Pepón Nieto: «No hay nada más divertido que un pedo en un ascensor»

Convertido en «El eunuco», pasa por un momento dulce en su carrera tras rodar con Álex de la Iglesia en «Mi gran noche». Trabaja en lo que le gusta, es un afortunado.

Si reír alarga la vida, Pepón Nieto te convierte en inmortal. «El eunuco» regresa a Madrid tras partir los traseros de media España. Se trata de una desternillante comedia que, desde que se estrenó en la 60ª edición del Festival de Mérida, no ha dejado de cosechar éxitos en taquilla. Ayer subió el telón del Teatro La Latina, donde estará hasta el próximo 17 de enero.

–¿Una comedia divertida?

–Trepidante, no da tregua al espectador. Hace reír desde el minuto uno y sólo genera alegrías. Nueve personajes enloquecidos buscando el amor. Si hay algún lema que se pueda sacar de la función es que la vida está para disfrutarla y que el amor nos hace felices.

–¿Una gran fiesta?

–Sin duda. Las comedias grecolatinas utilizaban el texto como un pretexto para crear una fiesta. Siguiendo ese espíritu, nos ha salido un fiestón. A la gente le provoca un subidón, ganas de tomarse unas copas y bailar. Es un canto a la vida y al amor.

–¿Cómo es Fanfa?

–Es un militar fanfarrón, muy pagado de sí mismo, que cree que con dinero lo puede comprar todo. Está equivocado y pone sus objetivos donde no debe. A lo largo de la función se va dando cuenta de que tiene que cambiar de comportamiento. Pero es un personaje muy divertido de hacer y muy diferente a todo lo que he hecho antes. Es como el payaso de la obra. Me permite volverme un poco loco.

–¿Risas aseguradas?

–Es una obra para no parar de reír. Muy inclasificable en cuanto al género, pero rotundamente una comedia. De repente se convierte en un vodevil y en una función de enredos. Y, de pronto, en un espectáculo musical en el que los personajes cantan continuamente.

–¿Es la comedia su género favorito?

–Es lo que más he hecho, y lo que más me divierte hacer. Pero es lo más cansado y sacrificado. Aunque no goce de tanto beneplácito a la hora de los premios, se trata de un ejercicio muy complicado.

–¿Cansa hacer reír?

–Yo me divierto. Cada día que me subo al escenario es una fiesta, porque la respuesta del público es inmediata. En un drama lo mejor que te puede pasar es que no se oiga ni una tos. En la comedia es muy gratificante ver que todo lo que haces funciona. Pero sí, cansa.

–¿La alegría se contagia?

–Creo que sí. En los tiempos que corren ver un teatro lleno y a la gente que se ríe y se divierte es casi una especie de comunión.

–¿Qué cosas le hacen gracia?

–Las más típicas. Soy muy básico. Desde un chiste a una caída, o un pedo en un ascensor. No hay cosa más graciosa que un pedo, aunque sea absurdo o de humor burdo. No obstante, el humor inteligente, fino y que te hace pensar también está muy bien.

–¿Le gusta contar chistes?

–No demasiado.

–Dicen que reír alarga la vida.

–Y espero que sea verdad, porque yo intento reírme mucho.

–¿Cuál es el camino a la felicidad?

–Creo que nunca se es totalmente feliz. La felicidad está en las pequeñas cosas. En encontrarte con un amigo después de mucho tiempo o en tomarse una caña con alguien a quien quieres. Hay momentos en la vida que te van haciendo feliz, pero la felicidad absoluta...

–¿Qué prefiere: cine, televisión o teatro?

–Afortunadamente hago de las tres cosas, y eso es lo que más feliz me hace. Soy culo de mal asiento y picotear de los tres medios es lo que más me gusta. Cuando estoy haciendo teatro, quiero hacer cine y cuando estoy haciendo cine quiero hacer televisión. Crear un personaje, contar una historia, hacerla creíble y cercana al público, y comunicarla es lo mismo en los tres medios. ¡Qué más da que se levante un telón o que me digan cámara y acción!

–Mójese.

–Lo que más me llena es el teatro y el contacto directo con el público. El ser dueño último y final de tu trabajo. En el cine y en la televisión hay un montaje y una posproducción. En el teatro, una vez que se levanta el telón, eres el único responsable.

–¿Con qué papel ha logrado mayor reconocimiento?

–No lo sé, pero me importa poco. Si el reconocimiento es que el público venga a verme, recuerdo que con «La cena de los idiotas» nunca había entradas. Con «El eunuco» batimos el récord de asistencia en el festival de Mérida. Para mí el reconocimiento no son los premios.

–Siempre se muestra como un personaje cercano, que cae bien y con el que el espectador conecta desde el principio.

–No es mi culpa. Son los guionistas. La gente me ve cercano porque puedo parecer cualquiera. Quizá por el aspecto físico.

–Las invitaciones de Álex de la Iglesia, ¿son imposibles de rechazar?

–Son lujos que te llegan en la vida, como si te tocara el Gordo. Yo a Álex le digo que sí sin leer el guión.

–La actualidad española, ¿drama o comedia?

–Drama, pero hace falta echarle comedia y tirar para adelante. Hay que reír por no llorar.

–Desde su primera aparición en «Farmacia de guardia» han pasado muchos años. ¿Qué es lo más importante que ha aprendido en el mundo de la interpretación?

–Aprendo cada día que me subo al escenario. Los personajes que hacemos están cargados de tus vivencias. Puedes recrearlas, inventarlas. Uno se va convirtiendo en un actor más maduro y potente a medida que le van pasando cosas en la vida.

–¿Su sueño?

–Tener a mi familia cerca y sana, y trabajar en lo que me gusta el resto de mi vida.