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Plensa, tan cerca y tan lejos de España

Sin obra pública en nuestro país, inaugura un potente conjunto escultórico en Andorra

Las figuras de poliuretano se iluminan de noche
Las figuras de poliuretano se iluminan de noche

El último Premio Velázquez, ganador de otros dos Nacionales en España, y uno de los artistas con más proyección, vive como una nota a pie de página en nuestro país. Una pieza suya queda como el mejor vestigio de la Expo de Zaragoza en la capital maña, y en Gerona hay otra obra de pequeño tamaño, mientras las plazas y calles de Tokio a Chicago pasando por Hamburgo o París se engalanan con sus esculturas. La siguiente ciudad en convertir una pieza de Jaume Plensa (Barcelona, 1955) en central para la vida pública es Andorra la Vella, que ayer inauguró un conjunto escultórico de siete poetas en una de las zonas nobles de la capital. Ante la insistencia de las preguntas de la prensa, respondió tan lacónico como educado sobre España: «No tengo prisa».

Y es que la primera conversación para la puesta en marcha del conjunto en el Principado comenzó hace 20 años. La patrona y financiadora de la obra es la Banca Privada d'Andorra, institución que ha cedido la pieza a la ciudad durante otras dos décadas y que atesora una buena colección del trabajo del artista en sus dependencias, con algunas esculturas nunca mostradas. Las que ayer se presentaron son siete poetas, figuras sedentes en fibra de vidrio colocadas en mástiles a diez metros de altura, que por la noche se iluminan en varios colores, hablando entre ellas sin voz. Hay grupos de estos poetas idénticos instalados cerca de París, de Niza, Jacksonville, Goteborg y la costa de México. «Es una pieza que trata de decir que tenemos las soluciones dentro, que la belleza está adentro también, aunque a veces se halla escondida y nos cuesta sacarla. No es sólo una actitud zen», dijo Plensa a una nutrida presencia de periodistas. Las figuras, en medio del valle montañoso de Andorra, se levantan sobre la gente para hacer a los paseantes mirar hacia arriba, como los ascetas que «se separan de la sociedad para entenderla», según explicó el artista. «Es un valle estrecho que se parece al alma dentro del cuerpo: necesita una salida hacia arriba, hacia el cielo, a la esperanza en el futuro». La obra se enmarca en la carrera de un artista que busca la introspección, el recogimiento, la escucha de las teclas de la máquina de escribir interiores, el descubrimiento de las verdades inaccesibles a través de la contemplación, es decir, la materia prima de la vida, que es acuática: pura y cambiante.

Regalo envenenado

Asimismo, la obra tiene un componente esencial, que es su integración en el espacio urbano y público. «Es un regalo envenenado, porque yo espero que las esculturas se queden aquí para siempre si a la gente le gustan y las defienden. Contra eso no hay político que pueda hacer nada. Si hay alguien que dice: ''¿Dónde quedamos, en los poetas?", para mi ya habrá válido la pena», señaló. Plensa, cuya «Fuente Crown» de Chicago es un icono indiscutible de la ciudad, se interesa por la obra «híbrida entre escultura, instalación e intervención pública. Creo que he abierto puertas en ese sentido». Esa fuente, que cumple 10 años y que la ciudad abraza unánimemente, será renovada en el aspecto tecnológico. «No la pienso repetir. Me salieron muchas canas por su culpa. Quien quiera verla, que vaya a Chicago», bromeó.

Y es que al escultor catalán España le debe una. Sin embargo, uno de los mayores representantes del arte patrio junto con Miquel Barceló y Juan Muñoz no pide nada. «Es verdad que el alcalde de Barcelona me ha solicitado una escultura icónica para mi ciudad, porque yo siempre me quejo de que Barcelona se habla de edificios y no de otra cosa. Y los edificios están muy bien, pero hace falta otra cosa, algo que no tenga utilidad, que sea representación de la ciudad y para la gente. Pero ahora nadie tiene dinero, son malos tiempos...», explicaba. Por otra parte, el escultor se definió mediterráneo, «aunque no sé nadar, no floto», a pesar de que vive en la Ciudad Condal después de toda una carrera en el extranjero. «Vivo allí, por decir algo, porque no salgo de mi estudio». Ya son unas cuantas las deudas con Jaume Plensa.