Édith Piaf es la presa

Homenaje a Édith Piaf a través de un duelo dialéctico: la propia cantante, que no podía faltar, frente a Camile Schultz, una reportera especializada en fotografiar animale

Homenaje a Édith Piaf a través de un duelo dialéctico: la propia cantante, que no podía faltar, frente a Camile Schultz, una reportera especializada en fotografiar animales –imaginada para la ocasión– que servirá de ayuda para repasar los momentos clave de su trayectoria, así como sus luces y sus sombras. Es la excusa que encontró Ozkar Galán –autor– para hablar de los dioses y la necesidad de ellos. «Llevaba tiempo queriendo hablar de mitología de actrices y cantantes y encontró en Piaf un buen referente», simplifica Fernando Soto, director del montaje.

De Elvis al general Patton. «La gente necesita dioses para seguir viviendo. En una sociedad tan rápida y con un consumo de usar y tirar como el que tenemos se requiere fe, mitos a los que imitar y alguien a quien odiar», comenta Soto. En ese punto es en el que Galán se detuvo en Édith Piaf, una mujer con muchas aristas que no fue sólo éxito, las sospechosas de asesinato y prostitución infantil en un cabaret que revolotearon sobre ella demuestran que no todo es brillo en la cima. De hecho, la obra la aborda en un momento en el que ya está «pasada de vueltas –comenta el director– y en el que la entrevista –que no pasa de ser un acuerdo mercantil para evitar el cierre de una revista gracias a la carnaza– le enfrenta a una ‘‘cazadora’’ que despertará a sus fantasmas». Pese a huir del «biopic», la obra se centra en momentos indispensables de Piaf, como la relación con su familia o la pérdida de Marcelle –su hija–, para plantear conceptos a nivel humano y social.