La Frontera: «Con hambre se compone mejor»

Javier Andreu y Toni Marmota cumplen 30 años al frente del grupo, editan una caja recopilatoria y piensan ya en nuevo disco

Conocieron la gloria y las vacas flacas, pero La Frontera no es como los demás grupos, que sucumben ante las adversidades: llevan tres décadas ininterrumpidas de oficio musical, haciendo canciones y tocando en directo. Javier Andreu y Toni Marmota han facturado éxitos como «El límite» (ya saben, del bien y del mal), «Judas el miserable» y «Cielo del sur» a lo largo de 12 discos de estudio, y ahora regresan a Universal Music, sello con el que publican una caja recopilatoria que incluye el concierto de 30 aniversario, grabaciones originales remasterizadas y un DVD con videoclips y un documental. Y siguen en la carretera: tras tocar en Barcelona, Zaragoza (20 junio), Ronda (27), Málaga (4 de julio) y Madrid (12, en los Veranos de la Villa). Comienza contestando Javier, y después se suma Toni.

–¿Imaginaban una carrera tan larga?

–Javier Andreu: Hemos vivido día a día, sin mirar al futuro. Nunca nos lo hemos planteado aunque siempre he creído que me iba a dedicar a esto toda la vida. La Frontera es el grupo de mi historia, aunque jamás me planteé que fuera a durar tanto. Y duraremos más de 30 años.

–Seguro, ¿no?

–J. A.: Sí, estamos grabando un nuevo disco.

–No dejan lugar a la nostalgia.

–J. A.: Nos encanta componer. Aunque estemos con este homenaje, lo importante siempre son las canciones nuevas.

–Para que un grupo siga vivo.

–J. A.: Es el mejor estado, el de estar componiendo. Porque la paz interior y la alegría que te invade después de escribir una canción es inigualable. Es la sensación más poderosa que existe.

–Tenía entendido que les gustaba mucho el estudio.

–J. A.: No creas, después de dos meses haciendo este disco, ni se me pasa por la cabeza hacer otro. Es muy duro, se fuma mucho (risas). Espero que el próximo trabajo lo produzca alguien y yo me pasaré de vez en cuando para cantar (risas).

–¿No es duro dejarle a otro el control sobre la obra que has escrito?

–J. A.: Bueno, me pasaré para supervisar, pero si lo dejas en manos de alguien, es así: él manda.

–Han tenido buenas experiencias con eso pero a veces no tanto.

–J. A.: En algunos casos, las producciones han resultado muy comentadas, como la que nos hizo Jesús Gómez, aunque al mismo tiempo para mucha gente sí que fue una buena experiencia. Lo cierto es que nos llevó a ser número uno, a pesar de que no era nuestro sonido. Y, sin embargo, supo sacar brillantez a las guitarras y la verdad es que hizo un buen trabajo.

–Su seña de identidad es un estilo muy americano.

–J. A.: Para nosotros fueron una referencia las películas del Oeste y Ennio Morricone, aunque, al mismo tiempo, éramos punks. Y todo eso pasado por Dylan. Esa es la fórmula, bien agitada.

–Grupos actuales siguen haciendo ese estilo.

–J. A.: Claro, es un sonido a lo Tarantino que continúa vigente. Pienso que si la música dice algo y tiene connotaciones que llegan al alma, eso siempre es actual. Imagino que será por eso. También creo que no se hace música romántica, y las nuestras son canciones que hablan de sentimientos.

–En 30 años hay altibajos, pero ustedes nunca han parado ¿tampoco han tenido tentación de dejarlo?

–J. A.: No, ni siquiera tiempo para pensarlo.

–¿Y la tentación de dejar de tocar «El límite del bien»?

–J. A.: En absoluto, porque nos gusta la canción y no somos de esos artistas a los que no les agrada tocar sus temas grandes. Nunca nos ha pasado. Ni tampoco con «Judas el miserable».

–En el Madrid de la Nueva Ola, donde comenzaron, su estilo era poco corriente. ¿Se sentían bichos raros?

–J. A.: Creo que somos los hijos pequeños de La Movida, y que inventamos una versión española de algo que no hacía nadie en ese momento, que era rock americano.

–¿Qué echa de menos de esa época musical?

–J. A.: La variedad. Derribos Arias no tenía nada que ver con Parálisis Permanente.

–Consiguieron un éxito arrollador con «La rosa de los vientos».

–J. A.: Lo vivimos inconscientemente. Éramos un grupo de chavales felices en una furgoneta. Con ese disco pasamos de tocar para «rockers» a llegar a todo tipo de gente; de repente, venía todo el mundo, incluso chicas.

–Luego hay que aguantar tres décadas así.

–J. A.: La fórmula es, cada año o cada dos, sacar canciones. Porque, si no, entras en un estado de idiotez que no es recomendable.

–¿Ordena pensamientos?

–J. A.: Me ayuda a ser feliz.

–¿Cómo resistieron a las vacas flacas?

–J. A.: Ahí es cuando más se componen canciones. Hay que ponerse a trabajar. Cuando tienes un poco de hambre, te viene muy bien componer. Es lo que les pasa a los poetas y pintores.

–Dicen eso del Siglo de Oro español.

–J. A.: Claro, y surge la picaresca. Cuando no tienes ni un duro, escribes como un loco. Se compone mejor en crisis.

–Cantan «Poco talento en los estados de la Unión y mucho dinero en el ‘‘saloon’’».

–J. A.: Exacto, eso habla de los americanos, aunque se puede aplicar a estos tiempos.

Se incorpora Toni Marmota a la conversación.

–¿España es como un western?

–Toni Marmota: Sí, y muy mortadelesco (risas). A veces también parece un poco «sálvese quien pueda».

–¿Dan ganas de salir corriendo?

–T. M.: Yo confío mucho en el ser humano y creo que hay gente buena en todas partes.

–¿Es fácil envejecer en el rock?

–T. M.: Pensamos que es un orgullo, que jamás nos lo habíamos imaginado.

–Se puede seguir haciendo rock desde la madurez.

–T. M.: Por supuesto, como los Stones, que son unos héroes para mí.

–Hay quien los critica por la forma de vestirse o por hacer caja.

–T. M.: Yo les veo naturales, como son ellos.

–Siguen ganándose la vida de gira.

–T. M.: Imagínate, nosotros vivimos la edad de oro de la industria discográfica, cuando era más importante en España que la del automóvil... No hace falta que te diga que eso es hoy muy diferente.