Verdi y Mozart, duelo de Réquiem

El Teatro Real y el Auditorio Nacional acogen las misas de difuntos de ambos compositores los días 1 y 2 de noviembre con la Orquesta Santa Cecilia

El Teatro Real y el Auditorio Nacional acogen las misas de difuntos de ambos compositores los días 1 y 2 de noviembre con la Orquesta Santa Cecilia.

ocas veces se da la oportunidad de disfrutar de los dos «Réquiem» inmortales y más bellos de la música clásica en dos días seguidos coincidiendo con la celebración de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. La Fundación Excelentia, en su programa para la nueva temporada, ha encontrado un hueco para que el de Verdi llegue al Teatro Real el 1 de noviembre a las 20:00 y el de Mozart sea interpretado al día siguiente a las 19:30, en el Auditorio Nacional de Madrid. En ambos casos serán interpretados por la Orquesta Clásica Santa Cecilia y las 150 voces de la Sociedad Coral Excelentia de Madrid. Según Javier Martí, presidente de la Fundación Excelentia, el próximo miércoles «podremos asistir a la representación de una de las obras más emblemáticas de la historia de la música clásica, el «Réquiem», de Verdi, para muchos la mejor ópera del genial compositor y quizá la misa de difuntos más humana. En una fecha tan señalada como el día de todos los Santos el Teatro Real de Madrid, más de 220 músicos se darán cita integrados por la Sociedad Coral Excelentia de Madrid, un coro de 150 voces y la prestigiosa Orquesta Clásica Santa Cecilia a la que ya vemos habitualmente en el gran coliseo, todo bajo la dirección de Kynan Johns». Como solistas se podrán escuchar las voces de la soprano Nina Adlon, la mezzo Claudia Marchi, a quien el propio Luciano Pavarotti eligió para interpretar este mismo Réquiem en una gira en Australia, el tenor Salvatore Cordella y el bajo Borja Quiza.

El juicio final

A menudo se ha dicho que el «Réquiem» de Verdi es una ópera disfrazada de música religiosa, y parece que su intención a la hora de componer la obra no era la de crear música litúrgica, de hecho él mismo no era un hombre religioso y parece que hay motivos para pensar que ni siquiera era creyente, por lo que su «Réquiem» sería más un lamento ante la muerte que una muestra de confianza en la salvación y la vida eterna. De hecho, su emotivo Dies Irae, enfatiza lo terrible del día del juicio final con una música que no deja ni un rincón para la esperanza. También el desasosegante final, con la soprano susurrando Libera me mientras la música se va apagando hasta desaparecer.

El «Réquiem», escrito en memoria de Alessandro Manzoni, poeta italiano que Verdi admiraba y con quien compartía los valores del «Rissorgimento» italiano , expresa la emoción profunda del texto, con ritmos vigorosos, melodías sublimes y contrastes dramáticos, como en sus óperas. En la obra la música fluye, presenta bellos efectos sonoros y la parte vocal goza de gran calidez. También se ha hablado sobre las circunstancias en que Mozart recibió el encargo de esta «Misa» por un emisario del conde Walsegg-Stupach. Desde ese momento y hasta el día de su muerte, el compositor, ya muy enfermo, estaba convencido de que el emisario era un mensajero de la muerte, y de que la pieza que escribe su propia Misa de Difuntos. El 4 de diciembre de 1791 se realiza el último ensayo del inconcluso «Réquiem», junto al lecho en el que Mozart yace enfermo. Éste rompería a llorar durante el ensayo: «Lo escribí para mí mismo», exclamó exhausto. El ensayo llega hasta el Lacrymosa, última parte de la obra. En la madrugada fallecía el compositor. Así comenzó a gestarse el mito de una de las obras más célebres de la historia.

Su viuda, Constanze, que quería que pudiera terminarse, encargó a Franz Xaver Süssmayr, alumno de Mozart, que se ocupase de la tarea nada baladí, después de que otro compositor, Joseph von Eybler, decidiera que llevarlo a cabo estaba más allá de sus capacidades. Lo que probablemente nunca se sabrá es cuántos de los bocetos de Mozart, en las partes de la obra que no lleven su autógrafo, guiaron a Süssmayr, si bien este último afirmaba que el Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei eran completamente de su invención.

Aunque al parecer se interpretaron extractos del «Réquiem» en una misa en memoria de Mozart celebrada el 10 de diciembre de 1791, el estreno de la obra completa tuvo lugar en Viena el 2 de enero de 1793 en un concierto en beneficio de la viuda del músico austríaco. El «Réquiem» es una obra recurrente que han compuesto, además de Mozart y Verdi, músicos como Faure, Gossec, Dvorák y Brahms, entre otros. Parece que el de Mozart ha sido más representado que el de Verdi.