Cultura

"Pequeñas mentiras", grandes verdades

Guillaume Canet reúne casi una década después a los actores de la exitosa "Pequeñas mentiras sin importancia"para contar la evolución de este grupo de amigos

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“No disfruté ni del estreno ni del éxito”. La supuestamente feliz memoria de su cinta más taquillera como director, “Pequeñas mentiras sin importancia” (que encabezó la taquilla francesa en 2010), se le evaporó instantáneamente a Guillaume Canet por la muerte de un amigo en accidente de moto. “Durante años no podía ni oír hablar de mi película”, rememora. Le había cogido manía a su criatura fílmica.

Casi una década después, Canet se ha reconciliado con aquel grupo de amigos de veraneo en Cap Ferret (sus encuentros, desencuentros y amores) hasta el punto de haber emprendido la continuación de sus vidas en “Pequeñas mentiras para estar juntos”. “Con el tiempo, pensé en retomar el tema y en esa época me enfadé con un amigo, tuvimos una gran discusión, y me di cuenta que con la edad, cuando has tenido hijos y se han muerto algunos amigos, las prioridades cambian. Y ya se dice a los amigos con más claridad y más fácilmente lo que piensas de ellos. A diferencia de la primera película, donde los personajes se mienten, aquí por el contrario se dicen lo que no se dijeron todos estos años”.

Canet ha vuelto a contar con el plantel actoral que hizo de la primera cinta un éxito: Marion Cotillard, François Cluzet, Gilles Lellouch... Todos ellos han crecido con sus personajes, como el propio director: “Estoy en la misma situación que ellos. Nunca hago películas por hacer. Algo de mi vida me tiene que resonar”. Ahora, los personajes son presa de responsabilidades: “Es cierto que en la primera película hay algo de despreocupación e inconsciencia. Es todo más superficial. Encontré interesante que en la segunda, el personaje rico (Max, que cada año invita a sus amigos en verano) se hubiera vuelto frágil, que comprenda que lo más importante no es el dinero, es la amistad”.