Samantha Schweblin gana el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero con «Siete casas vacías»

Samantha Schweblin

En la mañana de hoy en rueda de prensa en la Casa de América se dio el nombre del ganador de la 4ª edición del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, convocado por la prestigiosa vinícola y la editorial Páginas de Espuma. El acto comenzó con la exhibición del galardón por parte de Alfonso Sánchez, Secretario General del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Luego, él mismo presentó al jurado, del que fue secretario. Estuvo formado por el Director de la Editorial Páginas de Espuma, Juan Casamayor; el Presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, Enrique Pascual; y los escritores Rodrigo Fresán, Pilar Adón, Jon Bilbao, Andrés Neuman, y Guadalupe Nettel, vencedora de la edición anterior.

El presidente del comité, Rodrigo Fresán leyó el acta final, fallada el pasado 25 de marzo. El autor argentino anunció que el premio recaía en el texto “Siete casas vacías” de su compatriota Samantha Schweblin, a la que describió como “una científica cuerda observando locos”. Fresán describió la obra ganadora como “una indagación en la normalidad rara o en la rareza de lo normal, es un libro habitado por situaciones familiares y conflictos vecinales en los que predomina un costumbrismo perverso que explora los amores desviados y las formas más singulares de la atadura”. Después hizo un resumen de la literatura Argentina, en la que “el género rey es el cuento, incluso novelas como Rayuela o respiración artificial son novelas bastantes cuentificadas, más cercanas a lo episódico y, otra de sus particularidades es que es la única en la que todos los escritores más importantes han estudiado lo fantástico”.

Schweblin recogió su premio visiblemente emocionada, y al enfrentarse al micrófono avisó de que “no se me da bien hablar, por eso escribo”. Sin embargo, aunque aseguró estar “abrumada” tuvo una gran facilidad de palabra. Comenzó con agradecimiento, sobre todo a la convocatoria de este tipo de certámenes “no sólo porque compensan y estimulan el género del cuento, en el que a veces parece que los escritores transitan en una suerte de etapa de aprendizaje hacia otros géneros, sino porque tiene que ver con algo que descubrí a mis 11 o 12 años y envidié muchísimo en otros y me cambió la vida para siempre. La primera vez que escuché a mi abuelo recitar al más fuerte, a los gritos, y con una mano en el corazón, y cuando mi amiga Ana citaba en memoria en tono afrancesado a un tal Córtazar y siempre se le plantaba un lagrimón me di cuenta de que había una energía, una intensidad, algo brutalmente placentero que era sólo para ellos, y de lo que yo quedaba absolutamente excluida. Este premio, que une literatura y vino tiene que ver con eso, con la pasión, esa que vi y quise para mí, la que me sentó por primera vez a leer y años más tarde hizo que tomara mis primeros sorbos de vino. Y esto es lo que quiero decir, y es que no fue placentero, no estamos preparados para los primeros sorbos que tomamos en nuestra vida, es un sabor absolutamente desconocido, y no son fáciles tampoco las primeras lecturas porque nos resistimos a todo lo nuevo y a la vez, por extraño y por suerte, nos fascina. Esta es la alquimia irresistible que produce la combinación de lo nuevo y lo desconocido, pero para que su efecto sea verdaderamente precioso, la buena literatura y los mejores vinos necesitan de excelentes lectores y exquisitos bebedores”.

Respecto a la obra que le ha hecho salir vencedora, dijo que “hay algo de sana locura en la que terminan envueltos todos los personajes, una suerte de válvula de escape, una olla a presión, una locura que a veces nos lleva a tomar decisiones o a optar por soluciones un poco más insólitas, extrañas, o absurdas, incluso, de lo que pensábamos, pero que terminan siendo bastante sensatas. Siempre me llamó la atención este código social que hacemos entre todos y que va cambiando mucho alrededor del mundo de lo que es la normalidad, qué está bien y qué está mal, qué es aceptable y qué no. Me llama poderosamente la atención la cantidad de realidad y verdad que está por fuera de eso y con la que también convivimos, creo que también los personajes se enfrentan a este ruido de límites que hay en casi todos los cuentos”.

Por otra parte, los miembros del jurado destacaron en sus intervenciones el gran momento que atraviesa el género del cuento, así como el hecho de que tres de los cinco finalistas fueron mujeres a pesar de que sólo 172 relatos fueron presentados por féminas frente a los 684 del sexo masculino.