Teatro

«La valquiria», una lectura inmensa

«La Valquiria». de Wagner. N. Schukoff, S. Milling, T. J. Mayer, H. Melton, J. Wilson, E. Kulman, etc. C. Pedrisa, dirección de escena. Z. Mehta, dirección musical. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Palau de les Arts. Valencia, 9-IX-2013.

Los vítores no cesaron a pesar de haberse sobrepasado la medianoche. Una soberbia «Valquiria» ésta de Valencia
Los vítores no cesaron a pesar de haberse sobrepasado la medianoche. Una soberbia «Valquiria» ésta de Valencia

Los recortes que sufre el Palau de les Arts, superiores a los de otros teatros españoles, obligaron a cambios en el inicio de temporada que supusieron, gracias al buen carácter de Zubin Mehta, la reposición de «La Valquiria». La reacción del Palau, no ya a la crisis sino también a la imposición de «Los Miserables», deja las cosas mucho mejor de lo que podía esperarse, con la segunda jornada del «Anillo» y la «Traviata» en paralelo, en lo que supone una gran celebración del bi-bicentenario, sobre todo cuando la calidad es sobresaliente. Han pasado seis años desde el estreno de la producción, una de las más sólidas de las existentes en el mundo, que puede haber perdido parte del factor sorpresa e impacto visual porque la tecnología ha seguido avanzando, pero que aún resulta sorprendente en su sabia mezcla de tradición romántica y modernidad. Además, lo que es primordial pero infrecuente ayuda a contar el libreto.

El inicio no puede ser más espectacular y emocionante. Una estupenda proyección que ocupaba completamente la escena nos transporta a toda velocidad, sobre los acordes graves de la cuerda, a una huida en un bosque. Aparece una figura humana y aparece un lobo. «Lobo llamaban a mi padre y lobezno me llamaban a mí», confiesa Siegmund en seguida. La Fura se ha estudiado el libreto a conciencia. Este detalle, esta profundidad de conocimientos, continuó durante toda la obra, lo que no es frecuente en las puestas en escena de los «modernos». La Fura parte del texto y lo transporta a la escena con las tecnologías y lenguajes actuales respetando letra y espíritu. Preciosa la resolución del árbol que alberga la espada «Notung» y los efectos, como la llegada de la primavera, que acompañan el encuentro de Siegmund, Sieglinde y Hunding. Cierto es que este altísimo nivel no se logra mantener siempre y que, por ejemplo, el mecano, muy al estilo de las torres de los autores, distrae en la lucha final entre Hunding y Siegmund, pero también que la escena final conmueve.

Y conmueve porque su belleza discurre paralela a una interpretación musical que hay que calificar con toda justicia de soberbia. ¿Dónde en el mundo se puede escuchar ahora mismo tal calidad en «Valquiria»? Sí, a pesar de los recortes de presupuesto y de plantilla orquestal, ya poco más de cincuenta profesores fijos. Toda una lección la que imparte Zubin Mehta, como queriendo decir: «Señores políticos, hagan ustedes lo mismo. Apriétense el cinturón mejorando prestaciones». ¡Qué maravilla el sonido de la orquesta, jamás hiriente en fortes pletóricos y dulce, camerístico, en los remansos líricos, y qué dominio de la partitura el del maestro!

Apenas existen las voces que realmente se precisan para cantar las óperas de Wagner y Verdi. Como confesó Nina Stemme recientemente, «Flagstad y Melchior arruinaron a las generaciones wagnerianas posteriores porque nadie se puede acercar a ellos». De ahí que tenga mérito el reparto reunido en Valencia, homogéneo y armonioso, dentro del carácter lírico-dramático posible hoy. Estupendas las tres damas: Jennifer Wilson, una Brunhilda potente y afinada; Heidi Melton como precisa Sieglinde y Elisabeth Kulman en una Fricka más lírica de lo habitual. Thomas Joahannes Mayer puede sin desfallecimientos con el temible reto, largo y denso, de Wotan. Pocos Hunding hay mejores que Stephen Milling, y Nikolai Schukoff supone una gratísima sorpresa como Siegmund, muy valiente en los «Wälse!». Los vítores no cesaban a pesar de haberse sobrepasado la medianoche. Todos los presentes éramos conscientes de estar ante una representación excepcional, como pocas pueden verse en el mundo, y algunos salimos rezando por que a nadie se le ocurra que Valencia pierda lo poco que le queda para admiración internacional.