Ruth Iniesta aprende con Nucci y Raimondi

La Razón
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Obras de Verdi, Donizetti, Liszt, Chueca, Curtis, Giménez, Falvo, etc. Voces: Ruth Iniesta, Leo Nucci, Ruggero Raimondi. Piano: Patricia Barton. Auditorio Nacional. Madrid, 6-V-16.

Sin duda una de las mejores ediciones –y ya van nueve– del concierto anual de la Fundación Prodis a favor de los jóvenes con síndrome de Down y, sin duda también, uno de los conciertos del Auditorio Nacional en los últimos años en los que el público más ha disfrutado. La causa fue en parte la afección que dejó en plena afonía a Ruggero Raimondi tras cantar nada menos que el aria de Felipe II, el «Credo» de «Otello» y el dúo del último acto de «Simon Boccanegra» con Leo Nucci. Ya sólo le quedaba una napolitana y una pieza adaptada de «Lo que el viento se llevó» junto al coro Coralia. Entonces Nucci hizo gala de sus tablas e improvisó, no ya con el coro, sino con todo el Auditorio canciones como «Amapola» o «Solamente una vez». Cuando ya parecía que la fiesta se había terminado, una voz pidió el bis de la «Vendetta» de «Rigoletto» y lo hubo, aunque sin el «Tutte le feste al tempio» que Ruth Iniesta había cantado previamente. Fue un concierto exigente en lo vocal y que los tres bordaron con el piano de Patricia Barton. Nucci cantó la muerte de Posa de «Don Carlo» y un par de napolitanas. Barítono y bajo demostraron lo que una vez fue la ópera y lo es cada vez menos: la importancia de voz y personalidad. Ambos, como recordó Nucci, suman más de 150 años, pero ahí están para enseñar. Seguro que Iniesta habrá tomado apuntes. La soprano que se alzó con el premio Campoamor de la crítica a la artista revelación de la pasada temporada tiene una gran carrera por delante. Agudos limpios, coloraturas fáciles, caudal vocal y encanto que puso de relieve en la ya citada aria de «Rigoletto», en «Caro Nome», el aria de Norina de «Don Pasquale», el «Vals de la Bujía» y «Me llaman la primorosa» ¡Ojalá no se estropee sino que avance lo poco que le queda por avanzar! La música es cultura, pero también diversión y ambos aspectos se combinaron estupendamente en la cita de Prodis.