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Tambascio, un loco cruza la escena

Fallece en Madrid de forma repentina a los 69 años el director de escena y dramaturgo nacido en Argentina.

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«Todo nace de mezclas y de tradiciones. La originalidad consiste en integrar lo diverso añadiéndole experiencias o matices nuevos». Esta reflexión de Aldo Brunelli, el protagonista de «El loco de los balcones» de Mario Vargas Llosa que interpretó magistralmente José Sacristán llega a mi memoria con una extraña nitidez al recibir la noticia del fallecimiento de Gustavo Tambascio. Un hombre de teatro total, un grande de la dirección escénica. Mi relación con Tambascio siempre permanecerá unida a esta obra y a la confiscación que hizo en el Teatro Español de Madrid. Fue el primer montaje de mi etapa al frente del prestigioso coliseo de la plaza de Santa Ana. Gracias a este loco tuvimos la oportunidad de conocernos un poco más. Recuerdo las largas conversaciones que teníamos en mi despacho. Tambascio era un hombre que disfrutaba hablando. De teatro, de zarzuela, de ópera. De la vida. De política. De Buenos Aires. Soñamos muchos proyectos. Era un gran constructor de sueños. Pero la vida manda. Sobre todo si tienes la mala suerte de que se cruce en tu camino algún político. Y en el mío se cruzó. Y todo se fue al traste. Los políticos y los sueños no siempre son compatibles. Pero éste es otro tema. Lo cierto es que Tambascio siguió su camino y yo el mío. Y hoy me dan la noticia de que se ha ido. Tan sólo tenía 69 años y la mochila cargada de proyectos. También me dicen que Bruno, su hijo, lo encontró sentado en un sillón de su casa. El prestigioso director hizo mutis como a él le gustaba que lo hicieran sus personajes, sin aspavientos, con una profunda sobriedad. Mientras el telón cae lentísimo. Es febrero y los refranes climatológicos dicen que es un mes loco. Como aquel loco de los balcones. Y pienso en Brunelli, su protagonista. Y pienso en Tambascio, otro loco maravilloso, otro alquimista de mezclas y tradiciones y experiencias. Siempre buscando la originalidad.

La única diferencia es que mi querido director era de carne y hueso y el personaje de Vargas Llosa una creación artística. Descansa en paz.