Utrech, en nombre de la paz

Setenta y cuatro obras ilustran en la Fundación Carlos de Amberes la lucha por el trono español tras la muerte de Carlos II sin sucesión

La muerte de Carlos II sin heredero provocó un problema sucesorio que se convirtió en un conflicto internacional, pero también en una guerra interna. El punto de partida fue el último testamento del rey por el que en 1700 otorgaba la corona de España a Felipe de Anjou –Felipe V– ante las pretensiones del archiduque Carlos de Austria. El enfrentamiento entre Austrias y Borbones tuvo dramáticas consecuencias para España, que perdió territorios y derechos internacionales. Hace 300 años culminó un intenso proceso de paz que acabó dividiendo la herencia del rey y afianzó un nuevo orden en las relaciones internacionales entre los estados. Más de veinte tratados bilaterales se firmaron en Madrid, Utrecht, Rastatt y Baden entre 1713 y 1715. Fruto de ellos se estableció una política de equilibro y la aceptación de la diversidad confesional de Europa. Con motivo de este aniversario, dichas ciudades tienen previstas distintas exposiciones que recuerdan estos acontecimientos. La primera fue en Utrecht el año pasado. La segunda está siendo la de Madrid, organizada por el comisario Bernardo J. García en la Fundación Carlos de Amberes. Cuenta con 74 obras pertenecientes a veinte instituciones europeas de prestigio. España aporta, además, obras del Patrimonio Nacional, Museo de El Prado y Thyssen-Bornemisza, Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico de Simancas.

Según Bernardo J. García, «el discurso se sostiene sobre los grabados de buenos artistas. Son piezas clave porque forman el eje argumental de la exposición. Faltan retratos, pero los que hay no se ven en los museos. Hay obras como "El descanso", de Watteau, que retrata la retirada de las tropas francesas tras la batalla de Malplaquet, célebre por la canción popular "Mambrú se fue a la guerra"al darse por muerto al Duque de Marlborough, que muestran una manera distinta de ver la guerra».

Un ojo en América

Para el comisario, la Guerra de Sucesión fue un conflicto complejo: «No se entendería sin las alianzas previas contra Luis XIV, a lo que se suma la herencia española y el papel del emperador, que no quiere quedarse al margen. Inglaterra comienza a ser una gran potencia, tiene un ojo en Europa y otro en el comercio con América. Quieren el monopolio del asiento de negros». Se considera que en el sistema de alianzas está el origen de la diplomacia moderna: «No hay un solo tratado, son muchos y siempre bilaterales. Al político se une el comercial. Hubo mucha actividad diplomática, legaciones, embajadas... Se busca el equilibrio entre potencias. Fue la guerra de la multilateralidad para evitar situaciones injustas o que uno creciera mucho sobre otros, pero también hay renuncias para impedir grandes imperios». En cuanto a España, «los dos pretendientes al trono tuvieron sus partidarios y detractores y no sólo por territorios. La sociedad se estructura alrededor de un rey y Felipe V tuvo más apoyo que el archiduque Carlos. Aragón y Cataluña se adhieren con él. El asedio de Barcelona fue una de las últimas operaciones. Acabó el 11de septiembre de 1714 con la victoria de Felipe V, que suspendió los fueros, implantó los decretos de Nueva Planta y se integró en el reino de España, que a su vez, perdió en Utrecht gran parte de sus territorios».