradiciones señeras del festival (como el partido de fútbol de prensa contra artistas o rebautizar el escenario principal con el nombre de un paraje cercano) y se preocupa por detalles como atraer al equipo de fútbol de la vecina Villareal (de musical apodo: el submarino amarillo) a implicarse en el festival. «Me han dado una camiseta con mi nombre, así que deduzco que he fichado por ellos. Pero no me han dicho dónde se entrena», bromeó.

El caso es que la eventual salida de Reino Unido podría afectar al festival de muchas maneras. Este año, aunque la asistencia se ha equilibrado más, sigue siendo mayoritariamente anglosajona. Un 48 por ciento de los asistentes proceden de Inglaterra y Reino Unido, mientras un 46 son españoles. El 6 por ciento restante son mayoritariamente europeos. «Creo que ha habido un equilibrio y un entendimiento ejemplar entre los aficionados de cualquier procedencia», comentó como alegato europeísta. «Hacía años que no se veía esta fuerza y actividad», añadió la alcaldesa de Benicàssim, Susana Marqués, que apuntó que el festival deja 50 millones de euros en la localidad y contrata al 80 por ciento de su personal (1.300 empleos directos) en la zona, lo que lo convierte en un evento «más que rentable». Según sus datos, 15.500 «fibers» han acampado en los dos recintos dispuestos para ello (uno de ellos, junto al recinto urbano) y el resto han ocupado el cien por cien de las habitaciones hoteleras de Benicàssim y Castellón.

En cuanto a lo musical, Benn calificó la programación artística de «una de las mejores de Europa sin duda». «Pasamos horas y horas hablando con artistas y sus representantes para hacer el cartel cada año. Y creedme, los mánagers son una clase de gente muy muy difícil. Intentamos que haya un equilibrio de géneros y de perfiles de público, pero las cosas no son como antes. Ahora el público no es un aficionado excluyente que le gusta un estilo y no los demás. La audiencia ya no está segregada y eso lo podemos comprobar, simplemente gracias a uno de nuestros patrocinadores, Spotify. Cuando uno mira lo que escucha la gente, se da cuenta de la diversidad de los gustos», explicó. Y así es como ha funcionado el FIB este año, como una larga lista de reproducción en la que se podía pasar del dubstep (Major Lazer) a la electrónica (The Chemical Brothers), el rock épico (Muse) y el rap (Kendrick Lamar).

Épica y clase

A Muse es fácil cogerles manía, pero en el FIB estuvieron colosales. Sometieron y levantaron al público a partes iguales con «Psycho», «Plug in Baby», «Hysteria» y «Supermassive Black Hole» y «Nights of Cydonia». Cualquier acumulación de superlativos sería insuficiente para describir la hipérbole de su sonido. Muchos miles se habían acercado para verles exclusivamente a ellos y todos se fueron contentos aunque racaneasen 20 minutos de concierto. Disclosure apabullaron también, pero por otro camino, el de la elegancia de su pop electrónico. Demostraron que el festival no se había equivocado al encargarles un puesto de honor en el día grande. Un día que tuvo también las grandes actuaciones de Echo & The Bunnymen, Neuman y Delorean, que ya se sabe: si fueran británicos...