Pulcritud y elegancia

La Razón
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La voz de Jonas Kaufmann se caracteriza por un timbre cálido y penumbroso, cada vez más cercano a lo que en tiempos se llamó un «baritenore», una extensión considerable y una vibración muy masculina. En esa indiscutible dimensión lírica es densa, compacta y maleable. Por otro lado, sabe manejarse a la hora de regular y frasear con gusto musical y soltura, sin dengues ni ñoñerías; virilmente. Canta con pulcritud y elegancia, con moderados toques de apasionamiento.

Recordamos al tenor en una producción de «La clemenza di Tito» de Mozart del Teatro Real. Año 1999. Todavía no famoso, sustituyó en una función a Zoran Todorovich, hoy mucho menos conocido. Tenía maneras. Aunque nadie vaticinaba, tampoco viéndolo junto a Cecilia Bartoli en una escenificación de la Ópera de Zurich de «Nina o sia la pazza per amore de Paisiello», que el instrumento iba a evolucionar tanto y en tan poco tiempo desde su carácter de lírico-ligero hasta el punto de que, tras llegar a algunas de las partes más líricas de Wagner– «Lohengrin» y «Parsifal»–, tomara el camino de otras de mayor relieve dramático como «Rienzi» o «Siegmund» o muy pronto «Siegfried»; aunque sin abandonar aquéllas. Y que iba asimismo a desembarcar en algunos de los papeles italianos necesitados de un tenor «lírico-spinto», «spinto» o, incluso, «di forza»: Radamés, Des Grieux, Turiddu, Canio, parece que a no tardar mucho Otello...

A ese desarrollo vocal se ha referido más de una vez el cantante, que abrazó en su momento una nueva técnica que, según él, le permite un mayor desahogo en la zona aguda, con un tratamiento de la del pasaje más eficaz. Aunque a algunos no nos dé la misma sensación y creamos que esa forma de emitir lo que hace es cerrar el conducto. El sonido se oscurece aún más, es verdad; pero no lo es menos que comienza a adquirir leñosidades antes inapreciables, a reforzar la pátina de gola, a revestir la emisión de adherencias impuras. Porque la técnica de apoyo, siendo buena, se utiliza como pista de salida para sonoridades ciertamente «cupas», que impiden que algunas notas de la gama reluzcan y campaneen solarmente. Pero, digámoslo rápidamente, el tenor alemán es un músico de primera, que estudia con provecho las partituras, que sabe dónde están los puntos fuertes, que analiza con cuidado, que matiza, o lo intenta, que mide, que sabe lo que es un «rubato», una media voz, un falsete, un portamento y una «sfumatura».