Premios plagados de humanidad

La Razón
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Los invitados a la entrega de los Premios Princesa de Asturias fueron ayer testigos presenciales de una ceremonia vibrante, emotiva y espectacular en la que la inteligencia y la brillantez de los galardonados de este año brilló en todo su esplendor. Oviedo, la capital asturiana, se engalanó para dar realce a los asistentes al acto del Teatro Campoamor que alcanzó un nivel muy destacado debido a la categoría humana de los premiados. En la hora y media de ceremonia la emoción llegó a cotas muy altas al escuchar las palabras de una mujer –Esther Duflo– que lucha por acabar de forma definitiva con la pobreza. Y los asistentes prestaron la máxima atención a las sabias palabras de un filósofo como Emilio Lledó, que hizo una llamada de atención hacia las cosas de verdad importantes para la humanidad. La humildad de Coppola al compararse con Sancho y no con don Quijote sirvió para darnos cuenta de que los personajes más grandes son también los más sencillos y menos dados al auto elogio.

Los aplausos en la entrega de los galardones fueron largos y generosos, especialmente en el caso de agradecer su labor a los representantes de la Orden de San Juan de Dios, que dedican su vida hasta perderla para cuidar a los más desvalidos. Sin olvidar tampoco el reconocimiento a las dos científicas dedicadas a la investigación del genoma, el agradecimiento a los creadores de Wikipedia, que salvan de la ignorancia a tantos periodistas, o mostrar su simpatía a un escritor tan popular como Padura, por hacernos pasar tan buenos ratos con sus libros. El momento álgido se debe reservar el Rey Felipe por demostrar que sabe llegar al corazón de los españoles al definir de forma certera la importancia de permanecer unidos para alcanzar el futuro.