El viaje íntimo de Kaufmann

Crítica de clásica: temporada del Liceo. Ciclo de Lied. «Winterreise» de Schubert. Jonas Kaufmann, tenor y Helmut Deutsch, piano. Gran Teatro del Liceo. Barcelona, 28-III-2014.

Jonas Kaufmann, en el recital que ha ofrecido en el Liceo
Jonas Kaufmann, en el recital que ha ofrecido en el Liceo

Tras su presentación hace unos meses en el Carnegie Hall y la salida del CD con «El viaje de invierno», tocaba su promoción por todas las capitales europeas. Recorrerá Ginebra, Berlín, Graz, Londres, París, Praga y Moscú, para terminar en La Scala de Milán el día 14. En Barcelona ha tenido lugar la primera cita. Como dato curioso, pero importante, hay que anotar que Jonas Kaufmann actuó a resultas de taquilla. El Liceo –2.200 localidades– estaba lleno hasta la bandera con las entradas de patio a 75 euros y las sillas añadidas a última hora en el propio escenario a 105. De esta forma ha logrado el tenor unos ingresos que jamás le hubieran podido pagar como caché. De hecho, es de suponer que el propio Liceo nunca pensó que podría producirse tal lleno. Buena parte del público acudió por el reclamo del nombre con más gancho de la actualidad, sin saber qué es lo que realmente iba a escuchar y así se desprendía de algunos comentarios en la puerta: «Con tíos así de buenorros me voy a aficionar a la ópera», «espero que cante ''Celeste Aida'' como propina», etc.

Y la cosa iba bien distinta, nada menos que el ciclo más emotivo y solitario que jamás se haya escrito. Venticuatro piezas breves en el caminar, en pleno invierno, de un desengañado de la vida a quien ya ni los sueños pueden calmar en su dolor. Tan sólo, quizá, ese organillero que se encuentra al final, para unos una esperanza, para otros la propia muerte, sin que ni letra ni música ofrezcan una respuesta. En los últimos años he escuchado bastantes «Winterreise» en el Teatro de la Zarzuela; me vienen a la memoria desde el maravilloso de Hampson de 2004 a los frustrantes de Schäffer y Henschel de 2006 y 2003, pasando por los de Goerne o Quasthoff y, algo más lejano, pero imborrable en el recuerdo, el de Fischer Dieskau con Brendel en Salzburgo. Hay muchas formas de aproximarse a este doloroso canto de soledad y muerte. La voz ideal para él es aquella para la que fue escrito, la de barítono, incluso la de bajo, constituyendo Hotter y el citado Fischer Dieskau referencias históricas. Gracias al propio Kaufmann, que me la hizo escuchar tras el recital en su iPhone, acabo de descubrir la de Lotte Lehmann. Así es como él, con su voz de tenor de timbre oscuro, la siente. Lectura muy intimista, que habrá desconcertado en el inicio a quienes acudieron a escuchar un despliegue vocal, con algunas frases musitadas más que cantadas, sin que ello quiera decir que en momentos como «En el río» no mostrase todo su poderoso caudal vocal. Preciosa «La Corneja», conmovedor «El tilo», amenazador «Sueño de primavera», modélico «El indicador del camino», potente el «Ánimo»... En fin, desolador pero con un punto esperanzador.

«¿Quieres acompañar mis canciones con tu zampoña?». El público quedó boquiabierto, entusiasmado. Las modulaciones de mayor a menor en la partitura, las gradaciones dinámicas, el color en cada palabra emitida por un Kaufmann entregado a la historia sin perder el control racional y el cuidadísimo acompañamiento de Helmut Deutsch hacen de este ciclo, que puede disfrutarse en CD, uno de los grandes. Y ello a pesar de ser interpretado por un tenor. Como en el caso de anteayer con el Boccanegra de Domingo en Valencia, sólo es posible cuando se trata de artistas de verdad. ¡Qué placer escuchar a estos dos grandes en días sucesivos!