«Me llamo Aitana y soy capitalista»

Bermejo, Marsó, Poza y Soto participan en la obra

Está casi inscrito en el ADN de cada individuo, una parte fácilmente reconocible frente al espejo del probador de unos grandes almacenes o en la saliva que se segrega frente a un anuncio de comida rápida cuando el estómago está más que satisfecho. Yo más. Ahora. «Capitalismo, hazles reír» llega al circo Price para señalar esa parte incómoda, la del ciudadano que ha pasado a ser consumidor, como sólo el teatro sabe hacerlo, sin máscaras, aunque suene paradójico. «Tenemos que asumir nuestro papel en la sociedad. Este código está insertado en nuestro día a día. Casi hay que aplicar la máxima de Alcohólicos Anónimos: "Me llamo Aitana y soy capitalista"», reflexiona Aitana Sánchez-Gijón, que comparte cartel con Silvia Marsó, Edu Soto, Nathalie Poza, Irene Escolar y Luis Bermejo. La historia de Luis –a quien da vida Bermejo–, enfermo no se sabe muy bien de qué, y su familia –cuya mujer corre a cargo de Sánchez-Gijón y cuya hija, de Escolar– servirá para ilustrar la de España y para reflexionar sobre las preguntas que la actual crisis económica ha planteado: ¿qué va a pasar en un mundo en el que, al parecer, sobra tanta gente? ¿Estamos asistiendo al fin del capitalismo? Para la empresa se partió de un taller de investigación en el que participaron, además de profesionales del mundo escénico, periodistas, economistas, arquitectos, gestores culturales, abogados y profesores. «Una vez que hablaron los intelectuales, hubo que abordar el reto de trasladar las reflexiones al lenguaje teatral y la danza. ¡Improvisamos hasta con la prima de riesgo!», recuerda Bermejo divertido.

En total, un año y medio de debates y tres semanas de ensayos en las que las ideas han cobrado vida sobre las tablas. Andrés Lima, el director -o domador, porque, al fin y al cabo, están en un circo-, dirigirá en directo a los actores, que tendrán margen para la improvisación y que, aseguran, evitan posicionarse o hacer juicios morales. Aún así, la palabra que surge a menudo en la boca de los intérpretes al ser preguntados por la naturaleza del espectáculo es «contradictorio». «En vez de "¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?"convendría pensar "¿En manos de qué hijos vamos a dejar este mundo?"», razonan. Toda una declaración de intenciones.