Rusos blancos: El amor no es para tanto

El grupo despide «Museo del romanticismo» y da la bienvenida a «Bailando hacia el desastre» en el ciclo SON Estrella Galicia

El grupo despide «Museo del romanticismo» y da la bienvenida a «Bailando hacia el desastre» en el ciclo SON Estrella Galicia.

Para este cóctel no necesitaremos vodka con Kahlúa al estilo de «El gran Lebowski» aunque el resultado es un trago agridulce al principio que luego te pone contentillo. Rusos Blancos basan su mezcla en un poco de letras de alta graduación sobre la base de una enorme variedad de registros del pop, y con esa fórmula han logrado ascender posiciones en la escena musical nacional. El próximo jueves, en el ciclo SON Estrella Galicia, Rusos Blancos despiden el año de «Museo del romanticismo», el mejor de su carrera hasta la fecha, para dar la bienvenida a «Bailando hacia el desastre» (en sus tiendas próximamente), aunque por medio han tenido tiempo de lanzar el excelente EP «Algo nuevo, algo viejo, algo prestado».

El sello personal de Manuel Rodríguez, vocalista del grupo, aparece en las canciones de amor. «En general es un tema que en el pop se trata con dramatismo y yo he puesto mi granito de arena. Mandan un mensaje perjudicial de ‘‘como yo te he querido no va a quererte nadie’’, y eso es horrible. No sé por qué no va a haber otra persona que aprecie las cualidades buenas de esa persona. Son letras de desamor con ese rollo de glorificar la parte más chunga del amor romántico: ‘‘si me dejas me muero y te quiero tanto que me quitaria la vida’’. Y bueno, yo quería dar la visión de hemos estado juntos, nos lo hemos pasado bien y ahora cada uno por su lado. Y vendrán amantes nuevos para pasarlo pipa», explica sobre el maravilloso estribillo de «Tampoco nos hemos querido tanto».

Madrileño y porteño

El vocalista se rasga más las vestiduras con algunos temas omnipresentes en las tertulias de amigos. No tema, no se trata del «prusés», sino de Uber y Cabify y demás lindezas de la economía digital. En el EP «Blablacar (viaje al éxito)» se presenta la situación del típico jaleador de la «economía colaborativa» encerrado en un coche con la perorata engrasada. «Es un tema que ha surgido en conversaciones con mis amigos acerca de esas empresas que son supuestamente colaborativas y que en realidad albergan lo peor de la economía neoliberal. Empresas que surgen y se cargan trabajos que existían como Uber con los taxistas o AirBnb con los hoteles. Y luego surgen otras con lo peor de las posibilidades laborales y las más miserables condiciones. Es un tema del que hablo mucho porque me solivianta un poco», comenta el vocalista, que escribió una historia en la que abandonan al propagandista en una gasolinera de Albacete. Las canciones de Rusos Blancos beben del infinito absurdo de las situaciones reales, aunque en el nuevo disco conviven tres modelos de historias: «La idea era jugar con el concepto del baile como una resistencia y por eso alternaremos los temas personales con algunos de los más políticos que hemos hecho. Y también algunas historias, algo de narrativa. Incluso hay algo sobre hacerse viejo. Tengo 33 años y soy un poco precoz con las crisis de la edad, pero me está dando fuerte. Se supone que tiene que ser el disco que enganche a la gente, el que pueda suponer un salto para nosotros ¿Y de qué vas a hablar? Sobre el miedo a hacerse viejo y a morir. Ah, muy bien. Qué demonios», bromea. Con trabajos como «Crocanti» ya demostraron que ningún registro se les resiste. En el nuevo trabajo habrá incluso «funky y algo de dance. Y habrá más luz», apunta. Y la grandiosidad del pop de Jens Lekman. Ese que entra fácil y te pone un poco piripi.