Un hombre sencillo que cantaba a lo grande

La Razón
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Estoy muy apenado por todos los maestros que estamos perdiendo últimamente. Así que eso no te puede hacer sentirte bien. Ahora se nos ha ido José Menese, que ha sido un cantaor grande y que ha respetado las raíces del flamenco más clásico y ortodoxo. Él no quiso darle ninguna floritura, se ha dedicado al cante más tradicional y a mí me parece que eso estaba bien. Él irrumpió en unos tiempos duros, cuando el franquismo. Moreno Galván le dio todas esas letras que él cantaba y tuvo mucho mérito todo lo que quiso reivindicar en aquella época, que era ya casi cuando estaba muriendo Franco. Yo, más que aprender de él, lo que he hecho es cantar mucho con él, a su lado. Tenía una gran convivencia y era una muy buena persona, una gente excepcional, muy leal, y eso hay que respetarlo mucho. Era un hombre de pie, normal, corriente, como cualquier otro, aunque eso sí, un poco introvertido. Yo creo que ésa era su manera de ser y, también, de entender la vida. Algunos dicen que si era payo y eso, pero estas cuestiones raciales espero que se hayan superado ya de una vez, porque son inventos de los medios de comunicación. Así que me gustaría que eso se acabara de verdad, porque José Menese era un compañero nuestro, un amigo, siempre lo aceptamos entre nosotros y lo tratamos como se merecía. Él era muy flamenco desde pequeño. Es lo que le gustaba, y por eso no necesitaba estar vinculado a una tradición. Le gustaba el cante, cantaba a lo grande, y era heredero de otro grande, Antonio Mairena. Si a su pasión unimos que era un alma honesta y digna, ya lo tienes. Él se dedicó al flamenco tal como lo sentía y lo entendía, y era su manera más ortodoxa. Y ahí estuvo hasta el final.