Música

La doble vida de Prince

Era la noticia más esperada ayer: saber el resultado de la autopsia realizada al cuerpo del rey púrpura. Sin embargo, las causas de su muerte siguen siendo un misterio y se facilitarán a su familia una vez que los exámenes toxicológicos sean concluyentes, lo que podría demorarse días. Todo apunta a que las drogas sí podrían haber tenido que ver en la súbita muerte de Prince

ÚLTIMA IMAGEN. Prince, la tarde antes de su muerte, acudió a un establecimiento Walgreens para comprar un medicamento (Foto: Julián Pérez de la Morena)
ÚLTIMA IMAGEN. Prince, la tarde antes de su muerte, acudió a un establecimiento Walgreens para comprar un medicamento (Foto: Julián Pérez de la Morena)

Sudoroso y vestido de negro entrando en una farmacia. Es la última imagen del artista. Vegetariano convencido y preocupado por su salud, no pasaba por un buen momento. Allí pidió la tarde antes de morir un fármaco. Serán los resultados toxicológicos los que determinen la causa exacta de la muerte

El entorno de Prince prefiere guardar silencio. La autopsia comenzó ayer a las nueve de la mañana y según la Oficina del sheriff de Minnesota se prolongó durante cuatro horas. Por el momento, no hay conclusiones, pues se está a la espera de recibir los exámenes toxicológicos. «No hay razones para creer, en este momento, que se trató de un suicidio», aseguró el alguacil del condado de Carver (Minesota), Jim Olson, quien confirmó que el cadaver no presentaba ningún tipo de traumatismo. Se ha solicitado, además de su historial médico, el de su familia. Todo apunta a que los resultados no se conocerán hasta que no haya lugar ni el menor resquicio de duda, y que se podría prolongar durante varias semanas. Prince, testigo de Jehová, no tomaba drogas, ¿cómo es posible que se esté hablando de que días antes de fallecer tuvo que ser tratado de una sobredosis? El portal TMZ lo avanzaba ayer: «sobredosis por opiáceos» el pasado 15 de abril.

Minutos después salía a la luz la última foto del artista con vida: delgadísimo, vestido de negro, con un gorro que le cubría la cabeza había comprado un medicamento en un establecimiento Walgreens cercano a su residencia de Minnesota. Siempre hay un testigo cerca. Lo vio y reconoció: «Era él, no nos cabe duda. Se le notaba tembloroso, vacilante y no presentaba buen aspecto. Sudaba y nos alertó. Se movía mucho, estaba como intranquilo e impaciente», recogen diferentes medios horas después de la historia tremenda de su deceso, quién sabe aún cómo, y cuyas circunstancias están todavía lejos de aclararse, a pesar de que la autopsia se haya realizado ya. No era la primera vez sino la cuarta en que visitaba el establecimiento en la presente semana, lo que indica que su estado de salud era preocupante.

Una llamada temprana poco antes de las diez de la mañana del jueves alertaba de un hombre boca abajo que no respiraba. Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar, la imponente casa del maestro del pop, una fabulosa mansión en Paisley Park, poco pudieron hacer por reanimarle. Apenas certificar una muerte anunciada. «Es lo que llamamos ‘‘Death On Arrival” (muerte al llegar). No pudimos salvarle la vida», comentan desde los servicios médicos. Llamó un hombre que apenas acertó a pedir ayuda. En la transcripción se puede leer que sabía que se encontraba en el domicilio del cantante, pero ignoraba la dirección, fue, todo lo apunta así, quien lo halló muerto. «Tranquilícese. ¿Tiene alguna manera de comprobar la dirección? ¿Está usted en Minnesota?», le pregunta Emily Colestock desde el 911. El hombre, visiblemente nervioso, deja el teléfono a una mujer que confirma el domicilio y lo cede de nuevo al varón. Los servicios de emergencia hablan con el personal médico, aunque parece que es demasiado tarde. Se desconoce el motivo del fallecimiento, aunque algunos medios, entre el «The New York Times», apuntan a una «muerte súbita».

La noticia dejaba helado a medio planeta: «Prince, encontrado muerto a los 57 años». Horas después se conoció que el lugar donde fue hallado era... un ascensor. Una manera extraña de morir para una luminaria. Un shock tras otro. Un rosario de dudas que se agolpaban en las redacciones. ¿Cómo y de qué? Las preguntas aún no tienen respuesta. Se habló de una gripe mal curada como su causa. Es lo primero, y lo único también, que han dejado escapar sus representantes. Poco más han dicho después. Los últimos días de su vida fueron movidos: cancelaciones motivadas por una maldita gripe incluso un aterrizaje forzoso con su avión privado para llevarle de regreso a casa sólo cincuenta minutos después de haber levantado el vuelo, pues su salud había empeorado. En aquel momento fue conducido a un hospital en Moline, Illinois. La causa, según apuntan desde el portal TMZ, podía haber sido la ingesta de percocet, un analgésico que combina paracetamol y oxicodona y que crea adicción. Desde su entorno apenas se dijo que «estaba bien y no había que alarmarse». La maldita gripe, quizá.

Sin embargo, ayer, se apuntaba desde TMZ a un fármaco para tratar la citada sobredosis de opiáceos (la que obligó al piloto a regresar al punto de partida en pleno vuelo), naloxona, con efectos secundarios como la somnolencia extrema o la pérdida de conciencia (la muerte comienza a tener tintes similares a la de Michael Jackson), algo que chocaría con la ilusión que había depositado en su gira y que le había llevado a escribir un contundente «estoy transformado» en su cuenta. Su último tuit es del día 18. Apenas la imagen del cartel. Prince sentado al piano, con la cabeza hacia atrás. Las entradas estaban a la venta (y su importe, para quién ya las hubiera comprado, se devolverá) y él, de puertas para afuera, se mostraba excitado. El día 16 organizó una fiesta en su estudio. Era una manera de agradecer a sus fieles seguidores que estuvieran allí para animarle. Subió alguna foto a internet del momento. A él no se le vio. Quería mostrarles su nuevo piano púrpura Yamaha y una guitarra hecha para él en Europa. Según el crítico Jon Bream, cuyas declaraciones recoge «Minneapolis Star Tribune», «nunca tuvo la intención de actuar, sino de disfrutar, pues no había micrófono de pie junto a su piano. Simplemente quería demostrar que los alarmantes informes sobre su salud no eran tales y que estaba en forma».

¿Por qué había decidido empezar a escribir sus memorias? Quién sabe si presentía el fin cercano, lo cierto es que llevaba medio centenar de páginas adelantadas. La fecha de salida estaba prevista para el otoño de 2017, aunque hoy todo queda parado. De momento. «The Beatiful Ones», que ese era el título de las mismas, tendrá que esperar. O quizá no. Su residencia se ha convertido ya en un santuario al que peregrinar, un lugar en el que los ramos de flores, las declaraciones de amor, los muñecos de peluche y las velas han tomado el lugar. Minnesota es Prince y su música se deja escuchar en una ciudad que literalmente le veneraba.

No contaba el artista con una salud de hierro, todo lo contrario. De pequeño padeció una epilepsia de la que se había recuperado (su madre le contó una vez que un ángel le dio a ella la buena nueva de que estaba curado, algo que el propio Prince creía porque venía de su progenitora, pero que él jamás recordó) y su maltrecha cadera había tenido que pasar en dos ocasiones por el quirófano. Tanto tacón de aguja le pasó factura a quien cuidaba hasta el extremo los alimentos que ingería. Era vegetariano y en 2006 elegido el vegetariano más sexy del planeta.

Las redes se llenaron de condolencias. El actor Will Smith comentaba en 140 caracteres que la noche antes de su fallecimiento había hablado con él por teléfono, mientras que la canción más compartida del genio negro no era «Purple Rain», como se podría esperar, sino una versión de «Creep» de Radiohead en la voz de Prince. «¿Qué demonios hago aquí? Yo pertenezco a otro lugar», dicen algunas frases de la canción. ¿Premonitorio, quizá?