El amor al teatro tiene un viejo nombre: Lliure

El espacio escénico de Montjuïc y Gràcia vive una segunda juventud cuando celebra los 40 años de su nacimiento, con récords de asistencia y de recaudación que afianza su conexión con el público

Los principales nombres de la próxima temporada se reunieron el viernes en la sede del teatro
Los principales nombres de la próxima temporada se reunieron el viernes en la sede del teatro

El espacio escénico de Montjuïc y Gràcia vive una segunda juventud cuando celebra los 40 años de su nacimiento, con récords de asistencia y de recaudación que afianza su conexión con el público

Vivimos en tiempos de una necesidad imperativa de grandes prescriptores de la modernidad, a los que el público se acerca con total confianza para que les guíe sobre la marabunta de información y opiniones que existen en la era de internet. Las instituciones culturales buscan esta conexión de confianza con el público desesperadamente, que la garantía que les dé su nombre haga que no haya ninguna duda de que lo que programen sea bueno, y no bueno, buenísimo. No es fácil, se necesita tiempo para crear ese vínculo de calidad infalible. De la mano de Lluís Pasqual, el Teatre Lliure ha conseguido este milagro. Solamente hay que ver los resultados de sus dos últimas temporadas, y la siguiente, en la que cumple 40 años, promete ser todavía mejor.

En el curso 2015-2016, el teatro de Montjuïc y Gràcia superó por cuarta vez consecutiva las cifras de la anterior temporada, con un total de 127.459 espectadores, 17.724 más que en 2015-2015, y una recaudación de 1,6 millones de euros, sin IVA, unos 273.498 más que hace un año. Durante el año se programaron 33 espectáculos, con 516 funciones, lo que supuso una ocupación global del 89 por ciento, siete puntos más que la temporada anterior. Hablar de un 90 por ciento de ocupación en un teatro es como hablar del último unicornio, nadie lo ha visto, pero tanto el Lliure como el TNC lo han conseguido esta temporada. Las grandes instituciones públicas parecen haberse ganado la confianza plena de los amantes del teatro.

Respecto a la próxima temporada, destaca la recuperación de una obra mítica como «Las bodas de Fígaro», que en su día realizó Fabià Puigserver. Además, no habrá que perderse la presencia de Viggo Mortensen en una función solidaria o la «Orestea» del Teatro Stabile Napoli. En total se ofrecerán 36 producciones para celebrar sus 40 años, la edad de la segunda juventud, en las que se vuelven a hacer locuras pero con la madurez para convertirlas en oro. «Esta programación tiene un perfume como el que tenía la del Lliure de 1976», comenta un orgulloso Lluis Pasqual, director artístico del teatro, que sumergido en un IVA cultural infame y la crisis del consumo, ha conseguido salir a flote a pesar de todas las mareas. En total se pondrán a la venta 157.000 butacas, 10.000 más que este año. «Si en 1976 cayó el muro que había entre el escenario y la sala, ahora debe caer el que existe entre el teatro y la calle, debe firmarse un nuevo contrato con el espectador, ensanchar fronteras, en un mundo que parece que quiere volver a levantar muros», comenta Pasqual.

La temporada arrancará con «Camí de festa», una feria en torno al hecho escénico, ideada por Joan Font, de Comediants. En septiembre también se verá «De Damasc a Idomeni», ideado por Barcelona Playwrights. En el Lliure de Gràcia la temporada se inicia el 21 de septiembre con «L’inframón», de Jennifer Haley, dirigido por Juan Carlos Martel Bayod y con Joan Carreras y Andreu Benito. Además, la Agrupación Señor Serrano realizará tres espectáculos simultáneos y se programará «La note d’À Coté», un retrato musical del Barón de Maldà.