Los colores de Currentzis

«Dido y Aeneas». de Purcell. Solistas: S. Kermes, N. Rial, D. Tiliakos, M. McLaughlin. Coro y Orquesta de la Ópera de Perm. Director: T. Currentzis. Teatro Real. Madrid, 18-XI-2013.

La Razón
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El CD «Dido y Aeneas» publicado en 2008 revivió en el Teatro Real en un único concierto cerrando el capítulo Purcell que Mortier programó en el Real y que ha supuesto una apuesta de auténtico y vivo interés. Sin duda pueden y deben discutirse enfoques, pero en esta ocasión ambas apuestas han servido para mostrar cuán vivo esté el género. De nuevo ha vuelto a sorprender el nivel de los conjuntos de la Ópera de Perm, una ciudad cerca de los Urales, más o menos la décimo tercera en población de Rusia con su escaso millón de habitantes, de la que sólo supimos por aquí cuando el incendio de 2009 que dejó más de cien muertos. Un auténtico milagro en lo que se refiere al coro por su timbre, empaste y homogeneidad a lo largo de todas las dinámicas. La orquesta está un punto por debajo, pero también a muy buen nivel. ¡Qué envidia! Teodor Currentzis (Atenas, 1972) es su titular musical y viene realizando una magnífica labor a tenor de los dos Purcell que ha dirigido. Curioso será su próximo «Tristán e Isolda», obra tan diferente, ya con las propias huestes del Real.

La paleta de Currentzis emplea colores y tempos personales. Sus óleos prestan más atención a los conjuntos que a los solistas. No hubo escenificación, sólo la peculiaridad de violines y violas de pié, pero un efectivo juego de luces sirvió para pasar de un acto a otro en esta historia de amor en la que el destino es amo y señor. El público, que no llenó la sala, aplaudió con un entusiasmo que aún hubiera sido superior de haber terminado con un «Lamento de Dido» de mayor enjundia, pues la voz de Simone Kermes resulta demasiado ligera para un papel en el que seguimos recordando a Baker, Norman o a nuestra Victoria. Pero viene bien a los tempos y viveza que imprime Currentzis, aunque no acabe de contrastar con la correcta Belinda de Núria Rial. Menos justificación tiene la discreta intervención del barítono Dimitris Tiliakos, a quien ya escuchamos en «Macbeth», y aún menos las dos brujas.