«‘‘The Star Wars’’ es una idea de seis millones de dólares que haré por tres»

Biógrafo y asesor de líderes políticos se adentra en la vida de George Lucas desde su infancia hasta hoy. Adelantamos el capítulo sobre la venta del celebérrimo proyecto de las galaxias del cineasta a Fox.

Un jovencísimo George Lucas a principios de los setenta  junto a los no menos jóvenes (de izda. a dcha.) Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford
Un jovencísimo George Lucas a principios de los setenta junto a los no menos jóvenes (de izda. a dcha.) Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford

Biógrafo y asesor de líderes políticos se adentra en la vida de George Lucas desde su infancia hasta hoy. Adelantamos el capítulo sobre la venta del celebérrimo proyecto de las galaxias del cineasta a Fox.

El 17 de abril Lucas empezó a escribir otro tratamiento y este lo tituló «The Star Wars». En él narraba el combate espacial que quería ver, así como un argumento más desarrollado que canalizaba frag-mentos de «Flash Gordon» y de «La fortaleza escondida» de Kurosawa. Lucas volcó en ese borrador todo lo que siempre le había encantado de las series de los sábados por la mañana, con muchas persecuciones, casi colisiones, criaturas exóticas y proezas en general. De «La fortaleza escondida» tomó varios puntos clave del argumento, a saber: una princesa a la que un general sabio y marcado por la guerra escolta a través de un territorio enemigo y, aún más importante, dos burócratas que se pelean y hablan de forma deshilvanada para servir como contrapunto cómico. Luke Skywalker hace su primera aparición, aunque en ese borrador inicial es un general entrado en años que protege a una joven princesa en el planeta Aquilae. La princesa y él se topan con dos burócratas discutidores que han escapado de una fortaleza espacial en órbita, y los cuatro viajan hasta un puerto espacial para buscar un piloto que los lleve al planeta Ophuchi. Skywalker –hábil con su «espada láser»– recluta y adiestra a un grupo de diez muchachos para que sean guerreros antes de huir del planeta en una nave robada. Hay un combate espacial –siempre habría uno–, una persecución a través de un campo de asteroides, y un choque contra Yavin, un planeta de gigantes alienígenas peludos. La princesa es capturada, y Skywalker encabeza un asalto a la prisión imperial, y escapa en medio de otro combate espacial espectacular. Hay una ceremonia de premios –también habría siempre una– en la que la princesa aparece «en su verdadera identidad de diosa».Esta abigarrada propuesta de catorce páginas escritas a mano todavía sería demasiado «vaga» para Lucas. Aun así la hizo encuadernar en una carpeta de cuero negra con el título «The Star Wars» grabado en letras doradas en la cubierta, que entregó a su agente Jeff Berg para que la llevara a la United Artists. Berg confesó que no entendió una palabra y que no sabía realmente cómo venderla. Lucas sí, aunque su descripción estaba en todas partes. «[Es] una space opera en la tradición de Flash Gordon y Buck Rogers –explicó–. Una mezcla de James Bond y «2001»: superfantasía, capas y espadas, pistolas láser, astronaves que se disparan entre sí y todo eso. Pero no es afectada –insistió–. Pretende ser una emocionante película de acción y aventuras». Para él, el entusiasmo siempre triunfaba sobre la claridad.El 7 de mayo Berg llevó el tratamiento a la United Artists y lo dejó en manos de David Chasman, el mismo ejecutivo que había creído en «American Graffiti». Lucas, consciente de que el tratamiento que estaba entregando era difícil de comprender –siempre le resultaría difícil plasmar sobre papel las imágenes que tenía en la cabeza–, había incluido diez páginas de ilustraciones para intentar transmitir la estética y la atmósfera de lo que tenía en mente: fotos de astronautas de la NASA, tanques anfibios y dibujos de héroes espaciales recortados de cómics. Chasman se sintió intrigado, pero lo esperaban en Cannes, de modo que prometió a Berg que revisaría el material y se pondría en contacto en breve. Tardó tres do-lorosas semanas en enviar un cable con su respuesta: No.Desanimado, Lucas le pidió a Berg que presentara la propuesta a Ned Tanen de la Universal. «Yo odiaba la Universal –contaría–, pero tuve que acudir a ellos. Parte del trato para hacer ‘‘American Graffiti’’ era que tenía que poner mi vida a su disposición durante siete años. [...] Les pertenecía.»

Para empeorar las cosas, Tanen y él seguían discutiendo por «American Graffiti»; Tanen todavía exigía que la montara de nuevo cuando Lucas acudió a ellos, sombrero en mano, con una propuesta para su siguiente película. «Fue justo en el período en que más furioso estaba Ned –contaría el abogado de Lucas, Tom Pollock–. No fue recibida con mucho entusiasmo». Aun así, Berg envió el tratamiento a Tanen a co-mienzos de junio, prometiendo que la película saldría barata. Lucas, de mala gana, la describió como «una idea de seis millones de dólares que haré por tres».19 Como Chasman antes que él, Tanen se llevó la carpeta y prometió ponerse en contacto. Mientras Tanen rumiaba, Berg había empezado a mantener una conversación informal con la Twentieth Century Fox, y con el nuevo vicepresidente de asuntos creativos del estudio, Alan Ladd Jr. «Laddie», como casi todos lo llamaban, era el hijo del actor Alan Ladd. Llevaba en las venas el negocio del espectáculo y tenía olfato para los éxitos comerciales, así como para reconocer el talento, por peculiar que fuera. Había rescatado hacía poco al director-guionista Mel Brooks de una Warner Bros aterrada, después de que esta perdiera la fe en su película aún sin estrenar. Sillas de montar calientes, y Berg pensó que tal vez él apreciara el talento y los esfuerzos de su cliente, que libraba con la Universal una batalla similar por la también sin estrenar «American Graffiti». Tomando copas una tarde, Berg se ofreció a enseñársela a Ladd y le envió a su oficina una copia de contrabando. «La vi en la Fox a las nueve de la mañana y me dejó anonadado –recordaba Ladd–. Fue entonces cuando le dije a Jeff [Berg] que me gustaría conocer a George y que me explicara en qué estaba trabajando». Lucas voló a Los Ángeles, impaciente por mantener esa conversación. Más que ningún otro estudio de la época, la Fox parecía saber qué hacer con la ciencia ficción. En 1968 había estrenado el largometraje de gran éxito entre el público «El planeta de los simios», que se convirtió en una franquicia de cinco películas. Sin embargo, necesitaba otro éxito aparte de los simios. Tras la marcha del magnate Darryl F. Zanuck en 1971, que había dirigido la compañía de forma intermitente desde 1935, el estudio estaba bajo la dirección de Dennis Stanfill, un antiguo ejecutivo de Lheman Brothers. Stanfill, que tenía más de contable que de innovador, era aun así lo bastante astuto para seguir una tendencia cuando la veía; además de conducir «El planeta de los simios» a través de varias secuelas, había apostado por la moda de las películas de catástrofes, distribuyendo títulos como El coloso en llamas y La aventura del Poseidón. Pero el estudio seguía perdiendo dinero a raudales y la moral estaba baja. «Era deprimente –comentó un ejecutivo de la Fox–. Un lugar muy desmoralizador al que ir cada día».

A Lucas debió de recordarle el día que había entrado en el plató prácticamente abandonado de la Warner seis años atrás. Allí había encontrado a Coppola, el apasionado hermano mayor que tanto lo había apoyado, y que lo alentaría, inspiraría y exasperaría a medida que se abría camino como joven cineasta. En la Fox encontraría a Ladd, su siguiente hermano mayor, abogado y defensor, que lo llevaría a la siguiente etapa de su carrera. Sin embargo, a diferencia de Coppola, había poca ampulosidad en el discreto Ladd, lo que hacía que, por temperamento, congeniara con el igual de contenido Lucas. «Entre él y yo no hacemos ni medio extrovertido», comentó Ladd. Como Lucas, él no era hablador, y cuando finalmente hablaba, lo hacía en un tono tan bajo y pausado que para algunos sonaba curiosamente como el malvado ordenador HAL de «2001: Una odisea en el espacio».

Aunque Lucas se refería en broma a la mayoría de los ejecutivos de Hollywood como «vendedores de coches de segunda mano», había algo en Ladd que le gustó en el acto. Para empezar, los dos hablaban el mismo lenguaje, el del cine. En lugar de enseñarle sus fotos de astronautas o intentar describirle el argumento o la atmósfera, Lucas le habló de las películas que a los dos les encantaban. «Esta secuencia será como «El halcón de los mares», le dijo excitado, mientras que otras escenas recordarían a «El capitán Blood» o a «Flash Gordon». «Yo sabía exactamente a qué se refería», diría Ladd. (...)