«El rey Kandaules», ópera de interés

Crítica de clásica / Temporada del Maestranza. De Zemlinsky. Peter Svensson, Martín Gantner, Nicola Beller Carbone, etc. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Manfred Schweigkofler, dirección escénica. Pedro Halffter, dirección musical. Teatro de la Maestranza. Sevilla, 24-VI-2016.

La Razón
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«El rey Kandaules» es una obra prácticamente desconocida para todos. El autor de «Una tragedia florentina» y «El enano», dos títulos representados con anterioridad en el Maestranza, dejó inconclusa esta ópera. De hecho, sólo llegó a componer 846 compases del primer acto, ya que tuvo que huir de Austria y refugiarse en Nueva York, donde hubo idea de acabarla y estrenarla. No pudo ser, entre otras cosas por su argumento con exceso de insinuaciones sexuales. El propio compositor redactó el libreto basándose en la pieza homónima de André Gide, en la que se mezclan exhibicionismo y voyeurismo de forma demasiado atrevida para el público americano de mitad del siglo pasado pero muy actual hoy día a pesar de provenir su argumento del 700 a.C. ¿Cuando Kandaules exhibe desnuda a su mujer ante un amigo lo hace por generosidad o para excitarse? La partitura fue completada por el director y musicólogo inglés Antony Beaumont y se estrenó en Hamburgo en 1996 con Albrecht en el foso, para pasar luego a Salzburgo en 2002 con Nagano y el propio Beaumont la dio a conocer en concierto en 2005 en el Festival de Canarias. La obra, de unos 150 minutos, subyuga de principio a fin por sus valores dramáticos y musicales. Funciona bien escénicamente, aunque el primero de los tres actos pueda pesar algo. Musicalmente resulta ecléctica, escuchándose a Debussy, Bartok, Wagner o Strauss y por momentos recuerda la «Francesca de Rimini» de Zandonai; por cierto, ópera en la que Pedro Halffter haría bien en pensar. A Zemlinsky le sucede un poco lo que a Sibelius o Rachmaninov, que sus músicas fueron por detrás de otros compositores incluso anteriores, pero indudablemente los tres escribieron obras maestras. «El rey Kandaules» no llega quizá a ello, pero reúne interés. Otra cosa es que un teatro en crisis se la pueda permitir en su programación arriesgándose a no completar el 75% de su aforo. El público de la tercera y última función siguió la obra sin desmayo y la ovacionó largamente a su final, muy especialmente a Pedro Halffter, que realizó un trabajo magnífico en el foso. A veces sucede que director y orquesta pueden alcanzar resultados brillantes a causa de la tensión existente entre quienes no comulgan. Es lo sucedido en este póstumo Zemlinsky que contó con la eficaz puesta en escena que realizara Manfred Schweigkofler en Palermo en 2012 y también con un muy digno reparto, encabezado por el tenor Peter Svensson, el barítono Martín Gantner y la soprano Nicola Beller Carbone, quien llenó la escena con su actuación. Cierto es que los tres papeles hubieran agradecido un mayor peso vocal – Nina Stemme cantó en Salzburgo–, pero ello no empaña el resultado de una producción de un título cuya programación ha de agradecer al Maestranza todo buen aficionado.