El gran circo del Primavera Sound

En 15 años se ha convertido en el festival más importante de España y multitudinario testigo de cómo el «indie» se hizo industria

Los Planetas, grupo fetiche de la sección nacional del festival, en 2013
Los Planetas, grupo fetiche de la sección nacional del festival, en 2013

La primera actuación de la historia del Festival Primavera Sound, en 2001, fue de Sr. Chinarrro, uno de los pocos supervivientes que quedan hoy de la primera generación del «indie» nacional. Aquellos grupos de la primera hornada, contemporáneos de Antonio Luque, muy pocas veces cobraron royalties de sus discográficas –o si los cobraron no fueron pagos justos, sino limosnas– y nunca salieron a tocar fuera de España. También es cierto que pocos sellos hicieron caja, y que no era lo más importante: sólo el hecho de grabar y publicar un disco resultaba ya una proeza para cándidos amateurs. En 2015, la sensación de la programación nacional del festival son Mourn, un grupo de chicas jovencísimas, que a los 19 años tocan mejor que casi todas las bandas del génesis de nuestra escena independiente. Las Mourn ya han hecho gira por Europa y América, y su disco de debut lo publicó Captured Tracks. En el periplo que hay de Sr. Chinarro a Mourn se puede hablar del tránsito a la «profesionalización del “indie” nacional», según asegura Abel Suárez, programador del Primavera Sound de Barcelona, que celebra el próximo mes de mayo su 15ª edición como testigo y agente de este cambio. Quizá su mastodóntico crecimiento sea la mayor evidencia de que el «indie» ha pasado de ser un pequeño circo a una potente industria.

Los cumpleaños deprimen porque empujan al inventario espiritual, y con la ocasión del Primavera es obligatorio echar una mirada a la escena española. El reciente «Pequeño circo. Historia oral del indie en España» (Nando Cruz, Editorial Contra), contaba las desventuras (y egomanías, desparrames y torpezas) de los grupos pioneros del «indie» desde finales de los ochenta. Para hacerlo, el libro toma prestado para su título «Pequeño circo», como la metáfora de ese patio de vecinas que era la escena española, esos cuatro gatos a los que Sr. Chinarro, precisamente, cantaba en su primera referencia, de 1993, y a quien Cruz roba el título para su libro, cuyo contenido y conclusiones aún colean.

Grupos exportables

Sin embargo, el volumen detiene el relato con el cambio de siglo. Para entender lo que ha pasado después, Suárez (Dj Coco), que lleva 21 años trabajando como programador de grupos nacionales, habla de un cambio de actitud. «Hasta hace diez o cinco años era impensable que un grupo español fichase por una discográfica extranjera, y en los últimos tiempos hemos visto eso varias veces. Antes no quería decir la palabra profesionalización, porque puede sonar demasiado contundente, pero, de repente, hemos empezado a ver grupos españoles que tienen una actitud y una visión de lo que quieren hacer y de adónde quieren llegar que está más trabajada. No sé si se ha perdido la vergüenza, el miedo, o que son otros tiempos, pero algo ha cambiado», comenta Suárez, que trabaja con el equipo fundacional del Primavera Sound, antes incluso de que la marca existiera, y cuando no podían imaginar que llegarían a tener la dimensión actual. «Somos un poco posteriores a la primera ola del “indie”, aunque antes del festival hacíamos otro formato en salas por donde pasaron Penélope Trip, El Regalo de Silvia o Bach is Dead, todos esos grupos. Después, con el nombre de Primavera, durante los dos primeros años vinieron Manta Ray, Los Planetas y Sr. Chinarro, que ya eran grupos que tenían cierto número de seguidores y estaban bastante establecidos. A partir de ahí, nuestro trabajo se ha centrado en dar a conocer grupos que no estaban siendo tan importantes, potenciarles y darles a conocer», explica Suárez, que se deja por el camino las apariciones de Nosoträsh, Chucho y La Buena Vida, verdaderas instituciones del «indie».

En estos años ha habido tiempo para reuniones esperadas por selectas minorías como la de El Inquilino Comunista o momentos que ya nunca se repetirán como ver a Morente y a Lagartija Nick interpretando las cumbres de «Omega». Son esos conciertos que, por acontecimiento o por nostalgia, mueven público. «Lo de Morente es un hito del festival, sin duda. Sentimentalmente. Hemos buscado algunos de esas referencias de una época siempre que ha habido una posibilidad de traerles. Sin embargo, para nosotros ha sido igual de importante estar atentos a lo que está pasando en el tiempo y lugar que haces el festival, es decir, Barcelona y su escena, y pensar también en el público que viene, mayoritariamente extranjero», comenta Suárez. Por eso, han elegido a artistas que ni siquiera habían publicado un disco, como Za!, Betunizer o Mujeres en su momento, una oportunidad que ya hubieran querido para ellos grupos que empezaban hace dos décadas. «Ahora tenemos que pensar en músicos que puedan ser exportables y que el público de fuera pueda entender». Los escenarios de la cita barcelonesa han sido testigos de algunos de los grupos nacionales que mayor éxito han logrado fuera recientemente, como El Guincho, Toundra, Delorean o grupos premiados en Europa como Guadalupe Plata. Es decir, que incluso se permiten la osadía de vender fuera «aunque muchos de esas bandas que hemos llevado, hoy ni existen. Tampoco nos parece un problema, porque con las extranjeras pasa lo mismo. Sabemos que algunos son efímeros, pero primamos la novedad y corremos el riesgo. Si una propuesta nos parece atractiva, dejamos constancia de ella», explica. «No quiero dar nombres, pero grupos de aquí que van a otros festivales no tendrían sentido porque al público de fuera no le interesan. Es más coherente», señala mientras flotan en el ambiente los nombres de Vetusta Morla, Love of Lesbian o Lori Meyers. Si hay que citar una referencia nacional del festival, Suárez lo tiene claro: Los Planetas «son muy grandes y han venido cuatro o cinco veces».

En la primera edición asistieron poco más de 7.000 personas al festival, que bajó del Poble Espanyol a la ciudad en 2005, y el año pasado, 190.000 firmaron el récord de visitantes a un evento que no ha dejado de crecer en superficie hasta albergar los 16 escenarios actuales. El precio de las entradas ha pasado de las 5.000 pesetas de la primera edición, a los 52 euros de la segunda y a los 185 euros que cuesta hasta el 4 de mayo el abono de este año. El presupuesto de este evento ronda los 10 millones de euros. Sin embargo, hay cosas que no cambian, y este año probablemente haya debate sobre la representación nacional de grupos. «Nosotros creemos que hacemos una selección bastante equilibrada y así seguiremos», señala Suárez, que no vive como una frustración encargarse de la parrilla doméstica del festival internacional por excelencia. Para algunos, no van suficientes grupos catalanes mientras otros se preguntan con quién demonios habrán empatado esos tipos de Girona para estar tocando en este festival. «Si, la moda es que cada año haya no una, sino varias polémicas. Yo, hasta hoy, no he entendido ninguna», dice Suárez. Eso es porque, por muy adulto y muy grande que se haga el «indie», en el fondo, sigue siendo un pequeño circo.

Un sello, misma filosofía

Aunque el consenso es que la música en directo da (algo de) dinero y la grabada es una ruina, en el festival de Barcelona se lanzaron a devolver a la música algo de lo que ésta les ha dado, y así pusieron en marcha el Segell del Primavera, un sello que ya edita a 15 artistas y que está a punto de editar el nuevo EP de Los Planetas, titulado «Dobles fatigas», aunque no se sabe nada de un disco largo. «Creo que no lo tienen preparado. Hay que esperar a ver qué deciden, con ellos hay que dejarles hacer», señala Abel Suárez, que también se encarga del sello. Joana Serrat, Grupo de Expertos y Standstill son algunos de los nombres de su catálogo al que se acaba de incorporar otra vieja conocida, Christina Rosenvinge.

Una sopa de letras

En el cartel del festival cada año hay menos espacio para ilustraciones. Textos cada vez más abigarrados para dar cabida a jornadas maratonianas de música. Entre los hitos principales, la visita de LCD Soundsystem (2003), el debut de Franz Ferdinand y Wilco en España y el regreso de Pixies (2004), la primera visita de Arcade Fire (2005), las actuaciones de Mötorhead, Jaume Sisa y Lou Reed el mismo año, 2006, el supergrupo The Good, The Bad & The Queen (2007), Enrique Morente (2008) y Neil Young (2010).

El detalle

La novena visita de Shellac

Sí, este año también. Shellac, el grupo del productor Steve Albini, vuelve al festival por novena vez en quince años. Son los más reincidentes de la historia del evento, a pesar de que hay unos cuantos grupos fetiche en los gustos del Primavera Sound como Sonic Youth, Wilco, o Patti Smith, que también repite interpretando su disco «Horses», en un cartel mayoritariamente foráneo en el que se estrenan The Black Keys y que hay que leer entre líneas para no perderse algunas actuaciones de calidad. Por ejemplo, la vuelta a la escena de bandas como The Replacements y Ride, y el cumpleaños de The Strokes, que también soplan 15 velas. Interpol, Eels, Alt-J, Anthony & The Johnsons, Sleater-Kinney, Belle & Sebastian, Damien Rice, Einstürzende Neubaten, Swans o James Blake completan los principlaes nombres extranjeros, verdadero combustible del festival. Exxasens, Los Punsetes, The Suicide of The Western Culture y Marc Piñol son algunos nombres de la sección nacional de 2015.